Reseña de ‘The Wicked + The Divine: Fandemónium’

Fandemónium llega gracias a Norma editorial

Segunda entrega de las peripecias de estos nuevos dioses. Brillantes como estrellas del pop, adorados y odiados con la misma energía, estos jóvenes han llegado al mundo para ser el centro de atención. ‘The Wicked +The Divine’ nos sumerge en un mundo donde lo fantástico se ha colado de manera dramática en lo cotidiano. Lo imposible se da la mano con lo prosaico en una serie tan deslenguada como sofisticada. En cierto modo, la propuesta de Kieron Gillen y Jamie McKelvie es el epítome de la modernidad en viñetas, cosa que entusiasmará a algunos y espantará a otros tantos. Lo que es innegable es la capacidad de atracción ejercida por estas divinidades posmodernas, y el fabuloso espectáculo que estos autores ofrecen en cada número. ‘Fandemónium’ es la siguiente vuelta de tuerca, repleta de giros inesperados y revelaciones.

En el anterior volumen, conocimos a Laura, una joven sin nada en especial. Comparte con el resto de su generación la reverencia por este recién llegado panteón de divinidades pop. Sueña con acercarse a su estela de magia y glamour. Desea ser uno de ellos. Si algo servía como línea general a esos números iniciales era cuidado con lo que deseas.

Laura se veía inmersa en la, en apariencia, típica trama detectivesca de atrapa al asesino. Pero las cosas en ‘The Wicked + The Divine’ están muy lejos de ser típicas. Gillen revestía su relato de elegancia gamberra, de referencias esotéricas y mitológicas mezcladas con alusiones a la cultura popular. El asunto detectivesco de base quedaba sepultado por toneladas de color, brillo, luces de neón y personajes carismáticos como… bueno, como dioses.

‘Fandemónium’ continúa el viaje de Laura a la búsqueda de la divinidad y, sobre todo, de sí misma. Esta joven es, al fin y al cabo, producto de su generación, y la angustia existencial adolescente forma extraña alquimia con la presencia de sus nuevos amigos, imagen de perfección a ojos impresionables del común de los mortales. Lo que ocurre es que, como ya vimos en ‘El acto Faústico’, estos dioses son bastante humanos.

Gillen continúa su luminosa disertación acerca de la naturaleza de los dioses, en cuanto a que pertenecen a la narrativa de su tiempo. Son la imagen de su época, iconos de las grandezas y miserias de los seres que los adoran. El Panteón, en el fondo, no son más que chiquillos con un poder casi absoluto. Poder que exige un precio. Dos años de vida. Eso es lo que tienen estos seres caprichosos y excesivos para exprimir cada gota de la condición divina. Como afrontan las consecuencias de esta circunstancia define a cada uno de ellos, un amalgama de miserias humanas escondidas tras el maquillaje y las excentricidades visuales.

Psicodelia estilo McKelvie

Muchos de estos chicos se desenmascaran en ‘Fandemónium’, mientras que nuevos rostros vienen a reclamar su porción de poder. La trama avanza sin concesiones gracias al fabuloso ritmo marcado por Gillen, que maneja la narración con inteligencia, equilibrio y excelente construcción de personajes. Cada uno de los protagonistas tiene una voz concreta, un trasfondo dramático camuflado tras el ruido ensordecedor de su esencia mitológica. ‘Fandemónium’ es, entre otras muchas cosas, la tragedia humana y el crepúsculo de los dioses. Un canto al nihilismo del siglo XXI y una mirada al pasado místico y trascendental del ser humano. Una historia sobre la responsabilidad y, al mismo tiempo, la mirada traviesa a un universo que carece de ella.

Es contraste puro, contrarios que se tocan en una pócima brujeril que mezcla las fiestas rave y los aquelarres, la absurda sencillez pop con la trascendencia de un conjuro. Muerte y vida se dan la mano en un relato de identidad única que se confirma en ‘Fandemónium’ como una serie que marca la diferencia.

