Reseña de ‘Divinity II’

Divinity II, publicado por Medusa
El volumen presentado por Medusa Cómics

El universo Valiant sigue su rumbo, como alternativa a los mundos de superhéroes que hasta el momento han partido el bacalao. Para esa difícil empresa, el sello ha reescrito su propia historia y lanza al lector una mezcla entre conceptos de sobra conocidos por todos con giros y experimentos que aportan algo de novedad a la ajada noción de cómic de género. Parte con la ventaja de la inexistencia de años de continuidad y de la sublimación, en ocasiones incómoda, lucida por cierta sección de los lectores. ‘Divinity II’ es la continuación de un cómic que, efectivamente, cumple esas premisas estandarte de Valiant. La historia de Abram Adams parte de las bases de la acción de superhéroes, pero las soluciones que aporta Matt Kindt al conjunto de su propuesta aleja el resultado de los lugares comunes.

En la primera parte de ‘Divinity’, Kindt situaba la acción en el apogeo de la Guerra Fría, con la carrera espacial de fondo. La Unión Soviética tomaba la delantera en una misión ambiciosa para conocer los confines del universo. Mientras los americanos peleaban con el viaje a la Luna, al otro lado del muro un grupo de astronautas sacrificaban su vida por el éxito de la madre patria. El mundo que los astronautas conocían se derrumba, la historia sigue su curso al mismo tiempo que ellos se dirigen al olvido profundo, y en el final del viaje, Abram Adams se convierte en lo más parecido a un dios que ha conocido la humanidad.

El retorno al hogar, tantos años después, deja desorientado al renacido astronauta, mucho más que un mero mortal, capaz de manipular el tejido mismo de la realidad. Considerado amenaza mundial, por supuesto, el resto de héroes de la casa Valiant intercambió buenas dosis de diplomacia al estilo cómic, con el correspondiente despliegue de mamporros. Eso sí, en todo momento, Adams se muestra ajeno a la violenta reacción del resto del mundo. Su única intención es recuperar la vida que dejó en la bruma del pasado, y rehuye el combate con seres terriblemente poderosos, pero que comparados con la supremacía del ente llegado de los confines del espacio son meras motas de polvo.

Imagen de Divinity II
El duro camino hacia la paz

Al final de ese volumen, dejábamos a Abram Adams controlado en una especie de prisión en la que hacía las paces con ese pasado doloroso, y evitaba el ascenso del conflicto que había provocado con su llegada. ¿Qué nos ofrece este segundo volumen de las peripecias de ‘Divinity?

‘Divinity II’ nos sitúa en un nuevo escenario. Kindt retoma la premisa inicial, y recuerda que en ese viaje fatídico hacia lo desconocido, viajaban tres astronautas. Adams, inflado por el poder casi divino que le invadió en la última frontera del cosmos, abandonó a sus compañeros, testigos del cambio del viajero espacial. El pasado siempre vuelve, premisa clásica de centenares de historias. Myshka, copiloto de la misión espacial rusa, retorna al planeta Tierra, imbuida del mismo poder que cambió a Adams. Las intenciones de esta aguerrida astronauta no pueden ser más diferentes a las del primer regresado.

El siglo XXI repulsa a este nuevo avatar de la divinidad cósmica. El paso de los años ha convertido el recuerdo de la Madre Rusia que ella conoció en una burla, un desprecio a los sueños de grandeza que motivaron su sacrificio. Armada con el poder de cambiar la historia, se embarca en un viaje a través del tiempo y el espacio para restablecer el poderío de la antaño potencia mundial.

La odisea a través de la historia reciente es el gran pilar de la apuesta en ‘Divinity II’. Adams sale de su refugio para perseguir a Myshka y persuadir de sus intenciones a la rencorosa recién llegada. Como en el anterior volumen, tenemos espectáculo y fuegos de artificio, como pide el género, pero lo interesante de ‘Divinity II’ es la forma en la que se solucionan los conflictos. El humanismo, el valor del argumento frente a la violencia, la llamada al entendimiento por encima del recurso de la derrota inmisericorde del enemigo de turno, es el camino escogido por un hombre transformado en poco menos que un dios. No pretende destruir a su némesis, todo odio y furia. La melancolía existencial del protagonista es el posicionamiento por el cual acude a los recuerdos de la niña que un día fue Myshka. 

