007 es sinónimo de acción, pero los agentes de inteligencia en el mundo del cómic no solamente se han representado como el icónico personaje de Ian Fleming, sino que han tenido diferentes interpretaciones según cada editorial y autor
El espionaje ocupa una posición singular dentro del mundo cómic porque permite trasladar al terreno de la ficción algunos de los grandes dilemas asociados a los servicios de inteligencia como son el secreto, la razón de Estado, la desinformación, las operaciones encubiertas o la difícil frontera entre la seguridad y la legalidad
A diferencia del superhéroe clásico, cuya actuación tiende a ser visible y cuya identidad moral suele construirse alrededor de una distinción relativamente clara entre los héroes y los villanos, el agente de inteligencia trabaja precisamente allí donde esas fronteras se difuminan.
El cómic estadounidense absorbió muy pronto la tradición literaria y cinematográfica del espionaje. James Bond, John le Carré, la Guerra Fría y posteriormente las operaciones clandestinas constituyen un trasfondo reconocible de muchas historias. Sin embargo, cada editorial lo ha incorporado de manera distinta.
Los servicios de inteligencia en Marvel
Pocas editoriales han incorporado el espionaje de manera tan orgánica a su universo como Marvel. Buena parte de esa tradición gira alrededor de S.H.I.E.L.D., la organización presentada originalmente en Strange Tales #135, publicado en 1965. Nick Furia hasta entonces estaba asociado al cómic bélico, pero se transformó en el director de una organización internacional dedicada al espionaje y la lucha contra amenazas como Hydra.
El cambio resulta significativo. Furia es un profesional de la inteligencia que dispone de agentes, tecnología, operaciones clandestinas y una extensa burocracia. Marvel crea de este modo una institución ficticia que recuerda simultáneamente a la CIA, el FBI y las estructuras internacionales de seguridad, pero adaptada a un mundo que incluye seres superhumanos.
Las historias de Nick Furia, Agente de S.H.I.E.L.D., especialmente las realizadas por Jim Steranko a finales de los sesenta, constituyen uno de los grandes momentos del espionaje en el cómic estadounidense. El lenguaje visual psicodélico de Steranko transforma el espionaje en una mezcla de James Bond, ciencia ficción, Guerra Fría y experimentación gráfica.
Más sombría resulta Nick Furia vs. S.H.I.E.L.D. de Bob Harras y Paul Neary, publicada originalmente por Marvel en 1988. Aquí el enemigo es interno. Furia descubre que la organización a la que ha dedicado su vida puede haber estado infiltrada y manipulada ¿qué sucede cuando el agente deja de confiar en su propia agencia?
Junto a Furia destaca inevitablemente Natasha Romanoff, la Viuda Negra. Su origen como agente soviética permite introducir la lógica de la Guerra Fría directamente dentro del universo Marvel. Su evolución desde la adversaria asociada a la Unión Soviética hasta la agente vinculada a los Vengadores y a S.H.I.E.L.D. reproduce metafóricamente las transformaciones geopolíticas que acompañaron al género.
Otro personaje fundamental es Bucky Barnes, el Soldado de Invierno. Ed Brubaker convirtió al antiguo compañero del Capitán América en una figura estrechamente vinculada a la historia clandestina del siglo XX. La serie El Soldado de Invierno lleva todavía más lejos este planteamiento y muestra a Barnes tratando de neutralizar las consecuencias de su propio pasado clandestino.
La etapa de Brubaker en Capitán América demuestra precisamente hasta qué punto el cómic superheroico puede convertirse en uno de suspense de inteligencia. Sharon Carter, Nick Furia, la Viuda Negra y el Soldado de Invierno sitúan al Capitán América dentro de un mundo donde la amenaza no siempre lleva uniforme.
Finalmente, Marvel creó incluso una versión clandestina de sus propios Vengadores. Vengadores Secretos, iniciada en 2010 por Ed Brubaker, convierte al grupo en un equipo de operaciones encubiertas dirigido inicialmente por Steve Rogers. La diferencia con los Vengadores tradicionales es que no esperan a que aparezca públicamente una amenaza, sino que intervienen preventivamente y realizan misiones que precisamente no deben hacerse públicas.
Marvel convierte así la inteligencia en una auténtica infraestructura paralela del mundo superheroico. S.H.I.E.L.D., Hydra, I.M.A., los servicios soviéticos o los diferentes grupos de operaciones especiales forman una esfera clandestina bajo la espectacularidad visible de los superhéroes. La conclusión implícita es sugestiva, porque mientras los Vengadores pueden salvar públicamente Nueva York, alguien debe averiguar en secreto quién pretende destruirla.
