Reseña de ‘Shangri-La’ de Mathieu Bablet

 

El volumen editado por Dibbuks

Otra distopía. Como si hiciese falta una más. Parece que el cupo de futuros fastidiados para la humanidad está de sobra cubierto. Podrías pasarte la vida leyendo metáforas sobre la oscura espiral destructiva en la que se ve inmersa el ser humano. Nuestro mañana no pinta nada bien, parece ser, y hay gente que se empeña en recordarnos de cuando en cuando lo inevitable de la destrucción de nuestra especie provocada por la ambición desmedida del ser humano. El último negro futuro ha llegado en forma de viñeta. Parece que Mathie Bablet tiene algo que decir dentro de este género tan visitado. El resultado es Shangri-La.

Resulta, que a pesar de meterse de lleno, a priori, en todos los lugares comunes de la ciencia ficción distópica, Bablet ha construido algo especial. Algo que tiene mucho de puñetazo a las tripas del lector, narrado con toda la belleza que el mejor cuidado visual puede dar al conjunto de una obraShangri-La bebe de la crítica social que esta clase de imaginaciones futuristas utiliza como pilar, pero también enriquece el mundo que presenta con enorme dosis de humanidad y sensibilidad.

Shangri-La cuenta el destino de la raza humana dentro de muchos años, exiliados en una asfixiante base espacial. El planeta Tierra es un estercolero incapaz de albergar vida, y los desastres sociales y ecológicos han forzado la huida de toda la especie. En esta cárcel espacial, se ha establecido un sistema basado en el consumo, organizado por una sola corporación que ha sustituido la esperanza por la falsa necesidad de posesiones materiales. El último modelo del dispositivo tecnológico de moda es el único eslabón que mantiene sujeta a la humanidad ante el abismo de la locura.

Las cosas están cambiando. Un proyecto científico secreto amenaza con destruir las cenizas de la humanidad, y pone en peligro la hegemonía de la corporación. El sistema perfecto de felicidad impostada parece vivir sus últimos estertores. Ninguna revolución es tranquila, y la tensión de una sociedad largo tiempo dormida puede hacer estallar en pedazos siglos de mansedumbre. Los protagonistas de esta historia se sumergen, poco a poco, en una compleja conspiración que puede llevar a esta forzada sociedad al colapso.

Shangri-La ha sido toda una sorpresa. Cada página es la demostración de las excelentes habilidades como artista y narrador de Bablet, poseedor de un estilo único lleno de matices y extravagancias, sobrio y elegante al mismo tiempo que arriesgado e imaginativo. Esta epopeya de ciencia ficción es de esa clase de obras que dejan sin aliento viñeta a viñeta. El acabado es exquisito, pero además contamos con un artista que sabe perfectamente como tiene que contar su historia. Los cambios de ritmo en la narración se acoplan de manera ejemplar con su ejecución en la página.

Bablet ofrece contrastes entre el diseño de personajes y espacios. Los protagonistas se muestran en la viñeta de manera casi esquemática, ejemplo brillante se simpleza. Con muy poco, el dibujante expresa todas la paleta de emociones humana. Aunque en principio este aspecto de la obra puede resultar extraño, el feismo de la figura en Shangri-La es parte esencial de la enorme presencia gráfica de la que goza la obra.

En contraste, el puntilloso ejercicio de elaboración de escenarios y ambientes es sobrecogedor en todos los aspectos. Los agobiantes interiores son protagonistas, estrechos espacios de acero y cables que acogen en sus escasas posibilidades a toda la especie. La sensación de encierro, de claustrofobia como forma de vida, atrapa al lector. La tecnología luce extraordinaria como parte orgánica de la existencia. No hay intenciones de apabullar con ingenios futuristas. Es el día a día, presentado con un arte fabuloso para dar conciencia de la rutina. La representación de la pesadilla futurista recoge el mejor recuerdo del Moebius de ‘El largo mañana’ o los delirios de la época de Metal Hurtlan.

Un lugar donde vivir

La publicidad asfixia el espacio de la estación. Bombardeo continuo, enormes paneles que recuerdan el obsesivo infierno urbano de Blade Runner, en un lugar donde el ser humano ya no es por sí mismo, si no respecto a lo que posee. Este es el mundo de Shangri-La, pesadilla incrustada como natural en la mente de una raza humana que hace todo lo posible por no mirar al abismo.

