Reseña de ‘The fade out’

The fade out

En la época de Hollywoodland

Hay obras que no puedes dejar pasar entre las novedades de publicación mensual de una editorial, y sin lugar a dudas ‘The fade out’ es una de ellas. Panini Comics recoge en una maravillosa edición integral la serie completa de Ed Brubaker, Sean PhillipsElizabeth Breitweiser, una banda que forma uno de los equipo artísticos más compenetrados y engrasados que existen en el mundo del noveno arte.

The fade out
Portada del número #3 de la serie limitada ‘The fade out’

Una América de luces y sombras

Nos situamos a finales de la década de los años cuarenta. Los jóvenes que fueron a combatir a los nazis en la Segunda Guerra Mundial y lograron sobrevivir han vuelto, pero muchos de ellos traen la guerra consigo, y es que este privilegio no está reservado tan solo para los veteranos de Vietnam. Uno de ellos será nuestro protagonista, el guionista Charlie Parish, un tipo con el síndrome de estrés postraumático que le provoca un bloqueo creativo.

La enfermedad del macartismo ha comenzado a extenderse. El FBI llegaba a introducir en la industria agentes de incógnito para encontrar a gente con afiliaciones comunistas o para sacar los trapos sucios y hacer chantajes para obligar a denunciar a sus colegas de profesión. El mismísimo Ronald Reagan, en su época de actor, tuvo un papel bastante destacado en este asunto. Así, la caza de brujas en la industria del cine va encontrando sus primeras víctimas y todo lo que huela a rojo queda marcado de por vida. Este es el caso de Gil Mason, un guionista que por sus ideas pasó a formar parte de la lista negra de Hollywood. Tener tu nombre en esa lista implicaba que ningún estudio iba a darte trabajo, por lo que tenías que buscarte las habichuelas de forma creativa, bien con la ayuda de alguna red de “camaradas” que te proporcionaran algún curro en negro o bien haciendo el trabajo para algún otro guionista que lo firmaría con su nombre para evitar problemas. Y ese es el acuerdo que tiene Gil con su amigo Charlie.

The fade out
Charlie no llevaba una mala vida en Hollywoodland

En Hollywood el famoso cartel que reinaba en el Parque Griffith todavía rezaba “Hollywoodland” y no había nada parecido a un movimiento como el #MeToo. Muchas de las actrices que llegaban a lo más alto lo hacían tras acceder a las demandas sexuales del productor de turno. Actores homosexuales eran vendidos como grandes mujeriegos para el público. Las indiscreciones de las grandes estrellas, actos criminales incluidos, se ocultaban a la prensa para que nada nublara el próximo estreno. Hollywood movía mucho dinero, y todo formaba parte de la gran maquinaria de marketing que era la industria por aquel entonces. Hollywood era resplandeciente por fuera, pero a poco que mirabas en su interior solo encontrabas cosas podridas. Una industria que tal vez no ha cambiado tanto como podamos pensar…

Noir delante y detrás de la cámara

En nuestra historia, Parish se ve envuelto en el asesinato de la actriz principal de la película que se está rodando con su guion (escrito en realidad por Mason), Valeria Sommers. La relación que mantenía con ella y el hecho de despertarse borracho y sin recuerdos junto a su cadáver son factores que hacen que le colguemos inmediatamente a nuestro protagonista el cartel de “falso culpable”.

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Phil Brodsky no se anda con chiquitas

Pero Charlie no tendrá que esforzarse demasiado por buscar una coartada, ya que pocas horas después descubre que oficialmente no ha habido ningún asesinato. El estudio se preocupa mucho de la imagen que da, y Phil Brodsky, su jefe de seguridad, un tipo con métodos más propios de la mafia que de la policía, será el encargado de modificar la escena del crimen para que todo parezca un suicidio. Una lástima, pobre chica infeliz…

Charlie no aprenderá la lección y rápidamente se verá involucrado sentimentalmente con Maya Silver, una joven actriz con un pasado bastante turbio que será la encargada de sustituir en la película a la difunta Valeria y acompañar en el reparto a la estrella Earl Rath, una especie de Errol Flynn venido a menos. Pero eso no impedirá que lo que no sabe de la noche en la que murió Valeria le atormente y decida averiguar por sí mismo quién fue el responsable. Y para ayudarle estará su colega Gil, con el que mantiene una labor tanto personal como profesional de lo más compleja.

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En los años cuarenta, fumar a todas horas debía ser obligatorio

Basado en hechos reales

No vamos a encontrar esa famosa frase de “Esta historia está basada en hechos reales” al abrir este tomo, pero eso no quiere decir que no haya mucho de verdad en esta historia. Para empezar, en la introducción de Brubaker ya nos habla de cómo su tío, John Paxton, había formado parte de la llamada Edad de Oro de Hollywood como guionista, y como sus historias le sirvieron de inspiración para esta obra.