Los espías en el universo DC
DC Comics posee una tradición de espionaje algo menos centralizada que Marvel, pero probablemente todavía más fragmentada y políticamente ambigua. Mientras S.H.I.E.L.D. funciona como el gran referente institucional de Marvel, DC ha construido una red de organismos como Checkmate/Jaque Mate, Spyral, Fuerza X, A.R.G.U.S. y diferentes agencias gubernamentales cuyas competencias se solapan y cuyos objetivos no siempre coinciden.
Uno de sus mejores ejemplos es Checkmate, organización que combina la inteligencia con el contraespionaje y la actividad metahumana. Su propia estructura, basada tradicionalmente en piezas de ajedrez, convierte conceptualmente el espionaje en una partida estratégica donde los individuos pueden acabar reducidos a meros recursos sacrificables.
Este planteamiento alcanza especial relevancia en el crossover La directriz Jano de 1989, que reunió a esta organización con el Escuadrón Suicida y Manhunter, entre otros. La trama presenta una guerra interna entre las agencias estadounidenses, en la cual los organismos del mismo Estado enfrentándose porque desconocen las verdaderas intenciones de los demás.

Muy relacionado con este universo se encuentra el Escuadrón Suicida. Aunque suele interpretarse como un grupo de supervillanos, su verdadera lógica institucional es la de una unidad de operaciones encubiertas. Amanda Waller utiliza convictos metahumanos para ejecutar misiones políticamente comprometedoras cuya implicación gubernamental debe poder negarse.
La negación plausible propia del lenguaje de inteligencia encuentra aquí una representación casi literal, ya que si los agentes son criminales oficialmente prescindibles, el Estado puede negar fácilmente cualquier vinculación con ellos.
Otra aproximación especialmente interesante es el propio Dick Grayson. Tras abandonar temporalmente la identidad de Nightwing, el personaje pasó a trabajar como Agente 37 de Spyral en la serie Grayson (2014-2016), escrita inicialmente por Tim Seeley y Tom King, dibujada por Mikel Janín.

El antiguo Robin debe desenvolverse ahora en un medio donde el secreto y el engaño son las herramientas profesionales. El compañero de Batman deja momentáneamente de combatir a los delincuentes desde los tejados para infiltrarse en una organización cuya verdadera agenda ni siquiera conoce por completo.
También merece destacar a Christopher Chance, Blanco Humano, personaje cuya profesión consiste precisamente en asumir la identidad de personas amenazadas para suplantarlas y convertirse él mismo en el objetivo. Aquí el espionaje, el contraespionaje, la suplantación de identidad y la investigación se mezclan con el género negro. Tom King y Greg Smallwood recuperaron al personaje en la miniserie Blanco Humano.
DC utiliza por tanto el espionaje para introducir una cuestión especialmente incómoda en el universo superheroico: ¿quién vigila a quienes poseen un poder extraordinario? Los servicios de inteligencia aparecen como una segunda capa de control situada detrás de los superhéroes. Pero esa vigilancia genera inmediatamente una segunda pregunta: ¿quién controla entonces a quienes vigilan? Checkmate, Amanda Waller o Spyral muestran que la seguridad clandestina puede convertirse fácilmente en otro poder opaco.
El mundo de la inteligencia en las editoriales independientes
Las editoriales independientes ofrecen probablemente el terreno más fértil para el cómic contemporáneo de espionaje, precisamente porque pueden prescindir de la obligación de insertar sus historias dentro de grandes continuidades superheroicas. El resultado suele acercarse más al thriller político, a John le Carré o al cine de conspiraciones que al enfrentamiento entre superhéroes y supervillanos.
Uno de los ejemplos más destacados es Velvet, de Ed Brubaker y Steve Epting, publicada originalmente por Image Comics entre 2013 y 2016. Su punto de partida subvierte deliberadamente el imaginario de James Bond, porque Velvet Templeton parece ser simplemente la secretaria del director de una agencia de inteligencia, pero descubrimos que fue una extraordinaria agente de campo.
La muerte del principal agente de la organización y la acusación contra Velvet desencadenan una historia de conspiraciones, agentes dobles y secretos de la Guerra Fría. Brubaker sustituye al super espía masculino tradicional por una mujer experimentada que conoce perfectamente los mecanismos internos de la organización que comienza a perseguirla.

Otro caso fascinante es Casanova, de Matt Fraction y Gabriel Bá, publicada originalmente por Image Comics en 2006. Casanova Quinn funciona como una versión hiperbólica y posmoderna del super espía. Más que reproducir a James Bond, Fraction parece desmontarlo y reconstruirlo después mediante la estética del cómic contemporáneo.
Una aproximación mucho más cercana al espionaje profesional se encuentra en Queen & Country, creada por Greg Rucka para Oni Press en 2001. Tara Chace trabaja como agente operativa del ficticio Secret Intelligence Service británico y las historias prestan atención a las misiones y a la burocracia, además del desgaste psicológico, la responsabilidad política y las consecuencias personales de trabajar para un servicio secreto.
