Reseña de ‘Giant Days: Volumen dos’

Portada de Giant Days
El volumen dos de Giant Days

Tenía muchas ganas de este segundo volumen de ‘Giant Days‘. El primer encuentro con la obra de John Allison y Lissa Treiman me dejó un excelente sabor de boca tras su lectura. La mezcla perfecta entre maravillosas protagonistas, magníficos secundarios y situaciones reconocibles y entrañables regalaba grandes sensaciones. Los autores conseguían que, de un manera u otra, nos sintiésemos identificados con esos pequeños pedazos de vida que transcurren en las viñetas de este inteligente y divertido cómic, planteado con mucho sentido del humor y humanidad.

Lo malo de esas agradables horas de lectura acompañando a Susan, Esther y Daisy en su día a día es que se generan expectativas. Hay cierta inquietud al reencontrarse con esa obra que hace unos meses pusiste por las nubes (puedes leer la crítica de aquel primer volumen aquí). ¿Y si hay un bajón considerable en la serie? ¿Como encajaría que, de repente, las tres protagonistas me resultasen anodinas y aburridas?

Podemos respirar con tranquilidad, porque ‘Giant Days’ conserva toda la frescura e ingenio que tanto sorprendieron en la primera entrega. Los elementos que han hecho de la serie una de las favoritas del público se mantienen intactas, y la vida de las tres universitarias que dan sentido a la obra mantienen el contacto con el mundo real aderezado con un puntito de cálida locura.

En el primer volumen de ‘Giant Days’ eran presentadas  Susan, Esther y Daisy, tres personas en principio completamente diferentes, pero que encontraban las conexiones vitales necesarias para obviar esa disparidad y construir una amistad a prueba de bombas. Los coletazos de la adolescencia formaban alocado mejunje con las exigencias de los primeros pasos de la vida adulta con, en ocasiones, catastróficos resultados. Los estudios, las relaciones, el descubrimiento de sentimientos novedosos y desconcertantes, conducían a las tres jóvenes a través de una divertida historia de enredos, encontronazos, pequeñas tragedias del día a día y mucho sentido del humor, a la búsqueda de las mujeres que un día serán.

En el segundo volumen de ‘Giant Days’ continúa el viaje, tan gamberro y amable como vimos en las primeras aventuras del trío. Por supuesto, Allison no se duerme en los laureles, y empuja a sus personajes a nuevos y alocados encontronazos con la realidad. Si la peripecia es parte esencial de la propuesta del divertido escritor, lo cierto es que es gracias a las personalidades de sus invenciones donde encuentra el auténtico punto álgido de ‘Giant Days’.

Los equilibrios entre el terremoto vital que resultan en ciertos momentos y la inevitable senda hacia la madurez nos dejan para el recuerdo caracteres llenos de humanidad, de contradicciones vitales que hacen que resulten cercanas y creíbles. Susan, Esther y Daisy, o cualquiera de los secundarios que pululan por las páginas de ‘Giant Days’, podrían ser perfectamente alguna de las personas que se cruzan en nuestra vida. Tal vez, a lo mejor cualquiera de sus andanzas no nos resultan tan desconocidas en lo personal.

Viñeta de Giant Days
Problemas de la vida universitaria

En el volumen dos de ‘Giant Days’, Susan se enfrenta al pasado en el regreso al hogar por las vacaciones. Por supuesto, sus dos inseparables compañeras se verán envueltas en el lío. Por su parte, Esther lucha con todas sus fuerzas contra la legendaria irresponsabilidad huracanada que rige su vida, e intenta poner algo de orden y redención ante la llegada de los exámenes, crisis de fe incluida. La inocente Daisy continúa su propia aventura interior intentando comprender un mundo que es bastante ajeno y en ocasiones hostil. Los confusos sentimientos que ha descubierto recientemente son el impulso de su propia travesía de descubrimiento, en el intento de clarificar su propia identidad.

