Panini Comics sigue desenterrando una de las joyas más negras del sello Vertigo con este segundo tomo de Sandman Mystery Theatre
Nueva York, 1938. La ciudad presume de haber dejado atrás lo peor de la Gran Depresión, pero el dinero nuevo convive con callejones donde aparecen cuerpos que nadie reclama. En los salones de la alta sociedad se brinda con champán mientras los periódicos venden titulares de sangre a dos centavos. En medio de todo eso hay un hombre rico que duerme fatal. Wesley Dodds sueña con crímenes, y sus pesadillas no son simbólicas, son avisos concretos que no lo dejan en paz hasta que hace algo con ellos. Para callarlas se pone una máscara antigás, carga una pistola de gas somnífero y sale a la calle como Sandman. Sin capa, sin músculos imposibles y sin ninguna gana de ser un héroe. Ese Nueva York de trajes cruzados, humo de tabaco y moral averiada es el que vuelve a abrir Panini Comics en Sandman Mystery Theatre 2.

Sueños que huelen a depósito de cadáveres
La serie nunca se comporta como un cómic de superhéroes, ni siquiera cuando pasa cerca de uno. Los casos que resuelve Wesley son crímenes de sección de sucesos, con culpables que tienen trabajo, familia y una explicación perfectamente humana para lo que hacen. En este tramo hay un asesino que aplica conocimientos médicos sobre mujeres a las que trata como material de estudio, un carnicero que reparte los restos por la ciudad y un estrangulador obsesionado con el cuerpo perfecto. También hay alguien que se coloca una máscara idéntica a la de Sandman para asaltar a los paseantes de Central Park, lo que sitúa a Wesley en la peor posición posible, la de tener que cazar a un impostor mientras la policía lo busca a él.
Cada caso se despliega en cuatro actos, igual que un serial radiofónico de la época, y eso da a la lectura un ritmo muy reconocible. Lo que cambia de un arco a otro es el peso de lo que ocurre fuera de la investigación. Dian Belmont, hija del fiscal del distrito, deja de ser una acompañante ocasional para convertirse en el otro motor de la función, y su relación con Wesley llega en estas páginas a un punto de no retorno. Por el camino aparece Rex Tyler, un químico que ha fabricado una píldora capaz de darle una hora de fuerza descomunal, y su encuentro con Sandman funciona como el primer boceto de una alianza que la historia de DC Comics ya había escrito décadas antes.

Dos guionistas y un fantasma de la Edad de Oro
El personaje que hay debajo de la máscara antigás es muy viejo. Gardner Fox y Bert Christman lo crearon en 1939, cuando el cómic de superhéroes todavía se estaba inventando a sí mismo, y lo convirtieron en miembro fundador de la Sociedad de la Justicia de América. Durante décadas fue poco más que una reliquia simpática. En 1993, el sello Vertigo que dirigía Karen Berger decidió que aquel hombre de la máscara servía para algo bastante más interesante que el homenaje nostálgico.
Matt Wagner puso la idea sobre la mesa. Venía de crear Grendel y Mage, dos series de autor que ya demostraban su gusto por los personajes que arrastran una obsesión más grande que ellos mismos. Steven T. Seagle se incorporó al guion poco después y acabó firmando la serie a cuatro manos hasta el final. La pareja funcionó porque repartía bien el trabajo, Wagner con el armazón del misterio y Seagle con la textura de unos secundarios que aquí pesan tanto como el protagonista.
Los dos tuvieron después carreras largas y muy distintas. Wagner alternó encargos con obra propia y firmó historias de Batman y de Madame Xanadu. Seagle escribió la novela gráfica autobiográfica It’s a Bird… y cocreó Big Hero 6 para Marvel Comics, el grupo que Disney convirtió en película de animación años más tarde. Conviene recordar también que Neil Gaiman escribió un especial que cruzaba a este Sandman con el suyo, señal de que la casa se tomaba en serio a sus dos inquilinos. Quien llegue nuevo hará bien en empezar por el primer tomo de la colección, porque a estas alturas las relaciones entre los personajes ya vienen con mucho recorrido detrás.

La línea sucia que le va a esta ciudad
El dibujo es la otra mitad del carácter de la serie. Guy Davis trabaja con una línea nerviosa, casi arañada, que reparte la suciedad por igual entre los rostros y los decorados. Sus personajes tienen papadas, ojeras y ropa que cae mal, y sus interiores parecen fotografías de archivo. Fue él quien rediseñó el traje del protagonista para que pareciera ropa comprada en una tienda y no un disfraz, y años después llevaría ese mismo trazo orgánico a B.P.R.D., la serie que dibujó junto a Mike Mignola.
En estas páginas no está solo. Vince Locke se encarga de uno de los casos con un acabado más crudo y granulado. Después dibujaría A History of Violence junto a John Wagner, la novela gráfica que David Cronenberg llevó al cine. Warren Pleece firma otro de los arcos con un estilo de contrastes duros y volúmenes más rígidos que se nota bastante al venir de Davis, aunque respeta la puesta en escena de la serie. El color de David Hornung cose todo eso con una paleta apagada de marrones, verdes enfermos y rojos que solo aparecen cuando tienen que doler.
El resultado es un cómic que envejece de maravilla porque nunca buscó parecer moderno. Este segundo volumen es más duro que el anterior, hace menos concesiones y es el tramo en el que la serie deja de presentarse y empieza a jugar fuerte. Si lo suyo es el noir con crímenes incómodos y personajes que se equivocan mucho, esta es una compra segura. Si viene buscando superhéroes, mejor saberlo antes de abrirlo, porque aquí el heroísmo consiste sobre todo en no mirar hacia otro lado.
Esta edición presentada por Panini Comics viene en un formato de cartoné con un tamaño de página de 17 x 26 cm. y contiene la traducción del Annual 1 y de los números 21 a 36 de la serie original Sandman Mystery Theatre. El tomo contiene 464 páginas a color. El precio de venta recomendado es de 50 € y se puso a la venta en junio de 2026.

Sandman Mystery Theatre 2
Segundo volumen de la aclamada serie de Vertigo con la que Matt Wagner (Grendel) recuperó a Wesley Dodds, el Sandman original de la Edad de Oro de los cómics, mediante una reinterpretación con el mejor sabor noir. Acompaña a Wesley Dodds al periodo de entreguerras, en el que terribles pesadillas lo guiarán a través de un puñado de historias de terror y suspense.
Autores: Matt Wagner, Steven T. Seagle, Guy Davis, Vince Locke, Warren Pleece y David Hornung










