El remake en carne y hueso del clásico de Disney, Vaiana, llega a los cines y demuestra que no todos los “live action” de la casa del ratón tienen por qué naufragar.
Con Catherine Laga’aia al frente y Dwayne Johnson repitiendo como Maui, esta nueva “Vaiana” firma una travesía que convence tanto a quienes ya conocen la historia como a quienes suben al catamarán por primera vez.
La película, dirigida por Thomas Kail (“Hamilton”), recupera la premisa de la cinta animada de 2016: Vaiana (Catherine Laga’aia) responde a la llamada del océano y, por primera vez, se atreve a cruzar el arrecife que rodea su isla de Motunui. La acompaña el semidiós Maui (Dwayne Johnson), y juntos emprenden un viaje para devolver la prosperidad a su pueblo.
El guion corre a cargo de Jared Bush y Dana Ledoux Miller —responsables también de la película original y de “Vaiana 2”— y llega a los cines el 10 de julio a nivel internacional (el 8 de julio en salas españolas), con una duración de 115 minutos y calificación apta para todos los públicos.
Catherine Laga’aia, el hallazgo que sostiene la película
Si algo queda claro tras ver la cinta es que la producción acertó de lleno con su protagonista. Laga’aia, en su primer papel protagonista en un largometraje, se echa la película a la espalda con una naturalidad que no delata los nervios de un debut de esta magnitud.
Su Vaiana tiene carácter propio: mantiene la determinación y la curiosidad del personaje animado, pero le añade matices y una presencia física que solo el formato de acción real puede ofrecer. El proceso de selección, que según la producción reunió más de 32.000 candidaturas de todo el mundo, ha dado como resultado una intérprete capaz de sostener tanto los momentos musicales como los dramáticos sin que se note la costura.
Johnson, por su parte, vuelve a moverse como pez en el agua en la piel de Maui, y la química entre ambos —reforzada por el nuevo tema “Along The Way”, que interpretan junto a Auli’i Cravalho— es uno de los pilares que sostiene el tramo central de la historia.
Pequeños cambios respecto a la versión animada
Quienes ya se saben de memoria la película de 2016 no encontrarán una reinvención radical, sino más bien un ajuste de matices. La estructura narrativa se mantiene fiel al original, con las mismas canciones (renovadas para la ocasión) y los mismos hitos del viaje de Vaiana: el encuentro con los Kakamora, la travesía por el reino de los monstruos y el enfrentamiento final para devolver el corazón a Te Fiti.
Los retoques se notan más en el tono y en el desarrollo de los personajes secundarios, con algo más de espacio para Sina (Frankie Adams) y Chief Tui (John Tui), que ganan matices como padres preocupados por una hija que se resiste a quedarse dentro del arrecife. Son cambios de bisturí fino, pensados para adaptar el relato al formato de acción real sin traicionar lo que ya funcionaba.
Una puesta en escena cuidada hasta el último detalle

Visualmente, la película es un festín para los sentidos. El equipo, liderado por el diseñador de producción John Myhre, construyó el poblado de Motunui desde cero en una finca a las afueras de Atlanta: un decorado de varias hectáreas con cinco fale (casas tradicionales) y más de 250 palmeras, todo levantado sin clavos ni herramientas modernas, usando técnicas de amarre con fibra de coco enseñadas por el maestro tongano Sopolemalama Filipe Tohi.
A eso se suma el trabajo de vestuario de Liz McGregor, con más de 2.000 prendas confeccionadas a mano —muchas de ellas en tapa, la tela tradicional elaborada con corteza de morera— y las más de 30 canoas construidas para las escenas de navegación, filmadas tanto en mar abierto frente a la costa de Hawái como en tanques de agua de hasta 400.000 galones. El resultado en pantalla se nota: cada plano transmite una artesanía y un mimo que pocas producciones de este calibre pueden presumir.
Todo ese trabajo estuvo respaldado por un Consejo Cultural de expertos del Pacífico, liderado por Kalikolehua Hurley, que supervisó el proyecto de principio a fin para que la representación de las culturas polinesias fuera fiel y respetuosa.
Divertida, emocionante y con buen ritmo pese a las dos horas
Con 115 minutos en el reloj, la película podría haberse hecho pesada, pero no es el caso. La coreógrafa Tiana Nonosina Liufau —que ya trabajó en ambas películas animadas— firma unos números musicales dinámicos que ayudan a que el metraje fluya sin baches. La alternancia entre momentos de aventura, humor (con un Tamatoa que sigue robando pantalla) y pasajes más emotivos mantiene el interés de principio a fin.

¿Para quién la recomiendo?
La gran virtud de esta “Vaiana” es que funciona en dos niveles. Los que crecieron con la cinta animada encontrarán un reencuentro cariñoso con personajes y canciones que ya forman parte de su imaginario, con el aliciente de verlos cobrar vida en carne y hueso. Y quienes no conozcan la historia original tienen ante sí una aventura familiar completa, con su propia identidad, que no exige deberes previos para disfrutarse.
En definitiva, esta nueva “Vaiana” cumple lo que promete: una travesía entretenida, bien interpretada y construida con un cuidado artesanal que se agradece en pantalla grande. Se estrena el 8 de julio en cines españoles.