Cosas pequeñas, universos personales tratados con sensibilidad y empatía, es la base de las historias de ‘Giant Days’. La diversidad, el fabuloso canto a la diferencia, a la amistad y al entendimiento, hacen de este cómic una de las lecturas imprescindibles dentro de lo que puede ofrecer la oferta editorial. No es solo por la enorme creatividad e inteligencia que ofrece en todos sus apartados; el mensaje que nutre las páginas de ‘Giant Days’ es necesario en un mundo en el que se enarbola con especial indiferencia la bandera del odio y el individualismo extremo. El hecho de que en estas estampas de vida las cosas se resuelvan con sonrisas en lugar que con amenazas en Twitter, a mí, personalmente, me alegra el día.

Esa es la gran virtud de ‘Giant Days’, contribuir a ver las cosas de otro modo, incluso el propio cómic, medio que vale para contar literalmente cualquier historia. Incluso la de tres chicas normales y corrientes (bueno, signifique lo que signifique eso de la normalidad, claro) que no se enfrentan a amenazas interdimensionales o monstruos surgidos del Averno, y encima resulte divertido y adictivo como el más ruidoso cómic de tipos enmascarados.

Imagen de Giant Days
Preparativos para el baile

En este éxito, tiene mucho que ver, aparte del chispeante guión de Allison, el arte de la increíble dibujante Lissa Treiman. Cada viñeta es una lección de perspectiva, espacio, emociones, dinamismo y tono. Los personajes parecen vivos en su explosión de intuición y ocurrencia. No sobra nada en las viñetas de esta espectacular artista, que dota de identidad visual con total viveza a ‘Giant Days’.

El asunto es que Treiman no es la única que pasa por el apartado artístico del cómic. Max Sarin es la nueva incorporación al equipo, e imprime su propia personalidad en los números en los que participa. Tiene similitudes con el estilo de Treiman, claro, y así la transición no es excesivamente brusca, pero los diseños de personaje de Sarin son bastante más estilizados. Aún así, maneja la misma gama emocional en las expresiones de los caracteres que su antecesora y demuestra la misma demostración vibrante de ejecución e intenciones, siempre con el sentido del humor como base del estilo. Es también bastante genial, pero, oye, que me mojo y digo que me gusta tanto el estilo de Treiman que la echo un poco de menos.

¿Qué ha conseguido el volumen dos de ‘Giant Days’? Pues que espere igual de emocionado el volumen tres. Estas tres chicas y el universo generado al rededor de ellas me tiene enganchado/enamorado total. No me cansaré de clamar al mundo al cantidad de cosas buenas que transmite la lectura de este cómic, pero, sobre todo, destaco lo más importante: la enorme sonrisa que se queda en la cara cuando cierras el tomo. Eso es un triunfo. No os lo perdáis.

‘Giant Days: Volumen dos’ sigue la misma línea editorial que la primera entrega, de la mano de Fandogamia. La editorial, como siempre, hace gala de buen gusto en la publicación, haciendo auténticos equilibrios para lanzar productos de calidad a las librerías  a un precio más que razonable. A todo color, en su interior os esperan 112 páginas encuadernadas en tapa blanda, al precio recomendado de 10 euros.

John Allison:

Nacido en 1976, Allison se ha ganado cierto nombre en la industria por crear varios y exitosos wecomics. Sus obras más destacadas son ‘Bobbins’, Scary Go Round’ y Bad Machinery.

Lissa Treiman:

Treiman llega al mundo de la viñeta proveniente de la animación, donde suele colaborar con un gigante como Disney en diferentes producciones.

Aún en su primer semestre en la universidad Susan, Esther y Daisy, que rápidamente trabaron amistad, quieren encontrar su lugar en el mundo. Ante ellas se plantan enervantes chicos, bailes navideños, paisanos rivales y la obstinada e indeseada intrusión de los “estudios”, con lo que tendrán suerte si llegan vivas a la primavera.

Giant Days es el slice-of-life de humor de la mano de John Allison (Bad Machinery), la artista de Disney Lissa Treiman y la nueva favorita de los fans, Max Sarin, se gradúa con un segundo volumen recopilando los números 5 a 8 de esta serie aclamada por la crítica.

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