
Hace unos días, me llegó a casa el libro. Una pequeña mole de 570 páginas en tapa blanda que, con todo, se deja llevar y pesa poco. La portada, como todas las de Fantascy, es atractiva y luce muy bien, la única pega es que hay que tratarla con mucho cuidado. Las esquinas tienden a perder el color con el roce y sobre todo, hay que alejar el libro del agua, la portada se resiente a la mínima. En lo que respecta al contenido, tengo que decirlo: lo he devorado como he devorado muy pocos libros de casi 600 páginas. Y es que la novela es genial. Pero vamos por partes, pongámonos en escena: 1931, Howard Phillips Lovecraft tiene 41 años, vuelve a vivir en Providence tras el fracaso de su matrimonio con Sonia Greene y de su vida en pareja en Nueva York. En casa de sus tías, tras la muerte de su madre, Lovecraft se plantea dejar la vida de escritor y encontrar algún trabajo. Su nueva y anodina vida se ve interrumpida por la visita de su viejo amigo y compañero escritor Frank Belknap Long (autor de Los Perros de Tíndalos, que recomiendo muy encarecidamente) que le comunica que alguien se ha puesto en contacto con él para que encontrara el Necronomicón, un libro que el mismo Lovecraft había inventado, un libro inexistente.


En la parte de los personajes, lo vuelvo a repetir: excelente trabajo de Jesús Cañadas. Destacan sobre todo Sonia Greene y HP Lovecraft. La primera es un personaje a recordar, de esos que, casi sin quererlo, destacan más que los supuestos protagonistas. Con sus contradicciones y defectos, su valentía y sus sentimientos encontrados, tenemos en Sonia Greene todo un ejemplo de cómo hacer un personaje creíble y redondo. La frialdad y el misterio que envuelven a Lovecraft, gran parte de su encanto, hacen que no podamos saber qué piensa realmente muchas veces, y que el lector lo vea como un protagonista en el que no se puede confiar. Aun así se intuye, bajo su ensayada capa de solitario, todo un mundo de debilidades y humanidad que confieren mucha fuerza a su caracterización. Este saber hacer a la hora de crear personajes se repite con muchos otros ejemplos a lo largo de la novela y agradezco que sea así. Unos buenos personajes son una parte muy importante de una buena historia.
Hablando de personajes, también habría que mencionar la cantidad exagerada de cameos históricos que salen en la novela. La subasta en Londres es un claro ejemplo de ello, con la aparición, un poco sin venir a cuento, tanto de un joven Salvador Dalí como de un JRR Tolkien que ha venido a pujar por una copia de Beowulf del S. X. Surrealista, cuanto menos. Hay otros personajes históricos que aparecen en la novela, pero prefiero no desvelarlos, porque yo mismo –mi intuición, mejor dicho– me hice un spoiler potente echándole un vistazo a la Relación de Personajes del final del libro y atando cabos sueltos en mi mente.

De principio a fin, esta es una novela que juega con nuestras expectativas. Como lector, nunca sabía qué pensar. Juega constantemente en ese punto entre el más puro escepticismo y el dejarse llevar por la magia y el terror cósmico. En cierto momento, parece que todo tenga una explicación racional; al cabo de nada, parece que es todo fruto de la hechicería y del más allá. Los Nombres Muertos no para de sorprendernos con giro argumental tras giro argumental. Cada nueva revelación me daba un puñetazo en la cara como los que a menudo reciben los protagonistas de la obra. El final, y lo digo sinceramente, es absolutamente inimaginable. Todas las ideas que os vayáis haciendo de cómo acabará la novela mientras leéis no se acercan remotamente a cómo termina.

En fin, el libro que ahora tengo entre mis manos, este Los Nombres Muertos de Jesús Cañadas, es una magnífica obra para todos los fans de la obra de Lovecraft. Recomiendo al 100% su lectura. Personajes redondos, giros de trama geniales, descripciones detalladas y fluidas, diálogos brillantes, este libro lo tiene todo. Fantascy ha sabido apostar por el caballo ganador y Cañadas ha demostrado de lo que es capaz, esperamos impacientes su próximo libro.
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