El inicio de las Secret Wars originales

Secret WarsEn 1984, Marvel llegó a un acuerdo con Mattel, con el fin de competir con su eterna rival Detective Comics que, junto a Kenner, otra empresa juguetera, estaba llevando a cabo la comercialización de unos muñecos conocidos como DC Super Powers. No obstante, lo que Mattel tenía bien claro era que, si iba a colaborar con Marvel y a sacar toda una línea que contuviera figuras, accesorios, vehículos y bases de operaciones, todo ello debía ser promocionado por un cómic que dejara claro a los niños cómo se llamaban los personajes, las relaciones entre uno y otro, si pertenecían al bando de los héroes o al de los villanos y de qué poderes hacían gala.

Mattel planteó sus condiciones a Jim Shooter, que era quien ocupaba el puesto de Director Editorial de Marvel en aquella época, y se atrevió a añadir algunas más que, según unos estudios de mercado hechos por la empresa juguetera, resultarían rentables para el proyecto, como el hecho de realizar cambios en la armadura del Doctor Muerte, la cual debía transformarse en algo de aspecto más tecnológico y menos medieval. Otra condición era que el nombre de la colección resultara atractivo para los niños, para lo cual se solicito que se incluyeran en el título las palabras “secret” y “war”. Así, la maxiserie de doce números, cuya cabecera, en un principio, iba a ser conocida como Cosmics Champions, quedó rebautizada con el nombre de Secret Wars. La trama seguiría la idea sugerida a Marvel por muchos lectores, sobre todo los más jóvenes: se trataría de una espectacular aventura en la que aparecerían casi todos los héroes y villanos de la editorial.

Una vez sentadas las bases generales de la nueva colección, había que buscar el equipo creativo ideal para llevarla a cabo. El problema era que cada uno de los personajes estaba a cargo de un escritor diferente y elegir a uno de ellos para dirigir las aventuras de héroes ajenos podría ser un motivo de quejas entre los autores. Para evitar ese tipo de conflictos, Jim Shooter decidió ocuparse personalmente de los guiones, mientras que Mike Zeck, cuyos trabajos con personajes como Shang-Chi o el Capitán América había brillado con luz propia, se haría cargo de los dibujos, aunque no tenía demasiada experiencia en ilustrar historietas con tal cantidad de personajes, pero tampoco es que fuera algo habitual para ningún otro artista gráfico de la compañía. Aún así, Bob Layton tuvo que sustituirle en los números 4 y 5, para poder llevar a buen puerto todas las demandas de correcciones que surgían. No es de extrañar, por tanto, el hecho de que se contara con una gran cantidad de entintadores para el acabado final.

Tom DeFalco, mano derecha de Jim Shooter, fue quien decidió que, en los cómics de los personajes implicados que salieran a la venta en diciembre de 1983, se vería a los héroes desaparecer, en el interior de una extraña máquina, con rumbo a lo desconocido, todo ello como capricho de la curiosidad de un ser conocido como el Todopoderoso, que quería comprobar quien ganaría en un combate multitudinario de héroes contra villanos (aunque a los lectores aún no se les había proporcionado ninguno de esos datos). En los cómics del mes siguiente de cada personaje, todos regresarían con notables cambios: Spiderman luciría un traje negro, Hulka sustituiría a la ausente Cosa en los Cuatro Fantásticos, Iron Man presentaría modificaciones en su armadura, Hulk volvería a ser una bestia salvaje… Así quedaría claro que algo había pasado, pero faltaba por saber el qué.

Coincidiendo con el número en que los héroes regresaban a Nueva York, salió a la venta el primer ejemplar de Secret Wars, cuya portada puedes ver a la izquierda de este párrafo, aventura que se convertiría en el mayor flashback de la historia del cómic, el cual contaba con el reclamo de explicar a los lectores a qué se debían todos los cambios mencionados en el párrafo anterior.

Spiderman contra la Patrulla – X, Galactus derrotado por el Todopoderoso, el Capitán América como líder de la mayor galería de héroes jamás reunida, Magneto dudando a qué bando prestar su ayuda, el Doctor Muerte ejecutando su golpe maestro… Todo eso y mucho más aventuras, nunca antes vistas ni imaginadas por los fans, podían encontrar los lectores en aquellas doce entregas que supieron marcar un antes y un después como no se había visto nunca en la historia del cómic.

Al término de la saga, en Marvel pensaron que era una buena idea explotar la gallina de los huevos de oro, lo que motivó que la colección continuara desde el número trece hasta el cincuenta. No obstante, la cabecera cambió su nombre a Secret Wars II y los números que iban protagonizados por superhéroes concretos podían leerse también en la serie regular de cada personaje. Jim Shooter volvió a encargarse de los guiones, acompañado esta vez por Al Milgrom como dibujante principal. En esta ocasión, para completar su estudio sobre los héroes y villanos de la Tierra, fue el Todopoderoso quien se teletransportó hasta nuestro planeta. Esta segunda parte no contó con tanto favor del público como la primera.

Llegó a haber hasta una Secret Wars 3, a cargo de Steve Englehart y Keith Pollard. Sin embargo, en esta ocasión, se trató de una historia dentro de la colección de Los Cuatro Fantásticos (entre los números 87 y 88 del primer volumen publicado por Planeta DeAgostini), en la que no aparecía ningún otro héroe. La verdad es que se trata de una torpe secuela que no precisaba ser escrita.

Como ya sabemos, ha habido otras cabeceras con ese nombre, como la que llevaron a cabo Brian Michael Bendis y Gabriele Dell’Otto, que vio la luz en 2004 (pero cuya silimitud con la saga anterior no iba más allá del título). No obstante, en 2015, arrancó una colección homónima, con guiones de Jonathan Hickman y dibujos de Esad Ribic, que evocaba la cabecera de los ochenta, pero con consecuencias más graves, aunque con una repercusión editorial mucho menor.

Sin embargo, no debemos olvidar que la maxiserie original se llevó a cabo para promocionar una línea de muñecos, cuya primera y exitosa tanda (compuesta  por las figuras del Capitán América, Spiderman, Iron Man, Lobezno, Doctor Muerte, Doctor Octopus, Magneto y Kang, además de una nave para los héroes y otra para los villanos, de los cuales también se vendía su base de operaciones) venía anunciada en las cubiertas de aquellos doce números, al menos en su edición española.

Hay que reconocer que estos muñecos eran más toscos y pequeños que los de DC Super Powers y, aunque su primera tanda gozase de éxito, en su tercera oleada, que ni siquiera llegó a verse en Estados Unidos, ya se había desinflado. Como puede comprobarse en la imagen inferior, el uniforme negro de Spiderman, Daredevil, Halcón, el Hombre de Hielo, el Barón Zemo, el Duende, Electro y Constrictor se habían sumado a la galería de muñecos de la colección (aunque, con la excepción del lanzarredes, ninguno de estos personajes había estado en la aventura original). En cualquier caso, Marvel aprovechó para exprimir hasta la última gota del proyecto, ya que sacó a la luz un gran cantidad de productos relacionados, tales como álbumes de cromos, mochilas, imágenes para colorear y  pegatinas.

En aquella época y para esa generación de lectores, Secret Wars dejó una marca imborrable en el corazón de los fans, que la recuerdan como el mejor y más grande crossover interno realizado nunca por Marvel.

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