Creepy, la serie de terror más mítica del noveno arte, regresa de la mano de Planeta Cómic en dos nuevas entregas llenas de historias alucinantes
Hay cómics que nunca mueren, que se resisten a envejecer aunque tengan medio siglo encima. Creepy es uno de ellos. Esa mezcla de revista pulp, cuento de terror corto y laboratorio creativo convirtió cada entrega en un festín de sustos y sorpresas, donde igual te topabas con un relato gótico clásico que con una fábula satírica de ciencia ficción. Ahora Planeta Cómic publica dos tomos muy distintos entre sí que recopilan materiales separados por casi setenta números (y unos cuantos años, casi una década) de diferencia. En el primero todavía respira con fuerza la edad dorada de Warren, cuando los mejores guionistas y dibujantes se disputaban las páginas. El segundo, en cambio, refleja los coletazos de la etapa final, cuando la revista trataba de mantenerse a flote con altibajos pero seguía ofreciendo pequeñas joyas que vale la pena rescatar. Lo bonito de leerlos seguidos es que casi funcionan como un espejo: de un lado tenemos el esplendor del terror setentero en blanco y negro y del otro la voluntad de seguir asustando en plena década de los ochenta, con un aire más irregular pero también con destellos inesperados.
Creepy 7
Estos números corresponden a la época en la que Warren todavía tenía un esplendor único. Las portadas, por suerte eso no cambió demasiado con el tiempo, son un espectáculo por sí solas. Teníamos monstruos de mirada hipnótica, mujeres en peligro y un clima de pesadilla que ya predisponen al lector a entrar en el juego. Pero lo que de verdad engancha son los relatos interiores, donde cada número ofrece un carrusel de ideas que parecen sacadas de una reunión de guionistas que se hubieran propuesto imaginar la historia más rara que se les pudiera ocurrir para darle un giro macabro en la última página.
Aquí Creepy aún mantiene ese espíritu medio pulp y medio socarrón, donde las historias no buscan solo asustar, sino también arrancar una sonrisa torcida. Se nota en relatos de ciencia ficción espacial como Uno son demasiados, que juega con la clásica moraleja del exceso llevado al extremo. Lo que empieza como una situación más o menos controlada termina desbarrando hacia lo grotesco, con ese sentido del humor negro que era marca de la casa y que ha hecho que esta serie ocupara un lugar especial en el negro corazón de sus lectores.
También tenemos pequeñas joyas como X-Extra, donde el giro final hace que uno levante las cejas con una sonrisa de complicidad. Es uno de esos cuentos que parecen casi anecdóticos, pero que en pocas páginas consiguen enganchar y soltar un zarpazo final que el lector más inocente puede almacenar en su memoria durante años como aquel momento en el que su vida cambió. Algo parecido pasa con Clientes difíciles, que explota a la perfección esa idea de que el verdadero terror puede estar en las interacciones más cotidianas. Basta con una tienda, un cliente raro, algún toque de gánsteres y de repente la situación vira hacia lo macabro de forma genial.
Y luego está Una manera de superar el aburrimiento, que condensa muy bien lo que hacía grandes a estas historietas: coger una emoción simple, en este caso el tedio, y transformarla en una excusa para el exceso, para lo siniestro, para el absurdo y para que se presente algún que otro demonio. Y no nos olvidemos de esas páginas dedicadas al club de fans de Creepy, toda una joya rescatada del tiempo que probablemente hará que a los fanáticos de este tipo de publicaciones se les salten las lágrimas de alegría, con microrrelatos escritos en prosa, con todo el sabor de Creepy, realmente disfrutables.
En general, lo que se respira en este tomo es ese Creepy clásico: dibujos muy expresivos, guiones que no se cortan un pelo en lo macabro, y una sensación de que cada historieta es una especie de chiste contado a la luz de una vela en una noche de tormenta.
Creepy 21
En este tomo tenemos un cambio de tono total. Aquí ya no estamos en la época dorada inicial, sino en una fase donde la revista se atrevía a probar cosas distintas, y a veces muy extrañas. El terror ochentero (finales de los setenta en realidad, aunque la época es detectable por esos tiburones que vemos en la portada, ya que la película de Steven Spielberg sobre estos escualos había dejado a mucha gente con miedo a bañarse en la playa) tenía otro color. Era más oscuro, más sucio y con un pie en lo experimental, y eso se nota en casi todas las historias que aparecen en este volumen.