Si los escenarios interiores son asfixiantes, Bablet nos arrastra al vértigo con los increíbles viajes al espacio exterior. Algunas de las mejores escenas del álbum suceden con las apabullantes vistas al abandonado planeta tierra de fondo. Mezcla melancólica de la memoria perdida del hogar muerto con la reflexión acerca del papel del ser humano en la enormidad del cosmos.

Como decía, todo esto se quedaría en nada sin el talento de Bablet para narrar la historia de Shangri-La sobre el papel. Todas las decisiones sobre la secuenciación de las viñetas son de aplauso, pero cosas tan pequeñas y en apariencia imperceptibles, como el genial uso de los silencios, la perspectiva y la profundidad, o la inteligente paleta de colores (de una simpleza que deja boquiabierto por su efectividad) redondean la rotundidad gráfica de esta sorprendente obra.

Shangri-La está muy lejos de ser perfecta. En ocasiones, el mensaje que sostiene la crítica es demasiado masticado, teledirigido y evidente. Podría ser algo más sutil para que el lector pueda sacar sus propias conclusiones. Aún así, hay momentos con tanta fuerza, presentados con tanto humanismo, que perdonas la insistencia de Bablet en machacar su discurso. En serio, que hubo momentos en los que tuve que dejar la lectura de Shangri-La porque lo que ocurría en las viñetas me llegaba de manera especial, y me dejaba el corazón del tamaño de una pasa.

El universo que se plasma en las páginas de esta obra es un reflejo angustioso de nuestra realidad del siglo XXI. El enclaustrado ecosistema de la estación espacial se mantiene en equilibrio enfermizo gracias al consumismo, a la agresividad contenida, al racismo y el clasismo como pilar para no volverse loco, agarrados con desesperación a la idea de que somos mejores que otros por pura supervivencia mental. Shangri-La parece pesimista hasta lo opresivo, pero hay esperanza al final del camino, aunque la senda esté llena de insípidos momentos de rendición.

Primera fila para el fin del mundo

Quizá, alguno tache el mensaje de esta obra como populista o exagerado. Bueno, cada uno puede tener la venda sobre los ojos a conciencia. Eso no quita que discursos como el que sostiene Shangri-La deban ser escuchados. A lo mejor es la ficción el último resquicio de salvación que nos queda. Efectivamente, hay muchas distopías, como decía al principio de esta reseña. Shangri-La no es una más. Disfrutadla.

Shangri-La ha llegado a las librerías españolas gracias a la editorial Dibbuks. A todo color y encuadernado en cartoné, el volumen es un libro de 224 páginas en las que se ha captado la enormidad gráfica de la obra a la perfección. Lo podrás encontrar en tu punto de compra favorito al precio de 28 euros.

Mathieu Bablet

Este joven dibujante nacido en Grenoble ha ligado su carrera a la editorial Akama. Su dossier de presentación llamó poderosamente la atención de los editores, y Bablet no ha decepcionado desde entonces. Su primera obra, ‘Shangri-La’, sitúa al dibujante y guionista en el panorama internacional. Tras este primer éxito indiscutible, permanece en Ankama con obras como ‘Adrastea’ o ‘La bella mort’.

En un futuro lejano, post-apocalíptico de cientos de años, la tierra ya no es habitable y un pequeño grupo de supervivientes viven en una estación espacial sometidos a la hegemonía de una multinacional que ha logrado imponer el consumismo entre los ciudadanos. A simple vista parece que estamos ante una “sociedad perfecta” donde nadie se hace preguntas y todos están satisfechos con el devenir de su vida. Pero la realidad es bien distinta, los humanos no aceptan a la nueva especie de animales humanizados (animoides), los científicos quieren empujar sus límites y convertirse en dioses creando vida de la nada a partir de antimateria y, un grupo rebelde, romperá la paz instaurada con manifestaciones y panfletos.

Una historia que cuenta el ocaso de una sociedad supuestamente perfecta, como lo hicieron antes los grandes escritores de ciencia ficción (Huxley, Barjavel o Wells), entre novela gráfica y ciencia ficción moderna, incluyendo las muy actuales preocupaciones sobre el futuro del medio ambiente y de nuestra especie.

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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