Hay presentaciones de videojuegos que se quedan en el típico tráiler con música de fondo. Y luego está lo que ha hecho Nintendo con Rhythm Paradise Groove: sentar a uno de los grandes del baile flamenco a explicarnos, botón en mano, por qué el ritmo nos atraviesa a todos por igual.
La cita ha corrido a cargo de José Maya, bailaor y profesor, que ha convertido la presentación en una auténtica clase magistral sobre el pulso que comparten videojuegos, música y baile.
Un maestro del ritmo con dos oficios
José Maya no es un invitado cualquiera. Es, por un lado, uno de los bailadores de flamenco más reconocidos del momento, con una trayectoria que le ha llevado a compartir escenario con nombres como Tomatito, Vicente Amigo, Antonio Canales, Björk o Marc Anthony. Por otro, es profesor en una de las escuelas de referencia del flamenco español, lo que le convierte en maestro en el sentido más literal de la palabra.
Su vínculo con la saga, además, no es nuevo. Fue él quien presentó en España el primer título de la franquicia cuando debutó en 2009 para Nintendo DS, así que su regreso cierra un círculo casi tan bonito como los patrones rítmicos de los que habla.
¿Qué es Rhythm Paradise Groove?
Rhythm Paradise Groove es la cuarta entrega de una saga de Nintendo que lleva más de una década proponiendo el mismo reto: pulsar el botón exacto en el momento exacto. La mecánica es sencilla de entender y, a la vez, endiabladamente difícil de dominar del todo, lo que la hace apta tanto para quien nunca ha tocado una consola como para quien busca pulir su técnica al milímetro.
Entre las novedades de este nuevo juego de Nintendo destacan:
- Más de 80 minijuegos de ritmo completamente nuevos.
- Distintos modos que se van desbloqueando a medida que se avanza.
- Personajes como Dan, Emily, Leo o Sarah, que sirven de hilo conductor.
- Hasta 30 juegos cooperativos y competitivos para hasta cuatro jugadores.
Las situaciones que propone el juego van de lo cotidiano a lo más disparatado: desde un entrenamiento de fútbol femenino hasta un grupo de k-pop pasando por dinosaurios que devoran su merienda al compás marcado. Da igual el escenario: la norma siempre es la misma, hay que apretar el botón siguiendo el pulso.
Se juega escuchando, no mirando
Uno de los detalles que más se ha subrayado durante la presentación es que Rhythm Paradise Groove no depende tanto de la vista como del oído. No hace falta memorizar patrones visuales en pantalla: la clave está en escuchar el compás y dejar que el cuerpo responda, algo que José Maya conecta directamente con su propia experiencia como bailaor, donde la improvisación y el instinto rítmico pesan tanto como la técnica aprendida.
El ritmo como lenguaje universal, según José Maya
La parte más personal de la presentación ha llegado cuando José Maya ha explicado por qué el ritmo le parece uno de los elementos más importantes de la vida. Para él, la música y el ritmo son el auténtico lenguaje universal, presente en el movimiento de los astros, el latido del corazón o el vaivén de las olas.
El bailaor ha recordado que en su cultura el ritmo se transmite de generación en generación casi como un juego, algo que ocurre desde la infancia y antes incluso de aprender a hablar. Ha explicado que esa costumbre de transmitir la música como algo lúdico es una tradición milenaria compartida por culturas como la africana, la hindú o la gitana, aunque ha lamentado que en la sociedad actual esa transmisión de padres a hijos se esté perdiendo poco a poco.
También ha señalado que los estudios apuntan a que combinar música y movimiento activa ambos hemisferios del cerebro, y ha destacado que el ritmo ayuda a comunicarse, a concentrarse y, sobre todo, a sentirse bien, algo especialmente valioso en una época marcada por la falta de atención.
Del compás de 4×4 al flamenco
José Maya ha querido demostrar sobre el escenario en qué consiste el compás de 4×4 en el que se basa el juego, un ritmo que, según ha explicado, tiene su origen en África y que es la base de géneros como el jazz, el pop, el rock, el blues o la salsa. También es, ha recordado, el compás que sostiene buena parte del flamenco, presente en palos como el tango o la siguiriya, donde varía según los acentos que se le apliquen.
El bailaor ha compartido además un recuerdo de infancia especialmente revelador: la costumbre de reunirse en corro con otros niños para salir uno a uno al centro y proponer un patrón rítmico, ya fuera bailando, cantando o marcando percusión, mientras el resto actuaba como jurado. Un juego sin tecnología de por medio que, según ha reconocido él mismo, late con el mismo corazón que Rhythm Paradise Groove.
Un mismo pulso, dos disciplinas
Lo que ha dejado claro la presentación es que, por muy alejados que parezcan un videojuego japonés y el flamenco, ambos beben de la misma fuente: la necesidad humana de organizar el tiempo en patrones que se puedan sentir, repetir y compartir. José Maya lo resume con una frase que vale como conclusión: los patrones que se hacen en África, en la India o en el flamenco están, en el fondo, conectados.
Con esta combinación de masterclass y presentación, Rhythm Paradise Groove se perfila como uno de esos juegos que conviene abordar con los oídos bien abiertos. Al fin y al cabo, como ha recordado José Maya, el ritmo nos atraviesa a todos, sepamos o no ponerle nombre.


