
Por un lado, el cómic está totalmente narrado con una mezcla de flashbacks y escenas que se dan de forma simultánea, por lo que tras mostrarnos unas primeras viñetas en las que plantearán una incógnita en nuestra mente (su protagonista mirando el marco vacío de un cuadro), comenzarán a contarnos una historia que supera notablemente en calidad a la mayoría de películas de robos que se han venido estrenando en los últimos tiempos. Tras esta primera página que he comentado, seremos testigos de un épico robo, que se utiliza a modo de presentación, ayudando al lector a conocer el estilo de actuación del mejor ladrón del mundo, Conrad Paulson. Las siguientes páginas nos irán presentando a todo su equipo habitual, además de conocer la primera toma de contacto de él con su aprendiz, Celia.
Pero lógicamente, un buen ladrón, siempre tendrá detrás a un buen policía, y en este caso el rostro de este recae en la agente del FBI Elizabeth Cohen, quien lleva años siguiéndole la pista, lo que les ha llevado a tener una relación de amor-odio. Conrad esconde su verdadera “profesión” bajo el rol de un consultor divorciado, que dedica su tiempo libre a escribir una novela; pero esto no evita que la agente sepa quien es en realidad y se lo comunique con naturalidad, aunque carezca de pruebas para sentenciarlo.
Lamentablemente para Conrad, quien está intentando redimirse de su vieja vida y emprender un futuro utópico alejado de los robos, su mundo se vendrá abajo cuando su hijo sea detenido por tercera vez, lo que le obligará a tener que tomar una dura decisión, la cual libraría a su hijo de ir a la cárcel, pero le pondría a él en el punto de mira por traidor.

Por otro lado, el dibujo sí que recaerá de forma permanente sobre Shawn Martinbrough, habitual ya de series policiacas o de corte adulto (Punisher, Perdedores o DMZ). Con un dibujo oscuro, cuidado y en el que predomina el uso de sombras, cumple perfectamente el cometido de lograr plasmar en ilustraciones los sentimientos de los protagonistas y la sensación de acción, haciendo que las ilustraciones sean dinámicas, como si de un fotograma se tratara. Una especial mención merece el guiño en el que se ve a un niño jugando con dos muñecos, uno de Orlando Bloom en Piratas del Caribe y otro de un superhéroe que nos recordará a Omni-Man, de Invencible.
Kirkman, como podemos leer en el artículo inicial que tenemos en las primeras páginas del cómic, intenta con esta serie alejarse del mito de que los cómics solo pueden contar historias de héroes que según él están desfasados de nuestra época; queriendo traspasar las barreras de la edad y haciendo que sus obras, sean leídas por un público adulto. Así, nos encontramos con un cómic en el que encontramos una gran dosis de acción, administrada a lo largo de sus páginas de forma equilibrada, teniendo similitudes con películas como Heat.
La edición que Planeta DeAgostini ha publicado en España, la cual consta de 160 páginas, formato rústica y los siete primeros números de la serie, que cierran el primer arco argumental, tiene en su haber tres artículos escritos por los responsables de la serie (Kirkman, Spencer y Martinbrough), además de las portadas originales de cada número recopiladas en su parte final. Bajo mi punto de vista y como ya he ido mencionando a lo largo de este artículo, tenemos ante nosotros un excelente cómic, que se ha convertido en un indispensable dentro de mi colección y que será del agrado de los que busquen una buena historia, además claro está, de los que disfruten con novelas gráficas de corte policiaco, sentando de nuevo las bases para las historias basadas en robos.