Dark Horse también ha desarrollado propuestas especialmente originales. Matt Kindt ha dedicado buena parte de su obra al universo del espionaje y las organizaciones clandestinas. En MIND MGMT, publicada originalmente por Dark Horse desde 2012, imagina una organización secreta cuyos agentes poseen capacidades psíquicas y pueden manipular recuerdos, percepciones e incluso comportamientos colectivos.
El espionaje deja así de consistir únicamente en robar información, porque quien controla la mente puede controlar también aquello que los demás creen que ocurrió. Kindt había explorado previamente este territorio en obras como 2 Sisters: A Superspy Graphic Novel y Super Spy.

AfterShock Comics permite introducir una variante irreverente del género mediante Jimmy’s Bastards, de Garth Ennis y Russ Braun. La serie funciona como una sátira brutal del arquetipo de James Bond. Jimmy Regent es el mejor super espía británico con unas más que discutibles cualidades: arrogante, violento, seductor y aparentemente intocable. Ennis toma todos esos atributos y pregunta qué ocurriría si las consecuencias de décadas de comportamiento irresponsable regresaran literalmente para perseguirle.
El Espía del César de Jean-Pierre Pécau y Fafner sitúan al ficticio galo Coax como el protagonista de una historia unida a Julio César. En este relato de trasfondo histórico, el espía Coax trabaja para el general romano tanto para aportarle información, como para ejecutar operaciones encubiertas, mostrando la utilidad de los agentes de inteligencia desde la antigüedad.
Un guiño de humor a los agentes
El agente secreto era demasiado solemne como para que el humor no terminara apropiándose de él. Pistolas ocultas, contraseñas, disfraces, sofisticados dispositivos, organizaciones clandestinas y villanos internacionales constituyen materiales perfectos para la parodia.
España posee dos ejemplos extraordinarios que pertenecen ya a la historia de su cultura popular como son Anacleto, agente secreto de Manuel Vázquez y Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez.
Manuel Vázquez creó Anacleto en 1964 para la editorial Bruguera. El propio personaje constituye una caricatura evidente del espionaje popularizado por James Bond. La genialidad de Vázquez consiste en enfrentar la imagen ideal del agente secreto con la realidad del antihéroe humorístico.
Anacleto puede enfrentarse a organizaciones criminales internacionales, pero también debe sobrevivir a la incompetencia administrativa, a órdenes disparatadas y a situaciones cotidianas que destruyen cualquier posibilidad de glamour.
Si Anacleto parodia al agente individual, Mortadelo y Filemón convierten en objeto de sátira a toda una organización de inteligencia. Los personajes creados por Francisco Ibáñez en 1958 comenzaron como detectives privados, pero desde 1969 quedaron integrados en la T.I.A., Técnicos de Investigación Aeroterráquea, probablemente una de las organizaciones secretas más incompetentes de la ficción.
El cambio permitió a Ibáñez construir una parodia completa del aparato burocrático de seguridad. Existe una sede central, un jefe: el Superintendente Vicente, un científico responsable de los inventos imposibles: el profesor Bacterio, una secretaria: Ofelia y dos agentes de campo cuya capacidad destructiva suele ser superior a la de los propios criminales que persiguen.
Los mecanismos clásicos del espionaje aparecen constantemente, pero todos ellos quedan sometidos a la lógica del desastre. Los sofisticados mecanismos tecnológicos fallan; los disfraces de Mortadelo resultan simultáneamente imposibles y extraordinariamente eficaces; y las órdenes del Super terminan habitualmente en una persecución contra los propios agentes.
Un ejemplo especialmente apropiado es El pinchazo telefónico, aventura originalmente publicada en 1994 en la que Mortadelo y Filemón deben impedir que una organización criminal intercepte comunicaciones secretas. La trama demuestra que incluso una cuestión tan seria como la interceptación de comunicaciones puede transformarse, bajo la mirada de Ibáñez, en un mecanismo de comedia.
Las aventuras permiten además utilizar la agencia ficticia para satirizar cuestiones contemporáneas. En Corrupción a mogollón, por ejemplo, los agentes investigan un caso de corrupción, mientras que El señor de los ladrillos los introduce en una investigación relacionada con especulación inmobiliaria.
Mortadelo y Filemón introducen así una idea que quizá ningún tratado de inteligencia expresaría del mismo modo como es la que disponer de secretos, tecnología y autoridad no garantiza necesariamente disponer de competencia.
Desde Nick Furia hasta Mortadelo, el cómic ha ofrecido las más variadas representaciones extremas de una misma profesión. Entre ambos extremos se despliega una de las vertientes más ricas del cómic de acción como es aquella donde el verdadero poder no consiste simplemente en poseer fuerza, sino en saber algo que los demás desconocen.








