Reseña de ‘Las estrellas, mi destino’

alfred bester

No se puede decir que Alfred Bester tenga una larga lista de títulos a los que acudir, pero lo compensa con su amplia calidad. En 1953 ganó la primera entrega del Premio Hugo por ‘El hombre demolido‘, una novela con la que consiguió hacerse hueco como escritor. La fama conseguida aumentó con su siguiente novela: ‘Las estrellas, mi destino’. Pese a la fama conseguida, tras publicar esta segunda novela, Bester decidió escribir artículos, por lo que su creación se vio interrumpida. Está claro que su obra se centró en los viajes en el tiempo y en los poderes psíquicos, y por ello se convirtió en un referente.

las-estrellas-mi-destino‘Las estrellas, mi destino’ inicia con una cita en la que intuimos la importancia que cobrará la figura del tigre en las páginas venideras. El prólogo es, sin duda, una de las maravillas del libro. En él, vemos la explicación de Bester de cómo es el mundo en el momento en el que se sitúa el libro, en el siglo XXV, y de dónde viene. Todos los planetas del Sistema Solar han sido colonizados y los humanos se mueven de un punto a otro gracias al ‘jaunteo‘, una habilidad descubierta por un investigador llamado Jaunte que te permite, si la perfeccionas, teletransportarte a miles de kilómetros a un punto que conozcas y cuyas coordenadas hayas memorizado. Es imprescindible prestar atención a este prólogo, pues es el punto sobre el que se apoya toda la novela.

Si el jaunteo es un pilar, el otro debe ser Gully Foyle, el protagonista, un hombre descrito al inicio como alguien totalmente normal, sin absolutamente nada a destacar y que, además, está en los restos de una nave en el espacio, sin posibilidad de salvarse. Es entonces, en las primeras páginas, cuando nos surge la duda: ¿Qué nos puede ofrecer un personaje así? La respuesta no se hacer esperar, ya que es la rabia lo que hace despertar al personaje. Esta rabia se convierte en deseo de venganza que embarga al personaje hasta convertirlo en una bestia, una bestia que arrasa con todo para conseguir su objetivo. ¿Y cuál es su objetivo? La Vorga, una nave que pasó junto a él cuando se hallaba en el inmenso espacio y que, pese a verle, decidió no rescatarle.

El hilo argumental que vemos, por tanto, se basa en una venganza que va evolucionando, al igual que Foyle, y nos muestra todas las capas que pueden llegar a tener. Alrededor de esta figura atormentada se forma toda una conspiración por la que Foyle no solo tendrá que atacar a aquellos a los que ha jurado destruir, sino que deberá defenderse de todo el universo por algo que solo su mente recuerda. En ese sentido, podemos decir que la división de Bester en dos partes del libro es muy acertada, ya que vemos dos versiones distintas del mismo personaje, aunque siempre tenga el mismo objetivo. Esta división nos marca los dos polos opuestos a los que puede aspirar un ciudadano en el siglo XXV. Al finalizar esta lectura entiendes todos los elogios dirigidos hacia ella y el motivo por el que se la considera una de las referencias de la ciencia ficción.

La edición realizada por Gigamesh destaca con solo su portada, realizada por Enrique Corominas, una belleza imposible de ignorar que capta la esencia del protagonista. Está realizada en tapa blanda en una edición de bolsillo cuyo precio, 8€, justifica el gasto un día que tu conciencia se distraiga.

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Alfred Bester

Alfred Bester nació en Nueva york en 1913. Cursó sus estudios en la Universidad de Pensilvania y publicó sus primeros relatos en Thrilling Wonder Stories a principios de los cuarenta. A continuación hizo la carrera de guionista para cómics, radio y televisión, incluyendo seriales como Superman, Batman, Nick Carter, Charlie Chan, Tom Corbett y La Sombra. En los cincuenta regresó a la ciencia ficción y publicó diversos relatos y dos de las novelas más destacadas de la época, ‘El hombre demolido’ y ‘Las estrellas, mi destino’, y también la novela policíaca de inspiración autobiográfica sobre el mundo de la televisión, ‘Carrera de ratas’. A finales de los cincuenta empezó a trabajar para la revista Holiday, de la que pasó a ser director hasta su cierre en los años setenta. Después de ese periodo, regresó al género con obras como ‘Computer Connection’, ‘Golem100’ y ‘Los impostores’. Vivió durante toda su vida en Nueva York y murió en Pensilvania en 1987, mismo año en que le fue concedido el premio como Gran Maestro por la SF&FWA, la asosiación americana de autores. Después de su muerte se encontró el manuscrito de una novela policíaca inédita y, más recientemente, otra inacabada, que fue completada para su publicación por Roger Zelazny.

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Las estrellas, mi destino

En el siglo xxv, cuando las técnicas de teleportación han cambiado de forma radical la sociedad de la Tierra, un hombre motivado por pasiones extremas emprende un carrera desesperada por cambiarse a sí mismo. Gully Foyle fue abandonado a su suerte y logró sobrevivir milagrosamente a una situación sin esperanzas; desde entonces ha venido acumulando riquezas y poder con un único objetivo: vengarse.

Las estrellas mi destino es uno de los eternos favoritos de la ciencia ficción, una novela de cabecera para cada generación de lectores que ha existido desde su publicación original en los años cincuenta. Un libro pirotécnico, intenso y rebosante de ideas al que se vuelve, una y otra vez, con placer renovado.

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