Mientras que en otros cómics se tira de recursos destructivos y megalómanos, en ‘Divinity II’ Matt Kindt se aferra al valor de los recuerdos, de los detalles que nos dan sentido como seres humanos. Hay mucho ruido de fondo, sí, pero el auténtico triunfo está en un abrazo, no en el contrario de rodillas. Kindt hace gala de talento para la mezcla de géneros, que van desde el espionaje a la ficción política, armado con todos los clásicos habidos y por haber en el tema de tipos poderosos y disfrazados. Todo eso llega al lector en forma de relato emocionante y diferente, ensamblado con grandes dosis de mensaje pacifista y conciliador.

Viñeta de Divinity II
Imágenes de destrucción

Repite a los lápices Trevor Hairsine. Ya he dicho en otras reseñas que no soy un gran fan de los dibujantes de Valiant, salvo excepciones. En general, me aprecen todos demasiado parecidos, poco originales y en exceso faltos de dinamismo. Hairsine sale de esa media, y por lo menos demuestra trazos de personalidad. El diseño imposible del físico de los personajes, el riesgo en algunos diseños de página e imaginación en las decisiones narrativas constituyen un trabajo interesante. Eso sí, no es un dibujante para todo el mundo, puesto que ciertas extravagancias harán mella en los lectores que busquen algo más tradicional. En mi caso, ese punto de ruptura es lo que da valor a su arte.

Divinity II’ nos deja el poso de lectura diferente, centrada en los demonios y fantasmas de los protagonistas, repletos de matices de gris, muy lejos de la polaridad entre buenos y malos. Sin ser la octava maravilla, recuerda que todavía se pueden contar historias de forma diferente, con aires renovados y necesarios para un siglo XXI que parece un polvorín a punto de estallar. Valiant da en el clavo, y demuestra su personalidad única en el complejo mercado de los superhéroes gracias a personajes como Abram Adams o Myshka.

Medusa Cómics, sello encargado de la publicación de Valiant en España, lanza al mercado ‘Divinity II’ en formato recopilatorio. Los lectores habituales estarán familiarizados con este tipo de volumen, encuadernado en tapa blanda, y que en este caso recoge los números del uno al cuatro de ‘Divinity II’, secuela directa del anterior volumen. Como extra, galería de imágenes e información sobre el proceso creativo de la serie a nivel gráfico. El precio de venta recomendado al público es de 12,95 euros.

Matt Kindt

Escritor y dibujante, el gran público conoce su trabajo gracias a su paso por Liga de la Justicia de América o Escuadrón Suicida, entre otras colaboraciones para Marvel y DC. Es uno de los guionistas estrellas de Valiant, donde se hace cargo de colecciones como ‘Unity’, ‘Rai’, Ninjack‘ y ‘Divinity’.

Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética dio luz verde a una peligrosa misión con el fin de ganar la carrera espacial. Enviaron a tres cosmonautas a lo más profundo del espacio, más lejos de lo que nadie había ido jamás. Eligieron a huérfanos sin ningún vínculo con seres queridos, los entrenaron como comunistas devotos y les prohibieron tener familias. Y cuando se perdieron entre las estrellas se encontraron con algo desconocido… Algo que los cambió. A Abram Adams se le creía perdido para siempre y se le había borrado de los libros de historia. Pero fue el primero en regresar, tras estrellarse en el desierto australiano. Los pocos que han llegado hasta él creen que es un dios. Dicen que puede doblegar la materia, el espacio e incluso el tiempo a su voluntad.

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Reseña
Guión
Dibujo
Edición
Sobre todo, lector. Sueño en viñetas.

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