Con este artículo, retomamos por tercera vez en nuestra web el ya comentado asunto de los carismáticos villanos que, pese a verlos actuar con una crueldad inusitada, en el fondo nos alegra que escapen de la justicia, ya que parte del encanto de ese tipo de personajes reside precisamente en esa insólita habilidad para conseguir huir siempre en el momento preciso. Evidentemente, con solo echar un vistazo al título del artículo o a la imagen que lo encabeza, queda bastante claro que estamos hablando del malvado Fantômas, personaje que el cineasta André Hunebelle supo trasladar con corrección desde las novelas hasta el séptimo arte. Contando con el beneplácito del escritor Marcel Allain (co-autor, junto a Pierre Souvestre del personaje), el director ha llevado a cabo tres entretenidas películas protagonizadas por este singular criminal: ‘Fantômas‘ (1964), ‘Fantômas vuelve‘ (1965), ambas ya reseñadas por este redactor, y ‘Fantômas contra Scotland Yard‘ (1967), que es el filme que analiza este artículo.

En esta ocasión, pese a tratarse de la tercera entrega de la saga, no contamos con ninguna escena animada que nos resuma las películas anteriores. No obstante, casi al principio del filme, Fantômas le muestra a una de sus víctimas un vídeo que recoge algunas de sus logros que hemos podido ver en las dos primeros largometrajes, lo cual no deja de ser algo incoherente, ya que, si el villano cuenta con esas imágenes es porque alguien las ha grabado para él, hecho del que no se ha dejado constancia en ninguna película.

Al igual que en las dos entregas anteriores, los géneros de humor, aventuras e intriga se vuelven a mezclar en este entretenido film, el cual, sigue ofreciendo a los espectadores un argumento con ciertos tintes de ingenuidad, además de continuar idiotizando demasiado a algunos de sus personajes (hasta el punto de hacerles vivir situaciones completamente inverosímiles), aunque todo ello no es impedimento para mantener al espectador pegado al sillón durante todo su metraje.
Como ya comentamos en el artículo anterior, si bien los efectos visuales del filme original eran de una calidad aceptable, los de la segunda entrega resultaban algo menos creíbles, ya que, cuando veíamos a los personajes montados en vehículos, se apreciaba claramente que el paisaje que podíamos contemplar a través de los ventanales del coche era, en realidad, una serie de imágenes proyectadas en una pantalla. Este poco logrado efecto vuelve a dejarse ver en este filme, aunque hay pocas escenas en las que se haga uso de él, con lo que no molesta demasiado. Aunque también es de justicia destacar que el añadido de escenas ajenas al filme, que llaman la atención por estar rodadas en blanco y negro, descolocan un poco al espectador. Por supuesto, nunca podemos olvidar que la película que estamos analizando es de la década de los sesenta.
Como relatamos en los anteriores análisis, si eres fan de las películas de género policiaco y las comedias, lo pasarás bastante bien con este entretenido largometraje, pero si además conoces la obra literaria de Marcel Allain y Pierre Souvestre y has disfrutado de las aventuras impresas del criminal Fantômas, sin duda esta película esta hecha para ti, aunque es preferible haber visto los dos largometrajes anteriores, ya que, aunque el filme se entienda por sí solo, lo disfrutarás más si lo ves como parte de la trilogía a la que esta película coloca su broche final.


