miércoles, agosto 17, 2022

Reseña de El Zorro, de Alex Toth

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Era en el surrealista pueblo de Amanece que no es poco, mítica comedia de José Luís Cuerda, donde se sentía verdadera devoción por Faulkner. Pues en La casa de El por Faulkner no lo tengo muy claro, pero por Alex Toth tenemos devoción, reverencia, admiración y veneración. El legendario dibujante dejó para los aficionados a la viñeta algunas de sus páginas de oro, y gracias a la editorial Moztros, los lectores españoles nos reencontramos con el maestro en la acción trepidante de ‘El Zorro’.

ALEX TOTH, MAESTRO DE MAESTROS

Es curioso cómo Toth no es recordado con tanto énfasis si comparamos el predicamento que tienen algunos de sus contemporáneos. Si esto es así, como han señalado muchos críticos y divulgadores, es porque Toth no tiene una obra identificativa, como podrían ser los 4F de Kirby o el Nick Fury de Steranko, por poner un par de ejemplos de innovación visual en el medio. Toth fue un espíritu libre, obsesivo de la experimentación con las posibilidades del cómic, lo que le llevó a tratar todo tipo de temáticas y ser una especie de nómada del medio.

Sin embargo, si hay que escoger una obra de toda la producción de Toth que sea realmente identitaria y trascienda el tiempo es su aportación a la mitología del justiciero enmascarado primigenio, El Zorro. Lo curioso es que no es, ni mucho menos, el mejor trabajo del legendario autor, pero puede que sea lo más parecido a una estancia perecedera en un título concreto.

En aquellos lejanos años 50, El Zorro vivía una nueva inyección de popularidad en el imaginario del espectador gracias a la serie de televisión producida por Disney. La productora siempre ha estado un paso por delante en lo que exprimir el éxito se refiere, así que no tardaron en lanzar aventuras del justiciero en otros formatos. Si la televisión era la novedad, el cómic ya estaba afianzado entre el público infantil y juvenil, así que las correrías de Diego de la Vega y su alter ego acabaron plasmadas en viñetas.

REBELDE CON CAUSA

Aquí es donde Alex Toth, dibujante de contrastada carrera a sus espaldas, se encarga del serial, tanto en el guion como en el terreno artístico. La trepidante acción de los episodios televisivos, repletos de duelos a espada y persecuciones a vida o muerte, significaban, a priori, un buen campo para sacar a relucir la brillantez cinética del estilo de Toth y el dominio total de narrativa y personajes sobre la página.

El Zorro Toth
La trepidante acción de El Zorro

No podía ser de otra forma, los problemas no tardan en aparecer. La inferencia de los productores de la serie se hace palpable en cada aspecto del proceso creativo, cosa que saca de quicio a Toth. Para empezar, exigen total fidelidad a los guiones de la serie, cosa que lastra las ideas del propio artista que considera (y con razón), que son demasiado lineales y repetitivos. Además, esta circunstancia obliga a Toth a centrarse demasiado en los diálogos, que restan espacio a las escenas de acción donde el artista podía lucirse.

Alex Toth acabó abandonando el serial tras solo 16 entregas, cansado de lidiar con una visión demasiado estrecha de las posibilidades de la colección. Aún así, y contra viento y marea, dejó para el recuerdo una obra que sí, es cierto, podía haber sido algo más; sin embargo, se ven trazos de su genio en cada página, incluso en las escenas aparentemente anodinas y faltas de garra.

El sentido del ritmo, de la narración secuencial con no pocos elementos cinematográficos prestados para la ocasión, el dominio total de los espacios y de los protagonistas como dueños de la viñeta, convierten la lectura de El Zorro en una gozada visual que sigue impresionando a pesar del tiempo transcurrido. El estilo inconfundible de Toth, casi expresionista, de sombras y ligereza en el trazo que contrasta con las poderosas tintas, es pilar inexcusable para entender la evolución del cómic como medio de expresión artística.

EL ZORRO, DELICIA VISUAL

No cabe duda de que es gracias a esta demostración gráfica por lo que El Zorro ha trascendido hasta nuestros días. La crítica del propio Toth a la estructura del serial es totalmente cierta. Los episodios tienen pocas sorpresas; la visión totalmente naif de las aventuras de este Zorro, aunque es totalmente hija de su época, resta emoción al conjunto.

Esto no es excusa para el disfrute de las maravillosas escenas de acción. También confieso mi total entusiasmo por el cine clásico de espadachines. Para mí, las viejas películas de piratas o justicieros de estocada fácil, es tan emocionante como la producción más colorida y desatada de Marvel. Son la misma cara del entretenimiento sin complejos, con el movimiento y la sucesión de acontecimientos de manera vertiginosa como elemento primordial.

Así que, cuando Toth saca a pasear sus referencias, se desenvainan los floretes y empieza el baile, El Zorro alcanza su verdadera naturaleza, a pesar incluso de los restricciones impuestas por los mandamases. Sin necesidad de muchos artificios, de manera casi orgánica, el genial dibujante consigue efectos visuales que atrapan los sentidos del lector.

Toth sí que llegó a plasmar su ideal de cómic de aventuras en la indispensable Bravo for adventure, donde gozó de total libertad creativa. Pero es en El Zorro donde empieza el laboratorio gráfico que obligó a Toth a buscar salidas para todos los impedimentos que encontró en su propia andanza. Yo me quedo incluso, como ejemplo de la capacidad de experimentación de este artista, con sus aportaciones a los títulos de terror de la Warren.

La editorial Moztros recopila en un volumen imprescindible todo el trabajo de Toth en El Zorro, que marcó la imaginería alrededor del personaje desde entonces. Se incluye para la ocasión un extra en forma de aventura perpetrada por Howard Chaykin (otra leyenda del medio y fervoroso admirador de Toth) con Eduardo Risso a los lápices. De lujo.

El Zorro es poderío visual y seña de identidad de un artista único, del cual los ecos de su obra todavía resuenan en el noveno arte. Pura historia del cómic

CRÍTICA

Guion
Dibujo
Edición

RESUMEN

Moztros recupera una obra mítica del legendario Alex Toth

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