Reseña de ‘Bitch Planet: Libro dos’

El segundo volumen de ‘Bitch Planet’

Bienvenidos de nuevo a Bitch Planet. El planeta donde acaban las díscolas, las rebeldes, las incómodas. El lugar donde la voz de la disidencia queda apagada por el peso del conformismo a medida que impera en el futuro terrible que Kelly Sue Deconnick y Valentine Leandro han construido en esta serie ideada para romper moldes. Hace unos meses os hablamos del impresionante debut de esta serie en España, a manos de Astiberri (puedes leerlo aquí). Ahora toca saber como continúan las peripecias de estas presas incómodas para una sociedad marcada por las apariencias y los estereotipos.

En el primer volumen empezamos a conocer la fantasía distópica perpetrada por al inquiera mente de Deconnick, autora de armas tomar, inteligente y mordaz como pocos escritores en el mercado de la viñeta estadounidense. De las cenizas de la antigua sociedad surge un nuevo modelo de convivencia basado en principios conservadores llevados a su máxima expresión. La gente dejar de valer por sí misma, convertidos en meros objetos de consumo, donde la población femenina lleva las de perder. La dictadura de la imagen y la sublimación de la posición tradicional de la mujer en la estructura social ha transformado el futuro en la peor de las pesadillas feministas.

Aquellas que osen poner en duda los principios morales y de convivencia de este constructo salvaje son apartadas de la sociedad de manera bastante definitiva, lanzadas a una prisión de donde no hay escapatoria posible. Condenadas al ostracismo por no aceptar las reglas del juego, estas mujeres sobreviven en un entorno hostil donde son reducidas a poco más que deshechos humanos.

Deconnick da continuidad a las ideas y estructuras principales que presentó en la anterior entrega de ‘Bitch Planet’. La historia coral de las prisioneras, obligadas a entenderse por pura supervivencia, cuenta con caracteres muy bien perfilados, a pesar de ese reparto de papeles protagonistas. Si en los primeros compases de la propuesta, la guionista estaba centrada en la recreación de ambientes y el ecosistema delirante en el que se encuadra Bitch Planet, en el segundo libro presentado por Astiberri, Deconnick empieza a mover sus fichas. Bitch Planet no es precisamente una serie que se duerme en los laureles. Siempre están sucediendo cosas, los cambios de escenario dan ritmo a la trama y los giros orientados a cada protagonista dan buena muestra del talento de la escritora para mantener el control sobre el relato.

‘Bitch Planet: Libro dos’ comienza con un viaje al pasado, a los años de niñez de Meiko, personaje con bastante peso en los números iniciales de la colección. Aparece Makoto Maki, el padre de la muchacha, personaje que cobrará mucho peso en los acontecimientos desatados en las páginas del cómic. Deconnick deja claro que no todos los representantes del género humano están conformes con el orden social. Muchos de ellos desean acabar con la pesadilla de dominación pensando en el futuro de sus propias hijas, condenadas a repetir cánones que no tienen en cuenta sus talentos o preferencias.

Viñeta de 'Bitch Planet'
Por un mundo mejor

Tras ese número introductorio clave para entender la debacle que continúa en el planeta prisión, regresamos al punto en el que se cerró el primer volumen. Las cosas en la prisión están a punto de entrar en un punto de no retorno cuando alguno de los misterios que acoge esta aberración espacial salgan a la luz. El pasado arremete con fuerza, y las razones por las que la sociedad colapsó y derivó en el surrealista modelo social imperante empiezan a dibujarse ante el lector. Por si eso fuera poco, los ecos de la revolución en ciernes también afectan a la realidad sobre el planeta tierra, donde se vierte la primera sangre. Huele a guerra, chicos y chicas.

La habilidad de Deconnick con los equilibrios de una obra tan complicada es de lo más audaz que os vais a encontrar en vuestra librería favorita. Se siente la rabia, pero, al mismo tiempo, la guionista escapa del panfleto político o la arenga sin contenido. Cada paso en ‘Bitch Planet’ es la invitación al pensamiento. La reflexión acerca de nuestro papel en un mundo turbio y engañoso es el pilar sobre el que se sostiene el posicionamiento de Deconnick, aunque eso no quita que la ironía mordaz y destructiva nos muestre a la activista combativa. Deconnick no esconde sus cartas. ‘Bitch Planet’ es lectura directa, son concesiones, dirigida a la línea de flotación para resultar incómoda. Más de uno (sobre todo eso, en masculino), se sentirá ofendido por la descarga, pero en eso consiste. Si nadie se diese por aludido, este trabajo no tendría sentido.

Pero, como decía, Deconnick no juega a lanzar piedras. Hay mucho de didáctico en la propuesta de esta valiente guionista, que además utiliza todas las bondades del cómic como medio de expresión gráfica para dar consistencia a sus intenciones.

