Panini Comics pone el broche a una era entera de terror espacial con Aliens Omnibus: La etapa original 4, un cierre monumental que confirma que la saga respira mejor en viñetas
El sensor de movimiento marca un punto que se acerca y nadie en la sala quiere mirar la pantalla. Así funciona el miedo en esta franquicia. No hace falta ver a la criatura para entender que el pasillo se ha convertido en una trampa, que la ventilación suena demasiado alto y que la empresa que paga las nóminas ya ha decidido que la tripulación es material prescindible. Durante casi una década, los cómics de la saga se dedicaron a iluminar justo los rincones que las películas dejaban a oscuras. Colonias mineras evacuadas a medias, soldados que descubren quién es el enemigo de verdad, naves a la deriva con un pasajero de más. Ese último tramo, el que cerró una etapa histórica antes de que la licencia cambiara de manos, es el que recopila Panini Comics en Aliens Omnibus: La etapa original 4.

Soldados, madres y corporaciones
La columna vertebral del volumen es Zula Hendricks, una recluta de los Marines Coloniales que arrastra una lesión de espalda y una rehabilitación dolorosa. Lo que empieza como una inspección rutinaria a bordo de un carguero a la deriva, acompañada por sintéticos de Weyland-Yutani, termina convertida en una deserción en toda regla. Hendricks descubre que la corporación no quiere exterminar a los xenomorfos, sino catalogarlos, y desde ese momento la criatura deja de ser su único problema.
A su lado aparece Amanda Ripley, la hija de Ellen Ripley a la que el videojuego Alien: Isolation convirtió en personaje de pleno derecho. Su vuelta enlaza la tragedia familiar de la primera película con una trama de resistencia contra el programa de armas biológicas de la compañía, y funciona como puente entre dos generaciones de lectores.
El tercer vértice es Maxon, un chaval de doce años que vive en una colonia minera cuando llega la orden de evacuación. Su recorrido hasta el puerto espacial es un relato de iniciación brutal, contado casi siempre a su altura y desde su desconcierto. Todavía queda sitio para el oficial de ingeniería Wascylewski, atrapado en una nave donde sobrevivir depende de las herramientas que uno tenga a mano.
Todas estas historias comparten una misma idea. El horror no nace solo del bicho, nace de la letra pequeña del contrato.

Un reparto de autores con galones
El nombre que sostiene buena parte del tomo es Brian Wood, guionista curtido en DMZ y Northlanders, siempre interesado en la gente corriente atrapada en conflictos que la superan. Su Hendricks encaja de lleno en esa tradición. Le acompañan dibujantes de registros muy distintos, desde el trazo sucio y granulado de Tristan Jones hasta la energía nerviosa de Riccardo Burchielli, su compañero en DMZ, con aportaciones de Stephen Thompson, Tony Brescini, Eduardo Francisco y Robert Carey, y el color de Dan Jackson como hilo conductor de toda la etapa.
El salto de estilo más radical lo firma James Stokoe, el autor de Orc Stain, que escribe y dibuja en solitario con esa densidad maníaca de detalle que le ha hecho famoso. Sus páginas parecen grabados. Cada tubería, cada gota y cada mandíbula está trazada con una obsesión que acaba produciendo claustrofobia por pura acumulación.
En el extremo opuesto trabaja Gabriel Hardman, que también asume guion y dibujo. Hardman viene del cine, donde se ha ganado la vida como storyboard artist en producciones como Origen, Interstellar o Logan, y eso se nota en una narrativa de planos secos y sombras espesas, arropada por el color terroso de Rain Beredo.
Completan la nómina Dan Abnett y Dion Lay, guionistas del videojuego, que trasladan al papel el ambiente de la estación Sevastopol con el dibujo anguloso de Henry Flint, además de las piezas breves de Liam Sharp y del veterano Sam Kieth, que ya dibujó xenomorfos en los años noventa.

