Reseña de ‘La trilogía de Contrato con Dios’ de Will Eisner

Contrato con Dios en la edición de Norma

Con ciertas obras, escribir reseñas es bastante sencillo. En el caso de ‘Contrato con Dios’ se puede resumir cualquier divagación de manera aplastante con la certeza de que se trata de esos raros ejemplos en los que todo el mundo, crítica y público, coincide en celebrar como obra maestra. Pero claro, hay que dar lustre a la reseña, así que me veo obligado a dar razones de peso acerca de esa identidad de ‘Contrato con Dios’ como obra capital del cómic. Empiezan los problemas. Sobre esta lección de Will Eisner acerca de la sensibilidad, el afán de riesgo y del poder de un autor para dinamitar las reglas se han escrito océanos inabarcables de tinta. Desde 1978, son incontables los críticos profesionales e investigadores del medio los que han dedicado sus esfuerzos a la celebración de esta joya del noveno arte. 

Lo que me queda a mí, que llego bastante tarde a la discusión, es aportar un mínimo granito de arena, acerca de lo que significa la aparición de ‘Contrato con Dios’ en aquel convulso final de la década de los 70, con la industria en plena resaca tras una crisis que hizo temblar los pilares editoriales del cómic americano. Eso, y esperar que algún lector encuentre motivación para hacerse con la obra, si da la casualidad de que no lo ha leído todavía, sin que se note mucho que quedo a la altura del betún en comparación con las leyendas que han abordado el inmenso legado que significa el legado de Will Eisner.

A la edad a las que la mayoría de los mortales estamos pensando en nuestra jubilación, Will Eisner revolucionó las formas y el fondo en la manera de contar historias a través de imágenes. El maestro tenía 61 años. A sus espaldas, la aportación del narrador que ya había establecido las normas, junto con otro puñado de pioneros legendarios, de la narración secuencial. Su obra hablaba por sí misma, pero también se convirtió en punta de lanza de los teóricos que dieron sentido al cómic, arte armado de lenguaje propio, más allá de su aportación gráfica. En ‘The Spirit’, Eisner introdujo los patrones artísticos que serían imitados a través de las décadas, como pilar indiscutible de cada avance en el desarrollo del cómic como arte.

A esas alturas, Eisner se había alejado del mundo editorial, y gozaba del respeto y admiración de la industria, así como de un ejército de alumnos que se formaban bajo su tutela. Aún así, todavía tenía cosas que contar, e ideas de cómo llevar esa creatividad a otro nivel, con innovaciones acerca de la narración, la combinación de imágenes y palabras, la disposición de la página, el sentido del ritmo, y otras tantas piezas clave en la construcción del cómic. Inspirado por el trabajo de artistas que publicaron historias contadas a través de imágenes sin texto durante los años 30, Eisner quiso hablar de la experiencia humana desde su perspectiva, alejada de los clichés del cómic book americano. 

La vida en la avenida Dropsie

Eisner plasmó sobre el papel muchos de los recuerdos que atesoró mientras crecía en una barriada humilde de Nueva York. No es exactamente un retrato autobiográfico, puesto que todo lo que rodea a este vecindario en la mítica avenida Dropsie es una ficción construída a partir de la memoria del autor, que recompone el retrato de la forma de vida en ese lugar concreto, tan minúsculo y anónimo que parece que el peor escenario para una aventura en viñetas. Ahí se encuentra uno de los pilares fundamentales de la consistencia de la obra. El retrato costumbrista, gris, humano hasta la desesperación, tragicómico y plagado de claroscuros, aleja a ‘Contrato con Dios’ de la línea general de las publicaciones de cómics en Estados Unidos. Enfrascados en la resurrección de los superhéroes, con todas las variaciones posibles acerca de su figura, el relato que propone Eisner se acercaba algo más, en cierto modo, al cómic contracultural y alejado de los grandes sellos que proliferó en los 70.

A pesar de eso, el acabado de Eisner era más refinado, mucho más cuidado que estas publicaciones, y gozaba de valor estético por la mezcla fabulosa de la experiencia del autor con la búsqueda de nuevos horizontes. Eisner abandona su estilo dinámico, lleno de movimiento, en el que los personajes parecen salir de la página. Deja de lado la inspiración cinematográfica a la hora de construir el plano que da sentido a las viñetas. Adopta una puesta en escena más teatral, menos impactante en principio, pero llena de matices en los que juega con los espacios, los personajes dentro de ese escenario tan protagonista. Los elementos propios del cómic como el texto (parte fundamental del juego con la página que propone Eisner) o el mismo orden de las viñetas, que se rompen, se mezclan o son ignoradas por los personajes, constituyen un marco de exploración gráfica y narrativa desconocido por el cómic americano.

