miércoles, noviembre 25, 2020

El chico de la semana: Leonard Elkhart

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Leonard ElkhartA lo largo de sus amplio recorrido editorial, héroes, villanos y secundarios habituales se han cruzado con personajes de escasa o nula importancia, que el lector tiende a olvidar nada más darle la vuelta a la página. Puede tratarse de un civil en peligro, un atracador de poca monta o un transeúnte que el artista de turno ha decidido dibujar al lado del protagonista. Lo más seguro es que ese personaje no vuelva a aparecer, de modo que no hay ningún motivo para que debamos retenerlo en la memoria. Por supuesto, siempre hay excepciones, como es el caso de Leonard Elkhart, cuyo escaso encuentro con el simbionte alienígena que Peter Parker se trajo de las Guerras Secretas tuvo mayor relevancia de la que pueda parecer en un principio, tal y como se relata a continuación:

Como todos sabemos, después de que el Todopoderoso se llevara a un gran número de héroes y villanos a otro planeta, para ver quién ganaría una batalla entre el bien y el mal, prometiendo cumplir los deseos del bando vencedor, Peter Parker regresó a la Tierra con un nuevo traje, obtenido en Secret Wars nº 8 (1984), por obra de Jim Shooter y Mike Zeck. Sin embargo, lo que le héroe ignoraba era que, en realidad, se trataba de un simbionte alienígena, que pretendía manejar a Spiderman a su antojo. Cuando el trepamuros fue consciente de ello, acudió a Reed Richards, líder de los Cuatro Fantásticos, que consiguió separarlo del traje mediante un arma sónica, tal y como se puedo ver en The Amazing Spider-Man nº 258 (1954), escrito por Tom DeFalco y dibujado por Ron Frenz. Así, Peter Parker se vio libre de su influencia hasta que el simbionte, tras escapar del Edificio Baxter, regresó a por él, como se mostró en Web of Spider-Man nº 1 (1985), por obra de Louise Simonson y Greg LaRocque.

Lo que pasó después es historia conocida: Peter Parker usó el sonido de las campanas de una iglesia para separarse del simbionte, que se refugió allí a la espera de la llegada de la persona adecuada. Sin embargo, antes de su reencuentro con el alter ego de Spiderman, la criatura alienígena, nada más escapar del Baxter, utilizó como efímero e involuntario huésped a un hombre cualquiera que, casualmente, paseaba por la zona. Después de utilizarlo para llegar hasta el edificio donde se encontraba el apartamento de Peter Parker, con brusco aterrizaje incluido, el simbionte abandonó a su portador, el cual se encontraba confundido e incapaz de recordar lo que acababa de suceder, anécdota que Al Milgrom y Herb Trimpe se encargaron de narrar en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man nº 99 (1985). Cumplida su función, sería lógico que no volviéramos a tener noticias de él y nos olvidáramos de su existencia, pero, como comprobarás a continuación, no ha sido así.

Leonard

La historia de este personaje, que ya habrás adivinado que no es otro que Leonard Elkhart, se nos narra en Absolute Carnage: Symbiote Spider-Man One-Shot (2019), con guion de Peter David y dibujos de Franscesco Mobili (aunque en nuestro país se ha incluido en el número 13 de la actual El Asombroso Spiderman, de reciente publicación). Su historia es la de un juez divorciado y padre de un hijo adolescente, que abandonó Indiana para conocer Nueva York, donde quedó fascinado al poder ver de cerca a grandes héroes como Spiderman, Thor, el Doctor Extraño o el Capitán América, o lugares tan emblemáticos como el Edificio Baxter.

Héroes de Nueva York

Sin embargo, después del escaso tiempo que el simbionte hizo uso de él, Leonard Elkhart, incapaz de comprender lo sucedido, lo achacó a un posible atraco, un desmayo y una posterior amnesia, por lo que le pareció oportuno hacer una visita al médico, el cual, por supuesto, no le encontró nada raro. Por tanto, acompañado de su hijo Dan, decidió ir a comer a un Kwikeeburger. Por desgracia, era el mismo lugar en el que se encontraba la señora Dodson, alter ego de la villana conocida como Coneja Blanca, que había acudido al local para desayunar un burrito, pero perdió los estribos cuando le comunicaron que pasaban siete minutos de las once, hora a la que se cerraba ese servicio.

