
Pese a no comenzar muy bien su camino, ya que cuando se llevo al senado la propuesta para la ley Sinde, no entendía muy bien todo su significado y aún así la apoyo durante un tiempo, cambió de idea radicalmente en cuanto varios internautas le hicieron ver todo lo que conllevaba y como no era Oro (En este caso para Sinde y sus amigos de la Sgae sí) todo lo que relucía.
Decidió entonces, al ver que muchos de sus compañeros de profesión le daban la espalda, dimitir de su cargo, ya que entendía que no podía ejercer como presidente, cuando no estaba apoyando la nueva ley que la ministra de incultura estaba promoviendo, lo cual, a mi parecer, es digno de quitarse el sombrero.
Para despedirse, pese a que le tacharon de hipócrita y algunos de sus propios compañeros intentaron que no presentase la gala, dio un soberbio discurso explicando la actual situación y como el Cine, debía a los espectadores el seguir existiendo, por lo que necesita una innovación y no una caza de brujas.