Y es que en ‘The fade out’ nos vamos a encontrar con muchas referencias a películas, hechos y personajes reales de aquella época, como el estupendo cameo de Clark Gable en una fiesta. Pero además, a poco que conozcamos un poco algo de ese mundillo, enseguida vamos a ver como mucho de lo ficticio de esta historia podría tener su traslación a lo real, como pueda ser el caso del joven galán homosexual Tyler Graves, que no deja de ser un claro Montgomery Clift, o el director de rostro pétreo Franz Schmitt, un trasunto de Fritz Lang. Y es que, en cierto modo, la sórdida historia de encubrimiento, extorsión, explotación y abuso que nos presenta esta obra tiene mucho de denuncia social. Brubaker da voz a través de ‘The fade out’ a muchas víctimas de esa gigantesca máquina de hacer dinero que es Hollywood, y lo hace con mucha clase.

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La hermosa Dottie Quinn

Y es que, por si no lo había dejado suficientemente claro en su carrera, el género negro es en el que este guionista se mueve siempre como pez en el agua, ya sea mezclándolo con superhéroes, metiéndolo en un ambiente lovecraftiano o en su forma más pura como es este caso, ya que se vale de muchos clichés de las historias de detectives de esa época para desarrollar esta historia. Aún así, resulta curioso que no se haya valido de algunos de los mayores tópicos de este tipo de historias: su protagonista no es ni un detective, ni un policía, ni un criminal, su femme fatale no es fatal, y su narrador omnisciente no es el propio protagonista.

El enorme trabajo de investigación y documentación se nota mucho en el resultado final, y a esto hay que sumar una excelente labor como narrador en la que consigue que una historia tan potencialmente densa como esta se lea con una facilidad pasmosa.

The fade out
No se puede ser más noir

Este cómic huele a cigarrillos y whiskey

Pero, evidentemente, no todo el mérito es de Brubaker. Phillips y Breitweiser hacen un trabajo extraordinario a la hora de ambientar la obra, metiendo al lector de lleno en la década en la que se desarrolla la historia. Desde la iluminación hasta todos los diseños fieles a la época exacta, este equipo artístico logra que cuando llegues al final del tomo y lo cierres, te sorprendas de vivir en la era de la tecnología y no en una realidad donde los teléfonos son de disco y los coches no tienen dirección asistida.

Por guion, por dibujo y por la estupenda edición en la que se ha recopilado esta serie limitada, ‘The fade out’ es un cómic que debes tener. Leerlo con tranquilidad sobre un viejo escritorio de madera con un vaso de whiskey al lado es un placer del que nadie debería privarse.

El tomo ‘The fade out’ publicado por Panini Comics en tapa dura contiene 400 páginas a color con un tamaño de página de 18 x 27,5 cm. e incluye la traducción de los 12 números de la edición americana de la serie limitada ‘The fade out’, así como las portadas originales y alternativas de todos ellos, una introducción a cargo de Ed Brubaker, las tres páginas que los autores utilizaron a modo de tráiler y unas cuarenta páginas de ensayos e ilustraciones. El precio de venta recomendado es de 40 € y se puso a la venta en marzo de 2018.

The fade out

Ed Brubaker

Nacido en Maryland, Estados Unidos, en 1966, empezó su carrera escribiendo para editoriales independientes obras como ‘Lowlife’ o ‘Purgatory U.S.A.’. Su primer contacto con el temática relativa al crimen se produjo en Dark Horse con ‘Una muerte accidental’, que le valió una nominación a los Eisner en 1993.  Después de pasar dos años trabajando para la firma independiente Alternative Comics, comenzó a escribir para DC. Entre otras obras, de esta etapa destacan ‘Gotham Central’, ‘La escena del crimen’, ‘Sleeper’ o varios números de múltiples cabeceras de Batman.

Tras DC, llegó Marvel, para la que realizó los guiones de, por mencionar algunos títulos, ‘Daredevil’, ‘Capitán América’ o ‘Criminal’. Actualmente publica bajo la editorial Image, para la que ha llevado a cabo ‘Fatale’, ‘Velvet’ o ‘The Fade Out’. Ha sido galardonado con cuatro premios Eisner.

Sean Phillips

Nacido el 27 de enero de 1965, Sean Phillips es un dibujante y entintador de cómics británico. Comenzó a dibujar a finales de los años 80 en obras como ‘New Statesmen’ o ‘Tercera Guerra Mundial’. Más tarde, continuó con trabajos como ‘Straitgate’, ‘Danzig’s Inferno’ o Strange Cases’, pero pronto fue contratado por la editorial DC Comics para trabajar en ‘Hellblazer’, etapa en la que más se dio a conocer.

Junto a estas obras, también ha tenido la oportunidad de dibujar otras como ‘Batman’ o ‘WildC.A.T.S.’, aunque una de las que se consideran sus mejores épocas es en la que estuvo a cargo de ‘Sleeper’. Para Marvel también ha trabajado con ‘Marvel Zombies’ y, posteriormente, con ‘Black Widow’, aunque en la actualidad se dedica únicamente a la publicación de ‘Criminal’ junto a Ed Brubaker.

The fade out

‘The fade out’

ISBN / ISSN: 9788491671787

El más ambicioso proyecto del equipo creativo de Fatale y Criminal.

Una recreación de una era perdida de Hollywood, en los primeros días de la Lista Negra, a través de la investigación del asesinato de una estrella.

Guion: Ed Brubaker

Dibujo: Sean Phillips y Elizabeth Breitweiser

‘The fade out’

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