Hay cómics que nacen de la imaginación y cómics que nacen de una herida. El viaje, la nueva novela gráfica de Paco Roca, pertenece claramente a la segunda categoría
El punto de partida de El viaje es un incidente cotidiano —un vuelo cancelado— que se transforma en una reflexión sobre la ruptura, la memoria y la forma en que contamos nuestra propia vida. Pero no os dejéis engañar por la modestia del detonante: lo que Roca construye a partir de ahí es uno de los trabajos más maduros, valientes e incómodos de su carrera.
El guion: sin respuestas, pero con preguntas perfectas
Conoceremos a Fran Gisbert, un escritor que, por circunstancias que se nos explican, está literalmente atrapado en las solitarias tierras de la Patagonia argentina, esperando el deseado vuelo en el que pueda regresar a España. En este lugar, los recuerdos van a comenzar a caer sobre él, ya que tan solo hace unos pocos meses que en su vida se rompió algo. Tras veinte años de vida en común, Susana, su pareja, pronunció esas cuatro palabras que pueden derribar los más altos y gruesos muros: “Ya no te quiero”.
Fran es, con matices ficticios declarados por el propio autor, un alter ego de Roca. El autor mezcla diferentes relaciones que ha tenido a lo largo de la vida, diferentes rupturas y también experiencias de amigos, dejando en manos del lector hasta dónde llega la realidad, en un terreno ambiguo que resulta narrativamente interesante. Este pacto autobiográfico velado es uno de los grandes aciertos estructurales del cómic: la distancia que otorga el personaje de Fran permite a Roca explorar sin autocensura zonas de sombra que una autobiografía directa habría suavizado.
El ritmo de El viaje es deliberadamente pausado, casi contemplativo. En todos sus cómics anteriores, Roca había intentado comprender un tema, encontrar una respuesta, una conclusión. Pero en esta historia se dio cuenta de que no había ningún lugar al que llegar. Es la aceptación de la situación sin más, una situación que es triste. No tiene ninguna gran revelación, más allá de la complejidad que tienen las relaciones de pareja. Esa renuncia a la catarsis fácil es, paradójicamente, lo que hace que el cómic resulte tan verdadero. La vida tampoco tiene acto tercero bien resuelto.
El texto aborda con lucidez los grandes conflictos de las relaciones contemporáneas. La monogamia en sí ya es un reto importante a largo plazo porque entran en conflicto muchas cosas: por un lado, se busca seguridad, pero al mismo tiempo se quiere que todo cambie; no se quiere monotonía, pero sí la seguridad que conlleva esa estabilidad. Roca no señala culpables ni construye villanos. Su mirada es la de alguien que lleva años observando y que ha aprendido, dolorosamente, que la complejidad no admite veredictos simples.
Una de las escenas más arriesgadas es una conversación entre dos personajes compuesta por casi medio centenar de páginas en la que ambos están sentados. Una proeza narrativa que en manos menos expertas podría resultar árida pero que aquí funciona como el corazón emocional del libro.
El apartado gráfico: síntesis al servicio de la emoción
Roca es un dibujante que desconfía de los efectismos. Su línea sintética, sus paletas contenidas y su composición de página meditada siguen siendo su sello, pero en El viaje adquieren una dimensión nueva. El autor alterna situaciones temporales en la misma página y juega con el color para diferenciar el presente del pasado, un recurso que ya había explorado en obras anteriores pero que aquí cobra mayor peso emocional, dado que el pasado es, literalmente, el territorio donde vive el protagonista durante la mayor parte del relato.
Al autor no le gusta utilizar soluciones cinematográficas —plano, contraplano, primer plano— por considerar que son artificios que no le van bien a sus historias. En cambio, trabaja con metáforas visuales propias del medio y con la convicción de que contar poco es más efectivo que contar mucho: cuanto menos cuenta, más espacio tiene el lector para rellenar huecos. El resultado es un cómic que respira, que confía en el lector y que, en sus momentos más abstractos, se atreve a explorar la representación gráfica de las emociones con recursos no figurativos.
La Patagonia, ese paisaje inhóspito y ventoso, funciona como correlato perfecto del estado interior del protagonista: vasto, frío, hermoso en su desolación y absolutamente ajeno a los dramas humanos que se desarrollan en primer plano.
Contexto: el cómic más personal de un autor imprescindible
Tras haber diseccionado la vejez en Arrugas, el duelo filial en La casa y la herida histórica en El abismo del olvido, Paco Roca regresa con su obra más íntima y punzante hasta la fecha. El viaje representa una evolución natural en la obra de un autor que siempre ha usado la memoria como materia prima, pero que aquí se atreve a poner bajo el microscopio su propia vida sentimental con una honestidad que puede resultar incómoda incluso para el lector.
La llegada del libro coincide además con el anuncio de su adaptación al cine, lo que da una idea de la proyección que se espera para esta obra.
Valoración personal
El viaje es un cómic que exige paciencia y recompensa la entrega. No hay explosiones, ni giros de guion, ni personajes que salvan el mundo. Hay un hombre solo en un aeropuerto que intenta entender por qué se rompió algo que creía sólido. Y en esa pregunta sin respuesta definitiva reside toda la universalidad del libro.
Para Roca, la memoria no consiste en recuperar hechos objetivos, sino en reinterpretarlos desde el presente: es un relato que nos hacemos continuamente. El protagonista, como cualquiera tras una ruptura, necesita encontrar causas que expliquen lo ocurrido, aunque esa explicación cambie con el tiempo. Esa idea —que la memoria es presente, no pasado— vertebra todo el cómic y le otorga una coherencia filosófica que va mucho más allá de la anécdota personal.
Si hay alguna objeción posible, es precisamente su tono: El viaje es un libro grave, ensimismado, que no concede al lector la distancia del humor ni la catarsis de la resolución. Quienes busquen un final consolador pueden sentirse a la intemperie. Pero eso, en el fondo, es también parte de su honestidad.
Conclusión: ¿A quién va dirigido?
El viaje es lectura obligatoria para cualquier aficionado a la novela gráfica de calidad, y muy especialmente para quienes han seguido la trayectoria de Paco Roca. Pero su alcance va más allá: es una obra de ficción en la que Roca vuelca parte de su experiencia personal, demostrando el poder sanador del arte y la creación, con un fuerte componente humano que probablemente se convierta en un espejo en el que muchos lectores puedan mirarse, ya que comparten una experiencia similar en sus vidas.
Si alguna vez has querido a alguien durante mucho tiempo y luego has tenido que aprender a no hacerlo, este cómic te hablará directamente. Y si no lo has vivido todavía, te preparará para cuando llegue.
Puntuación: 9/10
El viaje | Autor y dibujante: Paco Roca | Editorial: Astiberri | Año: 2026 | 22€


