La guerra de Vietnam ha sido representada de forma recurrente en el cómic, no tanto del conflicto contra la metrópoli colonial (1945-1954), como la de la reunificación del país contra los EE. UU. (1965-1975)
Pocas guerras del siglo XX han dejado una huella cultural comparable a la de Vietnam. Los helicópteros Huey sobrevolando la jungla, las patrullas que no saben dónde se encuentra el enemigo… todo ello aderezado con música rock, corresponsales de guerra, protestas universitarias y veteranos forman parte de un imaginario convertido prácticamente en un género propio.
El enemigo ya no era siempre fácilmente reconocible y la victoria tampoco. El soldado podía ser simultáneamente héroe y víctima. Los mandos podían equivocarse. Las instituciones podían mentir y regresar a casa no significaba necesariamente que la guerra hubiese terminado.
Las guerras de Vietnam
Pero la historia comienza mucho antes de la llegada de los soldados estadounidenses. Para comprenderla hay que remontarse al siglo XIX, cuando Francia comenzó a construir su imperio colonial en el sudeste asiático. Además, en aquel primer episodio aparece un protagonista que normalmente desaparece de los relatos sobre Vietnam: España.
A mediados del siglo XIX, la mayor parte de los actuales territorios vietnamitas se encontraba bajo la dinastía Nguyen y constituía un espacio sobre el que las potencias europeas habían comenzado a mostrar un creciente interés. La persecución de los misioneros católicos proporcionó a Napoleón III un argumento para intervenir.
El asesinato en 1857 del obispo español José María Díaz Sanjurjo se convirtió en uno de los detonantes de la expedición militar que Francia utilizó para apoderarse del territorio vietnamita. La expedición franco-española contra la Cochinchina iniciada en 1858, tenía tropas españolas, la mayoría de ellas procedían del archipiélago filipino.
Francia fue consolidando sus conquistas hasta crear la Indochina francesa, formada esencialmente por los territorios de los actuales Vietnam, Laos y Camboya. Durante las primeras décadas del siglo XX fue creciendo un nacionalismo vietnamita que acabaría encontrando en Ho Chi Minh a su figura internacional más conocida.
Francia fue derrotada por Alemania en 1940 y Japón extendió su dominio por el sudeste asiático. La Indochina francesa quedó sometida a una compleja convivencia entre la administración colonial francesa y el poder militar japonés hasta que, la derrota japonesa abrió un vacío de poder.
En septiembre de 1945 se proclamó en Hanói la independencia de la República Democrática de Vietnam, pero sin la aprobación de Francia, que mandó tropas e inició la guerra. Las fuerzas independentistas dirigidas por el Viet Minh se convirtieron en una pesadilla militar para Francia.
El desenlace llegó en Dien Bien Phu, en 1954. Los franceses establecieron una gran posición fortificada esperando atraer y destruir allí a las fuerzas vietnamitas. El general Vo Nguyen Giap hizo exactamente lo contrario de lo esperado y rodeó la posición, trasladó su artillería por terrenos que los franceses consideraban prácticamente impracticables y sometió a la guarnición a un largo asedio. El 7 de mayo cayó el bastión francés.
Los acuerdos de Ginebra pusieron fin al dominio colonial francés y establecieron los países de Laos, Camboya y, provisionalmente, dos zonas separadas por el paralelo 17, al norte la República Democrática de Vietnam, comunista, con capital en Hanói. Al sur, el Estado de Vietnam, con capital en Saigón, anticomunista.
Para Washington, Vietnam era una pieza dentro del tablero mundial de la Guerra Fría. La teoría del dominó sostenía que la caída de un país bajo un gobierno comunista podía provocar sucesivamente la caída de sus vecinos. Tras China, Corea y Vietnam del Norte, Washington temía una expansión comunista por todo el sudeste asiático.
Estados Unidos comenzó enviando asesores, dinero y material al gobierno de Vietnam del Sur. En 1965 comenzaron a llegar masivamente tropas de combate estadounidenses. El Viet Cong operaba mediante guerrillas en Vietnam del Sur mientras el ejército norvietnamita podía trasladar hombres y suministros utilizando una compleja red logística conocida como la ruta Ho Chi Minh a través de Camboya.
Los norteamericanos, pese a ganar las batallas, comenzó a perder la guerra en la opinión pública, las pantallas de televisión y en las calles de Estados Unidos. En 1973 Estados Unidos retiró sus fuerzas de combate. Dos años después, las tropas norvietnamitas entraron en Saigón. El 30 de abril de 1975 la guerra había terminado.
