
Sin embargo, no es nada raro que en el mundo del noveno arte se haga referencia a hechos acaecidos con anterioridad a todo lo narrado anteriormente y, de este modo, se nos presente a antiguos personajes cuya existencia nos era completamente desconocida hasta entonces, como es el caso de Kwaku Anansi, al que hay que recordar por haber sido el primer hombre araña del mundo.


No obstante, cuando ya no le quedó ningún lugar que visitar ni ninguna altura a la que trepar, Kwaku Anansi no se conformó. Su anhelo era dejar atrás el horizonte conocido, para lo cual debía alzarse más alto de que lo que ningún hombre hubiera subido jamás y alcanzar el mismísimo cielo, donde podría encontrarse con el dios Nyame, el guardián de las historias del mundo pasadas, presentes y futuras.
Y con esa determinación, Kwaku Anansi trepó más tiempo del que las palabras pueden describir hasta que desapareció de la vista del mundo mortal. Cuando, finalmente, logró su objetivo, interrogó al dios Nyame sobre sus historias y su sabiduría, tanto del mundo mortal como del más allá, pero la respuesta que obtuvo era que debía pagar un alto precio a cambio. No obstante, Kwaku Anansi estaba dispuesto a cualquier cosa, con la excepción de abandonar a la gente que lo necesitase. Nyame aceptó e hizo desaparecer a su nuevo servidor del mundo de la vigilia. No obstante, su conocimiento fue transmitido a sus hijos, quienes tejieron su historia y las aprendidas del dios Nyame en redes propias.
Desde aquel día, las telas de las arañas cuentan las enseñanzas de la mencionada deidad, acerca de lo que es y de lo que todavía no ha sido. Todas esas historias se encuentran a nuestro alrededor, pero solo son aptas para aquel que sepa leerlas.
Kwaku Anansi, fiel servidor de Nyame, cada vez era más araña y menos hombre. Aunque nunca jamás pudo volver al mundo terrenal, era capaz de ver a través de los ojos de los arácnidos que viven entre nosotros y, en cierta ocasión, eligió a un estudiante que asistía a un experimento con radiación como su representante humano. Su nombre era Peter Parker.
Está más que claro que, cuando Stan Lee y Steve Ditko crearon a Spiderman, algo así nunca se les había pasado por la mente, pero la verdad es que, mientras no entres en contradicción con el material clásico, no hay nada de malo en añadir nueva información acerca del origen de uno de los personajes más icónicos de la Casa de las Ideas.