El estallido de violencia del alter ego de Coneja Blanca hizo necesaria la intervención de la policía, que se encargó de reducir a la villana. Sin embargo, el juez asignado no fue otro que Leonard Elkhart, quien, por supuesto, había sido testigo de lo sucedido. La acusada fue condenada a un mes de reclusión sin fianza, a la espera de la siguiente audiencia. Por desgracia, la Coneja Blanca logró escapar y, ataviada con su ropa de villana, hizo una visita a domicilio a Leonard Elkhart, al que apuntó con una pistola. El hijo del juez se puso delante de su padre, con el fin de protegerlo y, aunque el arma resultó ser de mentira, el joven Dan, que tenía el corazón débil, murió de la impresión.

Aunque la villana se sentía culpable de lo sucedido y trató de reanimar al muchacho, usando las descargas eléctricas generadas por sus guantes, todo fue inútil. Por si el trágico acontecimiento no hubiese sido suficiente para hundir a Leonard Elkhart, su ex-mujer Lorraine hurgó más en la herida, culpando al juez por haber insistido en seguir ejerciendo en un peligroso trabajo que le había costado la vida a su hijo. Aquello llevó al hombre a tomar la determinación de eliminar a la verdadera culpable: Coneja Blanca.

Por tanto, armado con una pistola de plástico que su ex-mujer le había regalado hace años, y que nunca había usado hasta ese momento, Leonard Elkhart irrumpió en la sala en la que se estaba juzgando a la señora Dodson por el asesinato de Dan. Sin embargo, en el forcejeo que se produjo con el fin de evitar el crimen, el arma se disparó e hirió mortalmente al taquígrafo del tribunal. Para acabar de empeorar la situación, mientras Leonard Elkhart era detenido, la villana logró escapar gracias un gigantesco engendro mecánico, con forma de conejo, que atravesó la pared para acudir a su rescate. Antes de escapar, la señora Dodson le dijo que los dos habían matado alguien de manera accidental, de modo que no eran tan diferentes.

Leonard Elkhart se declaró culpable y, una vez en la cárcel, se convirtió en víctima del resto de reclusos, los cuales querían vengarse del juez que los había enviado a prisión. Sin embargo, al notar que no intentaba defenderse, porque consideraba que ese era el castigo justo que merecía por haber cometido un asesinato, las palizas comenzaron a cesar, ya que dejaron de resultar divertidas.

Con el paso del tiempo, las revisiones médicas de la prisión revelaron que Leonard Elkhart padecía cáncer. Sin embargo, en lugar de alarmarse por ello, le pareció correcto, ya que no le quedaba ningún motivo para querer seguir viviendo. Un día, por la ventana que da a la calle, recibió la visita de Coneja Blanca, que se había enterado de su enfermedad terminal y quería darle el pésame y ofrecerle su amistad. Sin embargo, desde el otro lado de las rejas, Leonard Elkhart tuvo un encuentro con una persona muy distinta. Se trataba de Cletus Kasady, alter ego de Matanza, que estaba tratando de hacerse más fuerte mediante la asimilación de todos los pedacitos de simbionte que hubiera repartidos entre los diferentes huéspedes.

Como Leonard Elkhart fue, por un breve periodo de tiempo, utilizado por la criatura alienígena que acabó siendo conocida como Veneno, Matanza entró en su celda y lo asesinó, algo por lo que el hombre se sintió agradecido, ante la atónita mirada de Coneja Blanca, que seguía asomada a la ventana.

Por tanto, la próxima vez que nos encontremos en las viñetas con un personaje que nos parezca intrascendente, mejor será que nos lo pensemos dos veces antes de estar completamente seguros.

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