Los cómics de la guerra de Indochina
El cirujano de Dien Bien Phu e Indochina, son dos de los cómics de esta guerra que han aparecido en el mercado español narrando el conflicto entre la metrópoli francesa y los guerrilleros del Viet Minh.
Indochina, publicado por Norma Editorial de Jean-Pierre Pécau, Maza y Fernández, narra la contienda desde el punto de vista del piloto Armand Baverel, un antiguo piloto militar expulsado del ejército, quien tendrá una segunda oportunidad en el sudeste asiático.
Por otra parte, El cirujano de Dien Bien Phu, también de Jean-Pierre Pécau, esta vez acompañado por Vladimir Davidenko y publicado por Cartem Cómics, narra la historia de del médico militar Jacques Gindrey, que es trasladado a esa base militar donde tendrá que trabajar sin descanso en la que será su última campaña en Indochina.
Los héroes de Marvel “nacidos” en Vietnam
Hoy se asocia a Tony Stark con conflictos ficticios, Afganistán o amenazas cósmicas, pero el Iron Man original nació en Vietnam. Tony Stark apareció por primera vez en Tales of Suspense #39, publicado por Marvel en marzo de 1963. En aquella versión, Stark era un industrial y fabricante de armamento estadounidense que viajaba al sudeste asiático para demostrar sus nuevas tecnologías militares.
Stark resulta gravemente herido y es capturado. Un fragmento de metralla queda incrustado cerca de su corazón. Strark se ve obligado a fabricar armas para sus captores, pero secretamente construye junto al científico Ho Yinsen una armadura que mantiene su corazón funcionando y le permite escapar.
El Iron Man de 1963 es una cápsula cultural de la Guerra Fría. Tony Stark representa inicialmente la confianza estadounidense en la ciencia, la industria y la superioridad tecnológica. Frente a la amenaza comunista, la respuesta es una máquina todavía más poderosa.
Si Iron Man representa el Vietnam tecnológico de la Guerra Fría, El Castigador representa sus fantasmas. Frank Castle apareció originalmente como antagonista de Spiderman en The Amazing Spider-Man #129 en 1974. El antihéroe marvelita por excelencia era un vigilante que consideraba insuficientes los métodos de los superhéroes convencionales y estaba dispuesto a matar a los criminales.
Castle era un veterano de la guerra de Vietnam, lo cual proporcionaba una explicación cultural inmediata para comprender quién era aquel hombre. Durante los años setenta y ochenta, el veterano de Vietnam se convirtió en un arquetipo recurrente de la cultura popular estadounidense. El cine haría lo mismo con personajes como John Rambo.
El Castigador no actúa como un superhéroe convencional porque, en muchos sentidos, sigue comportándose como un soldado que reconoce a sus objetivos, planifica las operaciones, estudia el armamento, prepara las emboscadas y utiliza tácticas militares. Castle divide el mundo entre amenazas que deben ser neutralizadas y personas que deben ser protegidas.
El Castigador fue representado en varios escenarios de la guerra en el sudeste asiático, en el cual distintas historias ampliarían su pasado vietnamita, hasta el punto de que Marvel recopiló varias de ellas bajo el significativo título de Punisher Invades The ’Nam.
Serían Garth Ennis y Darick Robertson quienes llevaría esta idea mucho más lejos en El Castigador: Nacimiento. La historia se sitúa en 1971 donde Castle es un capitán de los Marines y se encuentra destinado en una posición cada vez más abandonada mientras la retirada estadounidense comienza a resultar inevitable. Frank no sería simplemente un buen hombre transformado por una tragedia posterior, quizá dentro de él hay una parte que necesita la guerra.
Ennis acompañado por Goran Parlov volvió sobre el personaje años después en El Castigador. El pelotón. Aquí Frank Castle es más joven, durante su primera experiencia de mando en Vietnam. La guerra deja de funcionar como un simple antecedente biográfico y se convierte en una especie de laboratorio moral.
En El Castigador: La caza de Furia, Garth Ennis regresó nuevamente a Vietnam para reunir a Nick Furia y Frank Castle. Furia ha sido capturado por el Viet Cong y conoce secretos cuya revelación podría causar graves daños a los Estados Unidos, por ello la CIA decide enviar a Castle a matarlo.
El planteamiento muestra hasta qué punto Vietnam continúa funcionando como un territorio narrativo para explorar la zona más oscura del universo Marvel con operaciones clandestinas, secretos de Estado, soldados sacrificables y decisiones que difícilmente encajan en el heroísmo tradicional.
