Reseña de Maestros, de Steve Skroce

Maestros Portada
El tomo de Maestros publicado por Norma

Bueno, seguro que esta historia te suena: Un joven heredero de un gran poder se ve obligado a adoptar su destino y enfrentarse a un mal definitivo mientras aprende que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Sí. Efectivamente. Has leído/visto/jugado centenares de productos culturales sustentados sobre esta trama. El viaje del héroe de marras está en todas partes, y lo mismo está un poco visto, ¿Verdad? Puede que esto de ‘Maestros’, la nueva serie de Steve Skroce, es un refrito poco sutil de un millón de cosas.

Lo mismo.

Algo de ese refrito tenemos, no lo vamos a negar. Pero vamos a partir de la premisa de que, a estas alturas, ser original está entre lo imposible y lo improbable. Es más, voy a subir la apuesta: Ser original no está en lo que te cuentan, si no en cómo te lo cuentan. Ahí es donde empiezan los aplausos para este desmadre divertidísimo perpetrado por un autor que no quiere sorprender a nadie, tan solo reventar desde dentro milenios de tradición narrativa.

Skroce se adentra en los procelosos caminos de las trama clásica del viaje del héroe, como comentaba al principio de esta crítica. De los conceptos mítico religiosos a las fantasías al estilo Tolkien o la saga de Harry Potter, ‘Maestros’ está pensado como desquiciado divertimento para el autor y, por supuesto, los lectores. El humor, bastante bruto, es el pilar sobre el que se sostiene la apuesta de este guionista y dibujante, pero aderezado con un despliegue de imaginación que deja para el recuerdo todo un cosmos mágico de seres, razas, dimensiones y objetos.

‘Maestros’ cuenta la historia de… bueno, los Maestros. Básicamente, son una dinastía de seres poco menos que divinos, capaces de crear universos, y destruirlos, a capricho, gracias al manejo de la magia más poderosa de la existencia. Lo malo de ser un pseudodios enervante y altivo es que dejas bastantes enemigos por el camino, así que el último de los maestros ha sido asesinado junto con todos sus herederos, dejando un peligroso vacío de poder.

¿He dicho todos sus herederos? Pues no es verdad. Queda el último rescoldo de esperanza en Willy, el desheredado hijo terrestre del Maestro, expulsado a su mundo de origen tras resultar una decepción constante para el cruel todopoderoso mago. Willy sobrevive como hechicero de poca monta vendiendo sus habilidades a humanos codiciosos (y forrados). Efectivamente, no es un dechado de virtudes. Pero, ante la situación límite, no tiene más remedio que volver al hogar, aceptar su posición, derrotar a sus enemigos, hacer frente a las intrigas y conspiraciones palaciegas, demostrar que no es el inútil que todos creen y no convertirse en un cretino, como todos sus ancestros, por el camino.

Maestros Imagen
Maestros y sus problemillas mágicos

Skroce, a pesar del tono ligero que muestra la obra en todo momento, se toma muy en serio la apuesta. Sí, hay humor grueso, ultraviolencia desde la viñeta uno, espíritu bastante macarra y muchas ganas de hacer el gamberro por parte del autor. Al mismo tiempo, equilibra ese tono burlón con la construcción de personajes, que resultan entrañables, cercanos. Willy es una genialidad de protagonista, la clase de tío con el que no te importaría tomar una caña después de salvar el universo. No es un canalla henchido de cinismo al uso de los antihéroes que pueblan últimamente los productos audiovisuales. En el fondo, tiene un código moral mientras hace por sobrevivir. Y sí, es un poco cobarde, listillo, bocazas, e incluso petulante. Pero es buena gente, y quiere hacer cosas buenas.

Ese carácter se ve iluminado, además, por la presencia del nutrido grupo de secundarios, tanto aliados como enemigos, que hacen que veamos todas las virtudes de este atípico protagonista, héroe a su pesar pero héroe al fin y al cabo.

Skroce empieza con el acelerador a tope, y  es que tenemos destrucción y derramamiento de sangre desde, literalmente, la primera viñeta. Eso sí, como guionista sabe muy bien cómo se manejan los tiempos, y equilibra de manera elegante esos momentos de caos sanguinolento con la dosificación de la historia. Los flashbacks al pasado de Willy y la historia de insípidos desencuentros con su familia mágica ayudan a poner en contexto al protagonista, tanto su presente como la difícil papeleta a la que tiene que hacer frente como ser más poderoso de la creación.

En el apartado visual, ‘Maestros’ es una auténtica gozada. Quizá se puede achacar algo de estatismo a los personajes dentro de la viñeta, pero hay tal despliegue de imaginación, situaciones, visión de la narrativa visual y cuidado en el detalle que se perdona cualquier traspiés. Skroce disfruta cada viñeta, cada página, y hay una sensación de continuidad gráfica y sentido completo de la obra que es complicado no disfrutar de las distintas demostraciones de habilidad del artista. Disfruta imaginando monstruosidades del abismo, goza con el fabuloso caos controlado que en ocasiones impregna la página, llenando hasta el delirio de personajes cada rincón de la viñeta. Las explosiones de violencia se completan con enormes dosis de humor negro que hacen que se escapen sonrisas cómplices y culpables, y cada excentricidad es ejemplo de libertad creativa.

Maestros Batalla
Épica cósmica

Principalmente, me quedo con eso, la sensación constante de que Skroce realiza el cómic que él quiere como quiere, sin dar cuentas a nadie salvo a los lectores. Subvierte esos relatos de los que se nutre a base de mala uva e intenciones sanas de comedia disparatada y salvaje. ‘Maestros’ sorprende por la gran combinación entre épica cósmica y ligereza de puro y duro entretenimiento, sin más pretensiones.

‘Maestros’ me ha sorprendido por la sencillez con la que construye todo un universo con reglas propias, sin complicarse por esa enormidad. Fluido, orgánico, sangriento y demencial, este cosmos creado por Skroce me ha enganchado. Espero que con vosotros, futuros lectores, tenga el mismo efecto.