Daredevil: Born Again (T2) — El Diablo Rojo no tiene techo (crítica)

Daredevil: Born Again
Panini

Ocho episodios que escalan sin freno: Bullseye se desata, Kingpin da el salto definitivo y Matt Murdock empieza a perder la guerra antes de ganarla. La segunda temporada de Daredevil: Born Again es más oscura, más ambiciosa y, por momentos, devastadora.

Sangre en el blanco: Daredevil: Born Again regresa más oscuro que nunca

Que la primera temporada de Daredevil: Born Again recuperara el espíritu de la mítica serie de Netflix no era garantía de nada. Las segundas temporadas son trampas: o se conforman con repetir la fórmula, o arriesgan demasiado y pierden el rumbo. Dario Scardapane y los directores Justin Benson y Aaron Moorhead han apostado por lo segundo, con resultados que en su mejor momento son genuinamente emocionantes y, en su peor, dejan la sensación de que el potencial es tan grande que ni ocho episodios alcanzan para contenerlo.

El punto de partida es el caos: Wilson Fisk ejerce como alcalde de Nueva York con ley marcial implícita, toque de queda para los vigilantes y una Anti-Vigilante Task Force que actúa con violencia tasada. Matt Murdock resiste desde las sombras con un lema de tres palabras —resistir, rebelarse, reconstruir— que suena bien en un cartel y duele mucho en la práctica. La segunda temporada no suaviza esa premisa: la escala de violencia va en aumento capítulo a capítulo, como el lado oscuro de uno de sus protagonistas que avanza con la lógica inexorable de una marea.

Bullseye: el espejo roto

Si hay un elemento que eleva esta temporada por encima de la anterior es la figura de Bullseye. El personaje vuelve aquí dándolo absolutamente todo. La acción que genera no es solo espectacular en términos coreográficos —aunque lo es— sino que tiene una carga dramática propia. La frase que el asesino lanza sin inmutarse, ‘soy de los buenos’, concentra toda la desvergüenza irónica del personaje: alguien capaz de hacer el bien y el mal con idéntica precisión y sin una gota de culpa.

"Bullseye no es un antagonista. Es un espejo roto en el que Daredevil no quiere mirarse."

La serie no tarda en explotar las similitudes entre los dos personajes: la puntería —y la chulería con la que ambos la exhiben—, la forma de pelear, la economía de movimientos, el placer casi maníaco que se asoma cuando están en su elemento. Donde Daredevil canaliza esa ira hacia el bien (entre comillas, como señala el propio equipo creativo), Bullseye la deja fluir sin filtros. El contraste es tan nítido que resulta incómodo, que es exactamente como debe sentirse.

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Su agenda no se agota en la acción directa. Bullseye también encuentra tiempo para hacerle la puñeta a Vanessa Fisk, la esposa de Kingpin, con una eficacia que plantea la pregunta obvia: ¿tiene más planes? La respuesta que da la temporada es, deliberadamente, ambigua, y es de las pocas promesas que se reservan para la tercera entrega.

Fisk: el blanco que se mancha

El capítulo 7 pide una atención especial desde sus primeros segundos: It Ain’t Easy de David Bowie suena como advertencia antes de que veamos algo significativo. El traje de Fisk como alcalde ha sido siempre blanco inmaculado, símbolo de una pulcritud tan performativa como falsa. En este episodio aparece un detalle que rompe ese blanco: un elemento que señala, sin necesitar de subtítulos, la evolución oscura de su ser interior. Quienes llevan tiempo siguiendo a Kingpin saben que su aparente tranquilidad es la superficie de un volcán. En esta temporada, el volcán empieza a mostrar grietas.

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La serie saca partido de la tensión entre Fisk y Vanessa con una sutileza que no siempre se le reconoce al MCU. El enfrentamiento entre Heather y Karen añade otra capa al conflicto doméstico de los Fisk, convirtiendo lo que podría ser drama de relleno en un movimiento de tablero perfectamente calculado.

El peso de los flashbacks y los reencuentros

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A mitad de temporada tenemos un capítulo que es uno de los más generosos en términos de personajes. Aprovechando la convalecencia de uno de los protagonistas, el guion tira del recurso del flashback para traer de vuelta a varias caras que el espectador no esperaba ver, y que en muchos casos llevaba años esperando. Funciona porque no es nostalgia gratuita: los regresos tienen consecuencias narrativas reales. Las subtramas —qué hacer con lo correcto cuando lo correcto no es conveniente, cómo se gestiona un acusado ante la ley cuando la ley misma está comprometida— avanzan en paralelo con la filtración de información desde el ayuntamiento, que hila fino durante varias semanas.

El final de ese quinto episodio es de los que duelen. Trágico, emotivo y necesario para que la historia que viene tenga el peso que merece.

"El capítulo 5 regala varios de los minutos más emotivos que ha dado el MCU en mucho tiempo."

Conexiones y escalada

Uno de los episodios arranca directamente desde la tragedia, y no mira para otro lado. Un nuevo/viejo personaje hace su entrada de manera que conecta con el primer capítulo de la primera temporada —un guiño que los seguidores de la saga apreciarán— y el cuadro blanco, ese elemento omnipresente que la serie ha convertido en símbolo de la ambición sin escrúpulos de Fisk, vuelve a ocupar primer plano. Los desenlaces se acumulan, la violencia crece, y el arco moral de uno de los protagonistas principales dobla un ángulo que se ha ido sembrando con paciencia.

El juicio

No podía faltar, ya que una de las características intrínsecas de nuestro protagonista es la abogacía. La temporada cierra con un juicio a uno de los personajes principales que la serie ha sabido construir durante semanas. La tensión procesual que mejor domina esta serie —heredada directamente de la tradición de la etapa Netflix— se despliega aquí con un testigo sorpresa y una revelación que reorganiza el tablero.

No es un final cerrado. Es, conscientemente, el inicio de algo más grande: varios hilos argumentales quedan preparados para la tercera temporada, cuyo estreno está previsto para marzo de 2027.

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El desenlace se ha cocinado a fuego lento, como manda el registro de esta serie. No hay atajos. Tampoco hay promesas que no se puedan cumplir.

Balance

Daredevil: Born Again llega a su segunda temporada más segura de sí misma y más oscura que nunca. La incorporación de algunos nuevos personajes —cuya aparición el showrunner Scardapane describió como ‘uno de los elementos más satisfactorios’— amplía el universo urbano de Marvel sin diluirlo. Charlie Cox lleva a Matt Murdock a un territorio donde la ira y la vocación de justicia son casi indistinguibles. Y Vincent D’Onofrio sigue siendo la presencia que sostiene cualquier escena en la que aparece. Tanto que a veces dudo de si la serie debería llamarse Kingpin.

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Si la primera temporada era un regreso, esta segunda es una declaración de intenciones. El MCU no siempre ha sabido qué hacer con su lado más oscuro. Aquí, ese lado es el protagonista.

Serie: Daredevil: Born Again, temporada 2
Plataforma: Disney+
Estreno: 25 de marzo de 2026 (estreno semanal)
Episodios: 8 capítulos
Reparto principal: Charlie Cox, Vincent D’Onofrio, Deborah Ann Woll, Krysten Ritter, Tony Dalton
Showrunner: Dario Scardapane
Directores: Justin Benson y Aaron Moorhead
Valoración: ★★★★☆
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