Muchas de las grandes historias de nuestras mitologías, antiguas y modernas, tienen como punto de partida una búsqueda. A lo largo de los siglos, la imaginación humana se ha nutrido de objetos imposibles, rodeados de un aura de misterio y leyenda. Desde la búsqueda del vellocino de oro por parte de los tripulantes del Argos a los dramas de sueños rotos de poder y riquezas tras un espectro como El Dorado, la fantasía humana da forma física a sus anhelos y esperanzas.

En Trillium, Lemire se embarca en una aventura de ciencia ficción, con tantos matices y mezcla de géneros que, aunque sus premisas huelen a clásico, el resultado final es emocionante y novedoso. Se nota la planificación, el hecho de que la historia encajaba perfectamente en la imaginación de su autor, y tenía muy claro el camino que recorren los protagonistas de este viaje a través de realidades múltiples y búsquedas místicas.
Trillium nos cuenta la crónica de los últimos estertores de la especie humana, en el siglo XXXVIII. La Cuña, un extraño virus inteligente, a masacrado a los humanos y los ha empujado a los confines del universo conocido. Con apenas tiempo, los últimos hombres y mujeres buscan por toda la galaxia el Trillium, la flor que puede curar la devastadora enfermedad. Pero quizá la planta sea sólo el desencadenante de algo mucho más increíble y poderoso, cuando Nika, una científica del futuro, y William, un ex combatiente de la primera guerra mundial, se encuentren entre las ruinas de un templo en el Amazonas, mientras la realidad misma se desmorona.
El escritor canadiense maneja con habilidad una historia compleja en apariencia, pero muy sencilla y orgánica; una vez dentro de la trama de Trillium, avanzaremos sin miedo hacia un universo en metamorfosis, de la mano de dos personajes que se ganan nuestros corazoncitos desde el minuto uno. Ambos son obstinados, aferrados a la idea de que algo más grande que la vida espera en su interminable búsqueda. Una cruzada que quizá los conduzca a la nada más profunda, que los hace dudar de su cordura, que pone en peligro los cimientos mismos sobre los que se sostienen el tiempo y el espacio. Pero hay algo que los empuja, quizá el destino, quizá el hecho de que el aquí y el ahora sean sólo una ilusión.

Con todo este arsenal, Lemire monta una historia que muta y se adapta, que puede ser casi cualquier cosa, desde una aventura en la selva a un descarnado relato de las trincheras en la primera guerra mundial. Pasa de la tragedia del futuro a una aventura colonial con toques steampunk, siempre sobre la base de personajes atrapados en un continuo tiempo destrozado, que abre la mente de los protagonistas a un universo desconocido, temible e impredecible.
Pero si escarbamos detrás de toda la parafernalia argumental de Trilium, lo que se esconde detrás de el despliegue narrativo de Lemire es una historia de amor, más allá del chico conoce a chica o a los clichés del género. Esta historia maneja conceptos más elevados y trascendentes, sin caer en pretenciosas demostraciones de humo y espejos. La historia no esconde sus cartas, no engaña, a pesar de los cambios de escenario y las volteretas cósmicas. Lemire siempre da un poso de melancolía a sus historias, el tono trágico y pesado que personajes con mucho peso sobre los hombros necesitan. Pero este toque lóbrego no es lo mismo que Lemire no crea en sus personajes y sus posibilidades, y maneja los aspectos emocionales con la sensibilidad del que, en el fondo, cree en los finales felices.

Trillium es una bella alucinación, que bebe de tradiciones importantes, que cuenta con trascendencia cosas pequeñas, y las cosas pequeñas se trasforman en una historia más grande que la vida, donde el destino de la humanidad está en juego. Héroes que no quieren serlo tienen la última palabra.
El Trillium es la planta mística, el Árbol de la Vida (de hecho, hay más de una similitud con la magnífica película de Darren Aranofsky), esa sustancia definitiva que abre las puertas de la percepción. Leyendas que tienen referentes tan extraños como el mismísimo William Burroughs, que en las últimas páginas de esa pesadilla alucinógena que es “El Almuerzo Desnudo”, anunciaba que partía hacia la búsqueda de una droga que propiciaba la telepatía y no provoca adicción (propiedades que no andan muy lejos de las que observamos en el Trillium).
En todo caso, una aventura en mayúsculas, en la que no dejan de pasar cosas emocionantes, y contada con emoción. Una obra especial, que ha visto certificada su calidad con una nominación a los premios Eisner.
Ecc son los encargados de traernos Trillium en una ediciónen rústica que recoge toda la serie limitada en un único volumen. Os esperan 192 páginas a todo color y con una buena calidad de papel, que, aparte d ela obra original tiene los consabidos artículos relacionados con la oba, y un útil y curioso “traductor” del idioma de los atabithianos. El precio recomendado de venta al público es de 17,95 euros.
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