Crítica de: Toy Story 4

En nuestra infancia, todos hemos pasado las horas muertas con una gran cantidad de juguetes que, al final del día, retornaban a su sitio, el cual bien podía ser la estantería colgada en la pared o alguna caja guardada bajo nuestra cama. Nosotros nos íbamos a acostar sabiendo que, a la mañana siguiente, nuestros muñecos favoritos estarían ahí, esperando a que volviéramos a jugar con ellos. Pero, ¿y si esos juguetes tuvieran vidas y personalidades propias cuando nadie los mira? En algún momento de nuestras vidas, a todos se nos ha pasado esa idea por la cabeza, pero la compañía Pixar, perteneciente ahora a Disney, fue la única que tuvo la idea de formar una franquicia cinematográfica alrededor de ese concepto, bajo el título de Toy Story. Como ha llegado a la gran pantalla la cuarta entrega de dicha saga, puedes leer su análisis después de ver el tráiler que hay bajo este párrafo:

Bajo la dirección de Josh Cooley, Toy Story cuenta con 100 minutos de duración y despeja alguna que otra laguna planteada a lo largo de la saga.

La película comienza nueve años en el pasado cuando Andy aún era el dueño de Woody, Buzz Lightyear y el resto de los juguetes. Situados en aquella época, se nos muestra como Molly, la hermana pequeña del niño, aceptó vender a su muñeca Bo Peep, porque ya no le interesaba jugar con ella, lo que explica a los espectadores el motivo de que no aparezca en la tercera entrega de la saga.

En la actualidad, Bonnie, en su primer día de clase, ha creado un juguete con un tenedor y otras cosas sacadas del cubo de la basura del colegio, al que ha bautizado con el nombre de Forky. Al darse cuenta de lo importante que es el muñeco para ella, Woody decide convertirse en compañero suyo y ayudarlo a cumplir su papel lo mejor que pueda, ya que el cubierto está empeñado en que su sitio es el cubo de la basura. Lo que el vaquero no puede imaginar es que, mientras cumple con su labor, va a reencontrarse con Bo Peep. Este acontecimiento resultará decisivo para ambos.

Junto a la canción Hay un amigo en mí, presente en toda la saga, también destaca, en esta película, el tema No dejaré que te eches a perder.

Desde que inició su andadura en 1995 hasta  el presente, esta tetralogía ha logrado que niños y mayores veamos con otros ojos los juguetes con los que tan buenos tiempos hemos pasado  en nuestra infancia. Toy Story 4 no es menos que las tres entregas anteriores y, como podrán comprobar los espectadores, a lo largo de su trama, se profundiza en cómo se sentirían los muñecos si de verdad tuviesen vida propia.

Tal y como se señala al final del filme, Toy Story 4 está dedicada a la memoria de los fallecidos Don Rickles y Adam Burke. En el primer caso, se trata de la voz detrás del Mister Potato de las tres primeras entregas, pero que no puedo prestar su voz para la cuarta, al que el estudio le dedica estas palabras, cuyas frase final hará sonreír a los fans con agradecida nostalgia:

Gracias por llevar tu voz, humor y espíritu a Toy Story. Estamos eternamente agradecidos.

Por otra parte, Adam Burke fue una de las piezas claves en el mundo de la animación de Pixar, ya que, además de trabajar en la saga de Toy Story, también tuvo una importante labor en franquicias como Los Increíbles (2004 – 2018), Cars (2006 – 2011) o Wall-E: Batallón de Limpieza (2008), motivo por el que el estudio también tiene unas palabras para él, las cuales vienen con otra divertida coletilla final:

Un animador talentoso y amigo de todos. Te queremos hasta el infinito y más allá.

No obstante, cabe destacar que es muy importante no levantarse de la butaca hasta que los créditos hayan terminado del todo, no solo para leer las sentidas dedicatorias, sino también para ver todas las escenas intercaladas entre medias, incluida la bromita final con el logo de Pixar.

Sin duda, los fans de la saga disfrutarán con esta cuarta entrega que, al menos en la sesión a la que yo asistí, hizo prorrumpir en aplausos a la sala entera. En esta ocasión, al igual que ocurría con la película predecesora, da la impresión de tratarse de la aventura final, aunque creo que todos los espectadores estarán de acuerdo conmigo en que este sí es el adiós definitivo de las divertidas peripecias de Woody, Buzz Lightyear y los demás. Hasta el infinito y más allá.

Woody siempre ha tenido claro cuál es su labor en el mundo y cuál es su prioridad: cuidar a su dueño, ya sea Andy o Bonnie. Sin embargo, Woody descubrirá lo grande que puede ser el mundo para un juguete cuando Forky se convierta en su nuevo compañero de habitación. Los juguetes se embarcarán en una aventura de la que no se olvidarán jamás.

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