Todo esto no tendría sentido sin el aspecto visual de ‘The Wicked + The Divine’. El espectáculo que ofrece Jamie McKelvie es sobrecogedor. A veces, es como un videoclip, iluminado en exceso, directo a la retina del lector. En otras ocasiones, es como la visita nocturna al bosque primigenio, lleno de sombras amenazadoras y promesas de muerte. Es un festival de verano y una visita al cementerio.

‘Fandemónium’ amplifica todas las bondades artísticas que ya vimos en el primer volumen. No hablamos solo del diseño de personajes totalmente arrebatador, o de la inteligente disposición de viñetas en la sobresaliente planificación de página. Hablamos de decisiones narrativas totalmente marcianas, de experimentación, de búsqueda de los límites de la página, de tocar las emociones del lector a base de riesgo visual. Hay magia en la propuesta de McKelvie, esa magia que nutre a estas divinidades protagonistas traducida a viñetas que son puro movimiento y dinamismo.

El acabado de este espectáculo de luces y sombras tiene otro pilar fundamental en los encargados de color y diseño. Matthew Wilson consigue que salten chispas de la página gracias al coloreado brillante de este mundo que se parece al nuestro pero no lo es. Clayton Cowles consigue que cada uno de los personajes tenga voz propia, más allá de la metáfora literaria. Su trabajo de rotulación es alucinante, y trabaja fuentes y diseños distintos para cada dios. Trabajo lleno de conocimiento, respeto por el relato, sensibilidad notoria al comprender el alma de los protagonistas. Cowles nos recuerda que la rotulación es un arte, y reivindica el poder de una pieza fundamental en el cómic a la que no solemos dar la importancia necesaria.

Los excéntricos dioses

Fandemónium’ confirma todo lo bueno del primer volumen de ‘The Wicked + The Divine’ y ofrece todavía mejores ingredientes. Quizá, la única pega que se puede achacar a esta propuesta es su naturaleza de obra generacional. Será la obra de culto para los que han crecido envueltos por el poder de la imagen, los adeptos a Youtube e Instagram, los lugares donde nacen los dioses de la modernidad. A pesar de eso, no hay nada parecido a ‘Fandemónium’ en las librerías. Solo por eso, por las nuevas sensaciones que ofrece esta colección, merece la pena que des un vistazo. Gillen y McKelvie han conseguido que esto de la divinidad sea contagioso.

‘The Wicked + The Divine: Fandemónium’, es el segundo volumen dedicado a la recopilación de la serie americana de Image. Norma nos ofrece en este tomo los números del 6 al 11 de la edición original. Como en la anterior entrega, se incluyen una buena cantidad de extras sobre el proceso creativo de la colección, así como una galería de ilustraciones a cargo de artistas como David Lafuente o Fiona Staples, entre otros. El precio que se recomienda de venta al público es de 19 euros. Contiene 200 páginas a todo color.

Kieron Gillen

Este aclamado escritor de cómics se dio a conocer en 2006 con la publicación de Phonogram, que además fue su primera colaboración de Jamie McKelvie. Posteriormente ha ganado peso en la industria gracias a etapas bastante reconocidas al frente de X-Men, y más recientemente, como guionista de una de las series punteras del universo Star Wars en formato cómic: la dedicada al señor oscuro del Sith, Darth Vader.

Jamie McKelvie

Uno de los dibujantes más personales de la industria, es reconocido por sus trabajos junto al escritor británico Kieron Gillen. Han compartido créditos en Phonogram, Jóvenes Vengadores y The Wicked + The Divine. Además, ha colaborado con otros ilustres guionistas como Matt Fraction o Dennis Hopeless.

BIENVENIDOS AL FANTEÓN, LA CONVENCIÓN DE FANS DEL PANTEÓN

Una gran convención de fans del Panteón tiene lugar en Londres. Laura siente en sus carnes qué significa ser famosa. Nuevos Dioses cobran protagonismo. Y Ananké desvela un secreto que puede ser la clave de los crímenes de Lucifer.

Kieron Gillen, Jamie McKelvie y Matthew Wilson (Phonogram, Jóvenes Vengadores) continúan su fantasía moderna en la que los dioses son las estrellas del pop definitivas y las estrellas del pop son los dioses definitivos.

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