
Desde 1886, año en que Robert Louis Stevenson escribió en un tiempo record (según el propio autor, en tres días) la afamada novela ‘El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde‘ son muchas las adaptaciones cinematográficas llevadas a cabo sobre el protagonista del libro en cuestión, el cual ha servido de inspiración para la creación de varios personajes de cómic, como son los evidentes casos del Hulk de Marvel o el Dos Caras de DC. No obstante, si en algo coinciden la mayoría de las representaciones cinematográficas es en plasmar a mister Hyde dentro de la figura de un hombre enorme y grotesco, tal y como podemos ver en filmes como ‘La Liga de los Hombres Extraordinarios’ (2003) o ‘Van Helsing’ (2004).
No obstante, es de agradecer que existan otras versiones en las que podemos ver un mister Hyde de aspecto mucho menos terrorífico, pero no por ello menos perverso, tal y como Robert Louis Stevenson lo planeó en su novela. Un buen ejemplo de ello lo tenemos, sin ir más lejos, en la película que analiza este artículo: ‘Las dos caras del doctor Jekyll‘ (1960).
El filme, dirigido por Terence Fisher, cuenta con 84 minutos de duración y está protagonizada por Paul Massie (que interpreta las dos identidades del protagonista), Dawn Addams (como Kitty Jekyll) y Christopher Lee (en el papel de Paul Allen).

La parte más negativa de que un personaje haya sido versionado varias veces es que las comparaciones entre los distintos actores son inevitables y, frente al trabajo llevado a cabo por Fredric March en ‘Doctor Jekyll y mister Hyde’ (1931), la interpretación de Paul Massie sale perdiendo, pese al hecho de que el filme que aquí analizamos es en color, mientras que el mencionado largometraje protagonizado por Fredric March es blanco y negro, como da a entender la fecha en que fue rodado.
Teniendo en cuenta lo referido en el párrafo anterior, resulta bastante curioso que la película cuente en su reparto con un actor del talento de Christpoher Lee, ya que lo relega a un rol de menor trascendencia, cuando quizás hubiera sido más correcto que él se hubiese encargado del papel del doctor Jekyll.
Hay que reconocer que la puesta en escena del filme es tan correcta que al espectador no le cabe ninguna duda de que se encuentra en la ciudad londinense de finales del siglo XIX, la cual mantiene toda su majestuosidad de principio a fin, lo cual ofrece un curioso contraste con el ánimo del protagonista que, si bien se muestra en su punto más álgido al inicio del filme, va menguando gradualmente hasta el final, donde podemos observar la decadencia a la que te puede llevar el jugar con fuerzas que ningún ser humano debe intentar controlar.
Pese a hallarnos frente a una versión de 1960, año en que no se podía contar con unos efectos especiales de gran magnitud (como se demuestra en el hecho de que el actor siempre dé la espalda a la cámara durante sus transformaciones), es de recibo reconocer que presenta algunos momentos bastante conseguidos, como la escena de la conversación que mantiene el doctor Jekyll con la imagen reflejada de mister Hyde en un espejo.
En definitiva, podemos evidenciar que, sin tratarse de una película sobresaliente, tiene bien claro lo que quiere contar y lo relata de una forma clara y concisa. Por tanto, si eres fan de las películas protagonizadas por personajes clásicos del terror, en general, y del doctor Jekyll y mister Hyde, en particular, aquí tienes una buena oportunidad de conocer una correcta visión rodada mucho antes de que el mundo del cine se hiciera dependiente de los actuales efectos especiales de Hollywood.




