Toy Story 5: Jessie toma el mando mientras los juguetes luchan contra la tablet más peligrosa de la historia

Toy Story 5
Panini

Pixar vuelve con una aventura de Toy Story que va mucho más allá de la nostalgia. Hay acción desde el primer segundo, animación que te deja con la boca abierta y una pregunta que te perseguirá de camino a casa: ¿estamos perdiendo la capacidad de jugar de verdad?

Treinta y un años después de que Woody y Buzz Lightyear cambiaran para siempre el mundo de la animación, Pixar regresa con Toy Story 5, dirigida por Andrew Stanton —el mismo que firmó WALL·E y Buscando a Nemo— y codirigida por Kenna Harris. La nueva entrega asciende a Jessie al papel protagonista, presenta al villano digital más cotidiano que ha tenido la saga y lo hace con una animación tan precisa que en más de un momento dudarás si estás viendo dibujos animados o imagen real.

Lilypad: cuando la amenaza tiene cara de rana y pantalla táctil

Toy Story 5

La gran novedad de Toy Story 5 no es un juguete nuevo ni un humano nuevo. Es Lilypad, una tablet con cara de rana y ojos adorables que llega a la habitación de Bonnie con la seguridad de quien sabe que no tiene competencia. Y es que, en esta nueva entrega, los dispositivos no compiten: simplemente aparecen, existen y ganan.

La diferencia respecto a los antagonistas anteriores es enorme. Cuando Buzz Lightyear llegó en la primera película, los demás juguetes lo miraban con recelo pero sabían con qué estaban tratando. Con Lilypad, las reglas del juego cambian por completo. No es un juguete más moderno. Es otra cosa.

Toy Story 5 arranca sin calentamiento previo —naufragio de cincuenta Buzz Lightyear incluido, de los quiero un Spin-Off)— y mantiene el ritmo sin pausa durante toda su duración. No hay momento muerto. Y eso, en una historia que también tiene mucho que decir sobre la soledad infantil y la dependencia tecnológica, es un mérito considerable.

Jessie, la protagonista que llevaba años esperando su turno

Woody sigue en la historia, pero ahora en un rol de apoyo. Y es la decisión correcta. El vaquero ya había dado todo lo que tenía como protagonista. Jessie, en cambio, tiene un pozo mucho más profundo al que bajar.

Su conflicto con Lilypad no es el mismo que el de Woody ante Buzz en la primera entrega. Allí, todos reconocían que el astronauta era un juguete nuevo y genial. Aquí, todos saben que esto es diferente. La amenaza no está en ser sustituida por otro juguete: está en que el concepto de jugar con juguetes pueda desaparecer.

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La película también añade una dimensión más adulta —y más difícil de procesar para los más pequeños— al explorar el dilema de Jessie frente a algo que no puede combatir con sus herramientas habituales. Es el tipo de conflicto que los niños sentirán sin entender del todo, y que los adultos entenderán demasiado bien.

Una animación que ya no sabe dónde está el límite

Técnicamente, Toy Story 5 es otra cosa. El equipo de efectos visuales, liderado por Thomas Jordan, trabajó durante meses para que el mundo imaginario de Bonnie tuviera una textura artesanal, efímera y cambiante —como los sueños de una niña— que contraste de forma brutal con la frialdad nítida de Lilypad.

Algunos de los puntos fuertes técnicos y visuales son la secuencia inicial ya comentada con cincuenta Buzz Lightyear en una isla desierta, uno de los arranques más logrados de toda la saga. El mundo imaginario de Bonnie (construido con nubes de puntos, pinceladas y líneas de boceto) tiene una personalidad visual completamente distinta al universo de Andy. La escena en la que los niños observan sus tablets en la oscuridad de sus habitaciones tiene, deliberadamente, algo de película de terror.

Toy Story 5

El resultado es una película que en determinados momentos hace que te preguntes si lo que ves es animación o imagen real. Esa frontera, que Pixar lleva décadas empujando, aquí prácticamente desaparece.

La tecnología como espejo: crítica sin discurso

Toy Story 5 habla de la dependencia tecnológica de adultos y niños, del FOMO, de la epidemia de soledad entre los más jóvenes y del miedo a que las pantallas estén haciendo algo que no vemos del todo bien. Pero lo hace sin que ningún personaje suba a un escenario a darte una charla.

El equipo de la película consultó con el responsable de salud pública de Estados Unidos sobre el impacto de la tecnología en la infancia. Y esa investigación se nota en la pantalla. No como titular, sino como textura.

Toy Story 5

Pixar —empresa tecnológica antes que nada— no demoniza los dispositivos. Pete Docter, director artístico del estudio y productor ejecutivo de la película, lo resume bien: la tecnología es como el fuego. Te puede calentar o te puede quemar. Todo depende del uso.

La paradoja que plantea Toy Story 5 es que Lilypad no es mala. Actúa con las mejores intenciones, como cualquier otro juguete. Solo que quizá tiene alguna que otra idea equivocada.

Los guiños a la saga: presentes pero sin hacer ruido

Hay referencias a las entregas anteriores. Están ahí para quien las quiera encontrar. Pero la película no vive de la nostalgia ni detiene su ritmo para señalarlas. Los guiños son sutiles, elegantes, y funcionan mejor precisamente porque no se anuncian.

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Woody calvo, con un brillo en la coronilla que dice mucho sobre el paso del tiempo, es el detalle que más ha dado que hablar. Y también el que mejor resume la filosofía de esta entrega: el mundo avanza, los personajes envejecen, y eso no tiene por qué ser trágico.

Conclusión

Toy Story 5 es una montaña rusa que no da respiro desde los primeros segundos y que, cuando por fin te deja salir, te encuentra con los ojos algo húmedos y la cabeza dándole vueltas a preguntas que no esperabas hacerte en una sala de cine. La historia engancha, emociona y tiene el ritmo de quien sabe perfectamente lo que hace. Los guiños a la saga están ahí —para quien los quiera encontrar—, pero nunca interrumpen el flujo de la película ni se convierten en un codazo de complicidad: se cuelan con una elegancia que los hace más efectivos.

Algunos pasajes pueden resultar difíciles de procesar para los más pequeños —no por su crudeza, sino por su complejidad emocional—, aunque eso mismo es lo que convierte a la película en algo que merece la pena ver en familia y comentar después. La crítica a la dependencia de las pantallas —la de los niños, pero también la nuestra— está presente en cada escena sin que nadie la proclame en voz alta. Y técnicamente, Pixar vuelve a hacer algo que no debería ser posible: hay momentos en los que dejas de saber si lo que tienes delante son píxeles o realidad. Treinta y un años después, la pandilla sigue siendo capaz de sorprenderte.

Toy Story 5

Toy Story 5 es la película que la saga necesitaba: nueva protagonista, nuevo conflicto, nueva conversación. Y una animación que, treinta años después del original, sigue empujando los límites de lo posible. Los juguetes no han muerto. Solo están cambiando de bando.

Y sí, tenemos una escena poscréditos.

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