The ’Nam el Vietnam sin superhéroes
Si existe una colección imprescindible para hablar de Vietnam en el cómic estadounidense es The ’Nam. Marvel comenzó a publicarla en 1986. Su principal guionista inicial, Doug Murray, había servido personalmente en Vietnam; Michael Golden fue el dibujante de los primeros números y Larry Hama, también veterano de esa guerra, fue el editor.
El primer número presenta al joven Ed Marks llegando a Vietnam después de su instrucción militar. Su primera patrulla funciona como una puerta de entrada para el lector, porque Marks sabe aproximadamente tan poco de aquella guerra como quien abre el cómic.
The ’Nam quería mostrar cómo era estar allí y cada número avanzaría aproximadamente un mes en la vida de los personajes. Vietnam dejaba así de ser el escenario y se convertía en el protagonista. La colección podía permitirse que una patrulla terminase sin victoria, que un personaje desapareciera porque había terminado su periodo de servicio o que una muerte no tuviera ningún significado especial.
DC y el difícil encaje de Vietnam
La editorial tenía una enorme tradición de cómic bélico, donde personajes como el sargento Rock habían convertido la Segunda Guerra Mundial en un territorio habitual de las viñetas; pero precisamente ahí estaba el problema, esa contienda permitía construir un relato heroico mucho más cómodo que Vietnam, que no proporcionaba esa seguridad moral.
En 2006 el sello adulto de DC, Vertigo (Planeta en España), publicó El otro bando, una miniserie de cinco números escrita por Jason Aaron y dibujada por Cameron Stewart con un planteamiento magnífico por su sencillez.
Bill Everette es un joven estadounidense que termina convertido en marine, mientras que Vo Binh Dai es un joven norvietnamita que se incorpora al ejército de su país. La narración avanza alternativamente siguiendo a ambos. Los uniformes e ideologías son diferentes, pero el miedo es extraordinariamente parecido.
Jason Aaron construye una historia con ambos como protagonistas, por lo que el recurso obliga al lector a cambiar constantemente de perspectiva. Ambos creen inicialmente en determinados ideales e irán descubriendo progresivamente la realidad del combate.
Vietnam sin capas y perspectivas más realistas del conflicto
Fuera de las grandes editoriales estadounidenses hay obras como El último día en Vietnam, de Will Eisner, publicado por Norma Editorial. Este cómic es una obra costumbrista donde el autor se centra en los combatientes rasos, con sus problemas y miedos.
De esa misma editorial es necesario resaltar Blazing Combat, donde varios autores narraban la realidad del combate en el país asiático. El proyecto de Archie Goodwin y Jim Warren que mostraba los horrores de la guerra, fueron boicoteados por los militares y grandes mayoristas en los años 60 del siglo XX.
Motofumi Kobayashi mostró las operaciones de la guerra en su obra Vietnam War, publicada por Glénat, en la cual, además de la historia se cuenta con muchos detalles sobre las batallas, junto con mapas de operaciones y gráficos.
En La guerra de Quarry de Max Allan Collins, Szymon Kudranski y Edu Menna, publciado por Cartem Cómics, el autor alterna dos momentos de la vida de Quarry, su servicio como francotirador de los Marines en Vietnam en 1969 y su actividad como asesino a sueldo en Estados Unidos en 1972, donde ambas tramas terminan confluyendo, con especial interés en las secuelas morales de la guerra.
Bomb Road y Misty Mission, ambos de Michel Koeniguer publicados por Norma Editorial, narran dos aspectos de la guerra. El primero muestra la contienda desde la perspectiva de la aviación estadounidense. Un veterano coronel de los Marines recuerda sus misiones aéreas sobre Vietnam, destacando la representación del combate aéreo y la experiencia de los pilotos.
En Misty Mission, la trama sigue a dos amigos de la infancia destinados en Vietnam. Nicholas como piloto y Joshua como un infante. El contraste permite contemplar simultáneamente la guerra desde el aire y desde la jungla, pero también sus consecuencias psicológicas y las dificultades para regresar posteriormente a la vida civil.
El cómic ofrece una perspectiva especialmente interesante. Vietnam apareció en las viñetas mientras la guerra todavía se estaba desarrollando y décadas después regresó convertido en un trauma y objeto de revisión. Incluso algunos de los personajes más conocidos de Marvel nacieron vinculados al conflicto.
La guerra podía presentarse mediante un lenguaje relativamente sencillo de democracia contra totalitarismo, héroes contra villanos. Vietnam resultaba mucho más difícil de contar, porque la propia sociedad estadounidense dejó de ponerse de acuerdo sobre qué significaba aquella guerra y las viñetas comenzaron a reflejarlo.