En su momento, ‘Contrato con Dios’ no resultó la obra impactante y rompedora que hoy conocemos. Salía al mercado en formato de libro de tapa blanda, casi desapercibido. Parecía el retorno de un hombre que ya había contado todo lo que podía ofrecer al mundo en una especie de canto del cisne. Cuando los teóricos y un buen puñado de lectores entusiastas (que incluía a varios autores consagrados) se hicieron eco de las proezas de Eisner en las páginas de ‘Contrato con Dios’, el libro explotó a nivel comercial, con ediciones cuidadas de la categoría del contenido. Eisner, animado por ese éxito casi inesperado, volvió en varias ocasiones al deprimido barrio la avenida Dropsie y sus reconocibles personajes.

En ‘Contrato con Dios’ Eisner expulsó muchos de sus demonios interiores. La historia del devoto judío que ve tambalear su fe tras la pérdida de su hija, escondía la tragedia del propio escritor y dibujante. La ira, el desconcierto, la duda, la falta de respuestas ante el drama, son reales. Aunque Eisner camufla su dolor tras la ficción, lo que hay en las páginas de ‘Contrato con Dios’ es la frustración del propio autor ante la muerte de su propia hija. Como el resto de relatos que componen este recorrido por años de pobreza, marginación y supervivencia, el realismo de la obra es sobrecogedor.

Puede que a estas alturas, ‘Contrato con Dios’ ha perdido algo de fuerza, precisamente por la cantidad de obras posteriores que beben de su influencia. Algunas de las publicaciones más sonadas del cómic reciente, a nivel internacional, tienen su germen en el atrevido movimiento de un hombre de 61 años que amaba su trabajo con auténtica pasión, convencido de las posibilidades del cómic como medio para contar historias infinitas.

El dolor y la tragedia de un padre

Ahora, gracias a Norma editorial, vuelve ‘Contrato con Dios’ a las librerías, recopilando todo el trabajo de Eisner alrededor de estas calles que ya son historia del cómic. Lo cotidiano despojado de toda épica, ofrecido en crudo al lector. Una llamada a la rebelión contra las formas establecidas, que resultó en empujón definitivo hacia la edad adulta para el cómic americano.

Indispensable en cualquier colección, este volumen es una oportunidad de oro para disfrutar en las mejores condiciones de publicación de una de esas historias que se merecen, sin paliativos, el sobrenombre de obra maestra. 

‘La trilogía de Contrato con Dios: Edición del centenario’, llega a las librerías gracias a la labor de Norma Editorial. Se recopilan en este libro, ideado desde el cariño a la obra de Will Eisner, las tres obras que el genial autor dedicó a los vecinos de la avenida, Dropsie. Incluye ‘Contrato con Dios’, ‘Ansia de vivir’ y ‘La avenida Dropsie’. Esto suponen 532 páginas de puro arte de la mano de uno de los más grandes autores de cómic de todos los tiempos. Esta obra maestra, editada de forma que hace justicia al legado de Eisner, puede ser tuyo por 32 euros. Te espera en tu librería favorita. Corre.

Will Eisner

Nacido en Nueva York el 6 de marzo de 1917, debuta profesionalmente en 1936 publicando sus primeras historietas en la revista Wow. Tras el cierre de la misma, Eisner se asocia con uno de sus colaboradores, Samuel ”Jerry” Iger, para formar un estudio dedicado a la producción de páginas para el entonces naciente mercado de los comic-books. Por él pasarán nombres como Bob Kane, Jack Kirby o Jerry Robinson. Durante este período crea series como Hawks of the Seas o Muss´em Up. En 1940 crea su más célebre personaje, The Spirit. Hasta la clausura de la serie en 1952, Eisner producirá episodios semanales en los cuales explorará e innovará las posibilidades gráficas y narrativas del medio. En la segunda mitad de los 60, The Spirit vuelve a la actualidad gracias a las reediciones y a episodios inéditos. En 1978, Eisner empieza a desarrollar su hoy celebérrima serie de novelas gráficas con Contrato con Dios, a la que seguirán Vida en otros planetas, El edificio, El soñador, La avenida Dropsie, Una cuestión de familia, Las reglas del juego, Viaje al corazón de la tormenta, Pequeños milagros, El último día en Vietnam… Falleció el 4 de enero de 2005.

LA OBRA MAESTRA QUE EMPEZÓ EL FENÓMENO DE LA NOVELA GRÁFICA

Después de haber alcanzado el éxito y la fama con THE SPIRIT, en 1978 y con 61 años, Will Eisner cambió el rumbo de la historia del cómic dando a luz a la novela gráfica, el punto de inflexión que ayudó a que el cómic entrara en el mundo adulto, con obras más maduras y profundas. LA VIDA EN LA AVENIDA DROPSIE reúne historias cotidianas que suceden en un barrio de la periferia de Nueva York. El día a día, conseguir tirar adelante a pesar de todas las dificultades, y por qué no, también las pequeñas alegrías, son retratadas con fidelidad por Eisner.

Este volumen recopila la revolucionaria obra que lo empezó todo, CONTRATO CON DIOS, y las dos secuelas que ayudaron a definir el nuevo género, ANSIA DE VIVIR y LA AVENIDA DROPSIE.

 

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