Dos películas que nunca se rodaron
La parte más golosa de este cierre no adapta cómics, adapta papeles que se quedaron en un cajón. Está, por un lado, el guion que Dan O’Bannon escribió en 1976 con el título Star Beast, antes de que Ridley Scott lo convirtiera en la película que todos conocemos. Cristiano Seixas lo traduce a viñetas y Guilherme Balbi lo dibuja ciñéndose a las indicaciones del texto original, con una nave distinta, una tripulación distinta y un monstruo que no es exactamente el que diseñó H. R. Giger.
Por otro lado está el borrador que William Gibson, el padre de Neuromante, entregó para la tercera entrega y que jamás llegó a rodarse. Johnnie Christmas firma guion y dibujo de la adaptación, con el color de Tamra Bonvillain, y el resultado es un thriller de guerra fría en el que Hicks y Bishop despiertan en mitad de un pulso entre bloques por el arma definitiva. Leerlo hoy ayuda a entender hasta qué punto esta saga siempre ha sido un laboratorio de futuros alternativos.
Ese diálogo entre las viñetas y la pantalla no se ha interrumpido. La franquicia ha encadenado un renacimiento con Alien: Romulus y un salto a la televisión con Alien: Earth, y quien haya leído estas historias reconocerá más de un eco familiar en ambas.
El resultado es desigual por definición, porque reúne voces muy diferentes en un mismo lomo, pero mantiene un nivel medio alto y deja varios picos memorables. Quien busque acción militar la encontrará en los arcos de Wood. Quien prefiera el terror de manual tiene a Stokoe y a Hardman. Quien venga por la arqueología de la franquicia se lleva dos rarezas que durante años solo circularon como guiones entre aficionados.
La recomendación se ajusta al punto de partida. Para el lector que ya tiene los tomos anteriores no hay discusión, este cierra la colección. Para quien nunca ha abierto un cómic de la saga resulta una puerta de entrada mejor de lo esperado, porque casi todas las historias se sostienen solas y no exigen contexto previo. El desembolso es importante, cierto. Lo que se recibe a cambio también.
Esta edición presentada por Panini Comics viene en un formato de cartoné con un tamaño de página de 18,3 x 27,7 cm. y contiene la traducción de Aliens: Fast Track to Heaven, Aliens: Colonial Marines – No Man Left Behind, Alien: Isolation, Aliens: Defiance 1 a 12, Aliens: Dead Orbit 1 a 4, Aliens: Dust to Dust 1 a 4, Aliens: Resistance 1 a 4, Aliens: Rescue 1 a 4, Alien: The Original Screenplay 1 a 5 y Alien 3: The Unproduced Screenplay 1 a 5, además de material de Dark Horse Presents 12 a 17 y Free Comic Book Day 2016: Aliens, recogido en su día en el tomo original Aliens: The Original Years Omnibus Vol. 4. El tomo contiene 1064 páginas a color. El precio de venta recomendado es de 85 € y se puso a la venta en julio de 2026.

Aliens Omnibus: La etapa original 4
Completa tu biblioteca de Aliens con un último volumen aterrador. La soldado Zula Hendricks, que se ausentó sin permiso para defender la Tierra de los xenomorfos, se enfrenta ahora a los demonios de su pasado mientras lucha por su futuro. El oficial de ingeniería Wascylewski debe usar todas las herramientas disponibles para sobrevivir al ataque de la criatura más letal conocida por el hombre. Después de que su colonia sea evacuada, Maxon, de doce años, y su madre tienen que llegar al puerto espacial, pero entre ellos y el espacio se encuentran los xenomorfos. Amanda, la hija de Ellen Ripley, se une a la resistencia. Además: más historias aterradoras, incluyendo un retorcido relato ilustrado por Sam Kieth. Incluye la adaptación del guión original de Alien y la adaptación del guión sin producir de William Gibson para Alien3
Autores: Dan O’Bannon, William Gibson, Brian Wood, Dan Abnett, Dion Lay, Liam Sharp, John Layman, Joshua Williamson, Cristiano Seixas, Johnnie Christmas, James Stokoe, Gabriel Hardman, Tristan Jones, Riccardo Burchielli, Stephen Thompson, Tony Brescini, Eduardo Francisco, Patric Reynolds, Henry Flint, Robert Carey, Kieran McKeown, Guilherme Balbi, Sam Kieth, Dan Jackson, Rain Beredo, Tamra Bonvillain y Candice Han