Lo primero que llama la atención es el contraste gráfico, ya que muchos de los dibujantes aquí trabajan con un trazo más agresivo, con composiciones que buscan incomodar. Hay relatos que parecen salidos de un mal viaje psicodélico y otros que directamente parecen sátiras políticas disfrazadas de cuento de horror. La revista ya no sólo quería dar miedo, ahora buscaba sacudir al lector.
Algunas historias destacan por su nivel de violencia explícita, otras por lo surreal de sus propuestas. Este tomo muestra a un Creepy que experimenta con lo que se podía o no se podía hacer en el cómic de género en esos años. Si anteriormente jugaban con giros de guion casi ingenuos, ahora las conclusiones son más brutales, más desesperanzadas. La crueldad es mayor, y en algunos casos el humor negro desaparece casi por completo, sustituido por una especie de nihilismo que deja muy mal cuerpo. Pero eso precisamente es parte del encanto. Hay una especie de belleza retorcida en ver cómo la publicación se iba adaptando a los nuevos tiempos, reflejando un ambiente social y cultural donde el terror ya no era una fábula con moraleja, sino un espejo deformado de la realidad.
Leídos de seguido, estos dos tomos son como abrir dos ventanas a mundos distintos dentro de la misma revista. El primero es casi un recordatorio de por qué Creepy fue tan adictiva en sus primeros años, con sus pequeñas dosis de terror y humor, sus giros ingeniosos y ese ambiente pulp que todavía nos resulta entrañable, mientras que el segundo es el retrato de una revista que ya había recorrido mucho camino y se permitía ser más sucia, más cruda y más rara, porque no tenía miedo a cambiar o a fracasar por ser demasiado innovadora.
Estos dos tomos con los que continua la recuperación de esta serie (7 y 21) publicados por Planeta Cómic se presentan en formato tapa dura sin sobrecubiertas. Contienen 256 y 296 páginas en blanco y negro respectivamente, con un tamaño de página de 20 x 27,6 cm, y presentan la traducción a cargo de Ignacio Bentz de la edición americana de los números del #33 al #36 y del #99 a #104 de la serie original. El precio de venta recomendado para cada tomo es de 40 € y se pusieron a la venta en septiembre de 2025.
Creepy 7

¡Ándate con cuidado!
¡Alienígenas carnívoros, hombres lobo traicioneros, espectros molones del jazz, demonios y diablos son algunos de los mordaces moradores empaquetados en nuestra última hornada de historias hediondas!
Con creadores como Richard Corben, Ken Kelly, Jack Sparling, Reed Crandall y Tom Sutton, que aportaban su dibujo y sus historias, las antologías de Creepy de la editorial Warren continuaron dominando imaginaciones y kioscos a mitad de los años 60 con sus excepcionales recopilaciones de terror, ironía y humor morboso. Dark Horse Comics y New Comic Company acercan estos relatos clásicos de venganza y locura a los lectores nuevos y a los de siempre.
Creepy 21

Los Archivos de Creepy, la antología de terror por excelencia, continúa.
¡Hazte a la sangrienta mar, marinero! Prepárate para adentrarte en tus pesadillas en esta recopilación de horribles relatos, presentados por tu Tío Creepy. Acompáñame en un viaje a las profundidades más profundas del océano? ¡Y A TUS MAYORES MIEDOS!
Este tomo incluye todas las columnas de correo originales, las secciones a color y los artículos de texto. Berrearás de miedo al presenciar la destrucción de nuestro planeta y los terrores que surgen de las profundidades del océano. Entre los colaboradores encontramos a titanes atemporales como Luis Bermejo, Bruce Jones, Richard Corben, José Ortiz, Russ Heath, John Severin, Alex Niño, Len Wein y muchos otros. Preámbulo de Paul Tobin (Colder, Bandette).
Los Archivos de Creepy, la antología de terror por excelencia, continúa aportando multitud de monstruosos trances y aterradores finales sorpresa. La aclamada serie de Dark Horse se embarca en su vigésimo primer viaje, recopilando los números 99 a 103 de la revista de la Editorial Warren.


