Hay algo profundamente reconfortante en encontrarse con una película que no teme ser ingenua en los mejores sentidos de la palabra. “Angelo en el Bosque Misterioso”, la nueva propuesta de Vincent Paronnaud y Alexis Ducord, es precisamente esa clase de obra que nos recuerda por qué el cine familiar puede ser tan poderoso cuando se hace con corazón genuino.
Angelo en el Bosque Misterioso: un viaje que comienza con una separación
Angelo, de 10 años, sueña con convertirse en explorador y zoólogo. Cuando emprende el viaje con su familia para visitar a su querida abuela, sus padres, distraídos, lo dejan atrás en un área de servicio. Dejado a su suerte, Angelo decide atravesar el bosque en busca de su familia. Se adentra en un mundo oscuro y misterioso habitado por extrañas criaturas, algunas más amigables que otras…
La historia de Angelo, un niño de 10 años con sueños de explorador que se ve abandonado accidentalmente en un área de servicio, podría sonar familiar en su planteamiento. Pero lo que hace especial a esta película es cómo transforma lo que podría ser una premisa angustiante en una aventura llena de descubrimientos y crecimiento personal.
Vincent Paronnaud, conocido por llevar a la pantalla el cómic “Persépolis” de Marjane Satrapi, demuestra aquí una faceta completamente diferente pero igualmente cautivadora. Su transición hacia el público infantil no representa una simplificación de su arte, sino más bien una destilación de lo esencial: la capacidad de contar historias que resuenen en múltiples niveles generacionales.
Angelo en el Bosque Misterioso es la adaptación de Vincent Paronnaud de su cómic Dans la forêt sombre et mystérieuse, publicado en 2016 y galardonado con un Pépite d’or en el Salon du Livre Jeunesse de Montreuil.
La magia técnica del 3D con alma artesanal
La colaboración con Alexis Ducord trae consigo una experiencia técnica que se nota en cada fotograma. El uso del software Unreal para la animación 3D logra algo poco común: mantener la esencia grotesca y expresiva de los dibujos originales de Paronnaud mientras abraza las posibilidades del formato tridimensional.
Los personajes que Angelo encuentra en su travesía (desde la entrañable Zaza hasta el memorable Goouh, esa criatura vegetal con toques de Miyazaki) están diseñados con un amor por el detalle que se siente en cada movimiento. Incluso Fabrice, la ardilla que sueña con volar, se convierte en un símbolo hermoso de que “intentar es suficiente”, una filosofía que permea toda la película.

Mensajes que no sermonean
Lo que más se agradece de esta producción es su resistencia a caer en el didactismo fácil. Sí, hay un mensaje ambiental con Ultra y sus secuaces secando “las fuentes de la vida”. Sí, hay reflexiones sobre la identidad y la aceptación. Pero todo esto se presenta con la ligereza de quien sabe que los niños captan las ideas importantes sin necesidad de subrayarlas con marcador fluorescente.
Como bien dice Paronnaud en las entrevistas, “odio el aspecto de pedagógico a toda costa”. Esta filosofía se refleja en una narrativa que permite que sus personajes sean imperfectos, que las situaciones no siempre tengan resoluciones perfectas, y que el humor surja de manera natural sin forzar las carcajadas.
Para toda la familia, de verdad
“Angelo en el Bosque Misterioso” logra ese equilibrio difícil de conseguir: ser genuinamente para niños sin aburrir a los adultos. Las referencias sutiles, el humor que funciona en varios niveles, y la honestidad emocional de la historia hacen que padres e hijos puedan disfrutar juntos sin que ninguno sienta que está haciendo un sacrificio.
La película nos recuerda que los mejores cuentos para niños son aquellos que no tienen miedo de tocar temas complejos – la muerte, la separación, la diferencia – pero lo hacen desde un lugar de esperanza y aventura.
Veredicto final
Con una duración perfecta de 81 minutos, “Angelo en el Bosque Misterioso” es esa clase de película que deja una sonrisa cálida y la sensación de haber compartido algo especial. No es perfecta, pero sus imperfecciones son parte de su encanto, como las de Angelo mismo en su viaje de autodescubrimiento.
Es cine familiar hecho con respeto hacia su audiencia, sin condescendencia pero con toda la dulzura necesaria para recordarnos que a veces, lo más valioso de un viaje no es llegar al destino, sino todo lo que descubrimos en el camino.
Una película recomendada para niños de 6 años en adelante y para cualquier adulto que no haya perdido completamente su capacidad de asombro.
Angelo en el Bosque Misterioso se estrenó el pasado 19 de septiembre.


