Reseña de ‘Un millón de años’, de David Sánchez

La genial portada de ‘Un millón de años’

‘Un millón de años’ parece un viaje por el tiempo. Quizá hacia el mañana. El paisaje áspero, desértico, angustioso, vacío, invita a imaginar un porvenir postapocalíptico. David Sánchez nos conduce a un lugar demencial, que va más allá de las fronteras del futuro. El camino propuesto por el autor tiene más de odisea surrealista, de buceo por lo profundo de nuestra consciencia mágica, expresado con un realismo surgido de las tripas, lanzado con una mezcla de sobriedad y desesperación contra el lector.

El que espere un atisbo de paz en el camino que se quede en el punto de partida. Nada es sencillo en ‘Un millón de años’. Cada paso es acercarse a los límites de la conciencia. Es adentrarse en lo más profundo de nuestro sueño colectivo, una mirada sin concesiones a un mañana que choca de frente con un grito primitivo, extirpado de nuestro pensamiento mágico.

‘Un millón de años’ no es una historia lineal con un final y un principio claros. Es más bien el conjunto de varias historias con conexiones evidentes, pero totalmente alejadas las unas de las otras. David Sánchez juega con las ideas y conceptos, y enmarca la profunda reflexión acerca de la esencia del ser humano en un mundo devastado. El entorno es protagonista. El mundo de ‘Un millón de años’ es extenuante, miserable en todos los aspectos, un páramo abandonado donde los personajes parecen aferrarse a un simulacro donde la supervivencia se mezcla con la fe. La violencia domina el lugar, la sangre empapa el suelo seco y pedregoso. Lo que entendemos como moral ha sido sustituido por un extraño amalgama de superstición y salvajismo amparado en la ley del más fuerte.

Por si eso fuera poco, este infierno de polvo y arena mata. No es solo que cualquiera de sus habitantes encuentre los motivos para desparramar tu masa cerebral sobre las rocas. Sus animales son pura imagen del poder destructivo del desierto en aparente calma. David Sánchez nos hace escuchar el viento silbando entre los riscos, sentiremos la arena penetrar en nuestras fosas nasales, el calor sofocante aplastará nuestra sin compasión. Con sencillez de maestro, Sánchez dinamita las obviedades narrativas para la construcción de algo diferente y aterrador, enmarcado en el ambiente de abandono que encogerá vuestra conciencia durante la lectura. No hay esperanza en el páramo.

Los peligros mortales del páramo

Como sustento de su constructo literario, David Sánchez se aferra a elementos mitológicos, con especial insistencia en los pasajes bíblicos. A partir de esa iconografía tan reconocible, el autor nos lanza hacia un caleidoscopio místico, donde la vida y la muerte forman parte de un ciclo salvaje, tan natural como impenitente. A pesar de la caída, los seres que pueblan los relatos de ‘Un millón de años’ se aferran a la idea de algo más grande que ellos, y construyen la idea de la divinidad más acorde a sus circunstancias.

Animales antropomórficos comparten espacio con seres mutantes que recuerdan a lo que un día fue un ser humano. Las ideas delirantes rigen la existencia de unos monstruos demasiado parecidos a nosotros.

Un millón de años’ es una obra de fuerte carácter simbólico. Exige al lector que mira más allá de lo plasmado en la viñeta, que busque entre las palabras aquello que no se dice explícitamente. Lo onírico se hace palpable y se mezcla con lo prosaico y terrenal. Las epifanías religiosas dan lugar la violencia descarnada. La sangre devuelve a la realidad al lector envuelto en esta macabra versión de la religiosidad. ‘Un millón de años’ traspasa el velo, y nos introduce en una pesadilla que parece el mal viaje de un chaman. El desierto de la obra es la cara distorsionada del paisaje mítico de los ‘Relatos de poder’ de Carlos Castaneda.

David Sánchez muestra sus cartas desde el primer momento, desde el encontronazo con la poderosa portada. Su estilo es tan angustioso como el concepto mismo que mueve ‘Un millón de años’. Cada viñeta es producto de una meditada intencionalidad, desde el vacío del espacio a la situación de los personajes en la viñeta. Hasta el más mínimo detalle forma parte de un todo revelador, críptico, oscuro y salvaje, que mira hacia lugares de tu alma desconocidos. Sánchez sirve de guía en un misterio para el que no hay respuesta. El viaje es hacia el interior, pero, cuando acabe la lectura de ‘Un millón de años’ no tendrás muy claro si te gusta donde estás. Eso sí, el viaje, aunque perturbador, merece la pena.

Un mundo sin piedad

‘Un millón de años’ forma parte de esa clase de obras tan personales y diferentes que es imposible de catalogar. Es salvaje, surrealista, valiente, única y desinhibida. Es el encuentro brutal entre la soledad de los relatos de J.G. Ballard, con el poder de sugestión de la imagen de maestros como David Lynch. Es la exploración de la esencia humana en bruto, del pulso de muerte, de la pequeñez ante un universo incomprensible e inabarcable. Posiblemente, el cómic que más araña dentro de ti en lo que llevamos de año, el más visceral y honesto. También es complejo, y, en ocasiones, engañoso. Pero cuando una obra, del medio que sea, se atreve a derrumbar tantas barreras, solo merece nuestro aplauso.

David Sánchez se atreve a apagar el fuego, a desnudar a las sombras, para que veamos un mundo que no existe, un abismo que ni siquiera devolverá la mirada. Nos recuerda lo débiles que somos. Lo solos que estamos. Que, a pesar de nuestras floridas invenciones de trascendencia, no hay salvación.

El viaje está servido. De vosotros depende dar el primer paso.

‘Un millón de años’ es una edición de Astiberri, una de las editoriales que más apuestan por el cómic patrio. Libro en tapa dura a todo color, en su interior os esperan 120 páginas de inquietante viaje por el páramo. Lo encontrarás en tu librería favorita al precio de 20 euros.

David Sánchez

Autor madrileño, nacido en 1977, ganó el premio al autor revelación en el salón del cómic de Barcelona con su primera novela gráfica, ‘Tú me has matado’. Con ‘No cambies nunca’ su siguiente obra, ganó una nominación al mejor autor español en otra edición del mismo salón. Aparte de su dedicación al mundo de la viñeta, Sánchez también destaca como diseñador e ilustrador.

Cielo, tierra y rocas. Un teléfono suena en el desierto. Brotan de la arena escarabajos azules, cíclopes, caníbales, animales practicando la cartomancia. Y Dios. Que sea el Alfa y el Omega, Yavé o “una energía amorosa e inteligente”, la figura divina vertebra el nuevo cómic de David Sánchez y aparece como una fuerza inasequible, incomprensible, que tiene sus propios planes a pesar de los rezos y artimañas de los personajes para escapar a su voluntad.

Animales de gran carga simbólica pueblan Un millón de años: la serpiente, el escarabajo, el águila, pero también transitan por sus páginas un cerdo enmascarado, una gaviota carroñera o un pulpo con anillos en los tentáculos. “Con este cómic quería entrar en un terreno más ficticio. Además, me gusta pensar que los personajes están bajo el efecto de algún enteógeno y que eso les proporciona la experiencia mística o divina, y la visión animal”, destaca el autor.

David Sánchez, el autor de Tú me has matado (Astiberri, 2010) y No cambies nunca (Astiberri, 2012), vuelve con un cómic desértico, dominado por un cielo aplastante, que gira en torno a la figura divina y que resulta tan inquietante y turbador como sus obras anteriores.

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