En ese sentido, el trabajo de Valentine De Landro es una gozada. El obsesivo planteamiento gráfico dota de enorme identidad al conjunto de la obra. A veces sensible, otras veces explosivo como una bomba atómica, la cantidad de recursos y mecanismos desplegados muestran la inteligencia e intuición de este artista incomparable, capaz de usar la experimentación al servicio de la historia. Narrador sobresaliente, la mezcla entre el diseño gráfico y el dinamismo que roza la técnica de las series televisivas, en ‘Bitch Planet’ deja clara su valía como artista rompedor. 

President Bitch
Revolución en marcha

Los complementos a cada número, auténtico ejercicio de mala leche e ironía, trabajo de Laurenn Mccubbin, rubrican el excelente apartado visual de la obra. Eso sin hacer mención a las increíbles portadas de reminiscencia pulp, en manos del propio De Landro.

Acción, ritmo y reflexión acerca del poder, de la identidad, del acto revolucionario, del cómic como espejo y de las problemáticas que aborda nuestra sociedad en continuo cambio. Kelly Sue Deconnick firma su obra más franca dentro de un universo propio fascinante. Por supuesto, levanta ampollas. Claramente, habrá quien encuentre el contenido de ‘Bitch Planet’ panfletario y exagerado. Como a tantas otras obras de ciencia ficción especulativa. Yo, por si acaso, tomo nota. Porque el mundo ofrecido por Deconnick y De Landro me resulta estremecedora, por plausible.

El segundo tomo de ‘Bitch Planet’ llega a las librerías de la mano de Astiberri. En línea continuista, el volumen ofrece características idénticas a su predecesor. Esto es, libro en tapa dura, excelente calidad de papel y el cariño que la editorial ofrece en todas sus ediciones, que la sitúa en lo más alto de la industria nacional. Un lujo que encontrarás al precio de 18 euros.

Kelly Sue Deconnick

Empezó en el mundo de los cómics como traductora al inglés de material llegado de Japón o Corea. Su primer trabajo como escritora tenía relación con el universo de 30 días de noche creado por Steve Niles. A partir de ahí, comenzó una meteórica carrera en sellos independientes, hasta recalar en Marvel donde dio la campanada con el rescate de Capitana Marvel, un éxito sorpresa que redefinía al personaje. A pesar de este éxito en las grandes editoriales, Deconnick sigue confiando en el mercado independiente para el lanzamiento de sus obras más personales, como Bitch Planet o el western místico Bella Muerte.

Valentine De Landro

Aunque su trabajo está más relacionado con el diseño, De Landro ha entrado en contacto en diversas ocasiones con el cómic como medio de expresión artística. En Dark Horse y Marvel ha dado sus pasos iniciales, pero no ha sido hasta el desarrollo de Bitch Planet cuando este excitante artista ha decidido centrar sus esfuerzos como dibujante de cómics.

En un futuro próximo la Tierra está gobernada por el Protectorado, un patriarcado que combina los peores elementos del predominio cristiano y la oligarquía corporativa. Las mujeres consideradas NC (No Conformes), las que no se resignan a ser propiedad de su padre o de su marido, son enviadas a una colonia penal en un planeta lejano para ser reeducadas, también conocida como el Planeta de las Zorras.

Este segundo volumen se centra más en el pasado de Meiko, la presa que acaba de morir durante un partido de megatón, ese brutal deporte creado para el deleite de los espectadores masculinos… ¿Cómo esta prometedora ingeniera acabó convirtiéndose en una terrible asesina?

Bitch Planet se define como un manifiesto social y feminista con el que DeConnick y De Landro se alzan en contra del patriarcado más rancio, el racismo y las injusticias hacia las personas de diversa orientación sexual e identidad de género. Kelly Sue DeConnick comenta lo importante que es para ella esta serie y también las dudas que tiene que afrontar: “Me da miedo que la gente piense que es demasiado, y también me da miedo que piense que no he ido lo bastante lejos. Me dan miedo los lectores masculinos hostiles. Y me odio a mí misma por haber pensado eso siquiera. Me da miedo ser una chica blanca que intenta hablar de razas. Tengo miedo. Pero siento que es lo que tengo que hacer. Y si no lo hago, seré un fraude”.

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1 Comentario

  1. Tachar de “valiente” una obra tan incardinada dentro del sistema y el dogma oficial de los tiempos es una incoherencia. Tachar su planteamiento de plausible, al menos en occidente, es un sinsentido. No me imagino a ningún medio de comunicación, partido político o celebridad cuestionando esta obra, todo lo contrario que ocurriría si plantease algo realmente incómodo que no concordase con la “verdad publicada”.

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