viernes, octubre 23, 2026

Hope: Na Hong-jin abre la jaula y el monstruo se le escapa

Hope
Panini

Diez años. Es lo que ha tardado Na Hong-jin en volver a ponerse tras la cámara desde El extraño (2016), aquel descenso a los infiernos rurales que dejó a medio mundo sin dormir. Y vuelve como nadie lo esperaba: con la producción más cara de la historia del cine coreano, un reparto que cruza el Pacífico y una película de alienígenas que se coló, con todo el escándalo, en la Competición Oficial de Cannes.

Hope: Na Hong-jin desenfrenado

Años ochenta. Hope Harbor, un pueblo costero de gente mayor a tiro de piedra de la Zona Desmilitarizada. Una vaca aparece mutilada. El jefe de policía local, Bum-seok (Hwang Jung-min, que se reencuentra con Na tras El extraño), es un hombre más hecho a mediar en riñas vecinales que a investigar nada; a su lado, la agente Sung-ae (Hoyeon, la de El juego del calamar, en su primer papel en cine). Mientras, en el monte, Sung-ki (Zo In-sung) y una partida de lugareños salen tras la bestia y descubren pronto que los cazados son ellos. Un incendio corta las comunicaciones. El pueblo se queda solo.

Hope no es una película; son varias, apiladas unas sobre otras. Y en esa desmesura están a la vez su gloria y su condena. La primera hora es, sencillamente, de lo mejor que ha dado el cine de género a gran escala este año. Na entiende, como el Spielberg de Tiburón, que lo que no se ve asusta más, y mantiene a la criatura fuera de plano durante cerca de cincuenta minutos. Lo que ocupa ese vacío es tensión pura: rugidos lejanos, calles desiertas, cadáveres, sospechas entre vecinos.

Hong Kyung-pyo, director de fotografía de Parásitos y Burning, firma una película casi sin escenas nocturnas, modelada con luz natural y con grandes angulares que pegan la cámara a los personajes. Junto al equipo de XM2, habitual de las sagas 007 y Misión: Imposible, recurre a cámaras con cable, motos eléctricas y un slider que alcanza los 200 km/h. El resultado son persecuciones a ras de suelo, en coche o a caballo entre los bosques del parque nacional de Retezat, en Rumanía, con una fisicidad rara en el blockbuster actual. Hoyeon llegó a sacarse el carné de coche manual y a entrenar derrapes para rodar ella misma las persecuciones, y Zo In-sung hizo su propia acción a caballo. Completan el conjunto la partitura de Michael Abels (Déjame salir, Nosotros, ¡Nop!), grabada en Viena con 70 músicos, y un Hope Harbor que no es un decorado: es un pueblo real de Haenam remodelado por Lee Hwokyoung.

Hope

Y por debajo corre la marca de la casa: un humor negro, a ratos de slapstick, que nunca desactiva la amenaza. Na jamás ha sido amable con la autoridad, y sus policías vuelven a ser entrañablemente torpes, desbordados por algo que les queda enorme.

El problema llega cuando el monstruo por fin se deja ver. Na quiso que sus alienígenas no fueran simples antagonistas y, para subrayar la otredad, reservó los papeles humanos al reparto coreano y los extraterrestres a intérpretes de Hollywood. Fassbender, Vikander, Russell y Britton dan vida, mediante captura de movimiento y facial, a cuatro criaturas de especies y rangos distintos, que hablan un idioma propio diseñado junto a lingüistas.

La idea es buena y el esfuerzo, casi siete años de diseño, enorme. Pero los efectos digitales son el talón de Aquiles más señalado por la crítica internacional, y aunque Na siguió retocándolos tras Cannes y recortó cuatro minutos de metraje, las criaturas siguen pesando menos de lo que deberían.

Y lo peor es que el bache no es solo técnico. Hope cambia de piel, se dispersa en digresiones y alarga su tramo central más allá de lo razonable; dentro de sus casi tres horas late una película más corta y afilada que pugna por salir. El reparto coral, tan vivo en el arranque, acaba sacrificado en favor de la mecánica del espectáculo.

Sin embargo, en medio del caos asoma lo que siempre ha hecho grande a Na. El director resume su película en una idea: todas las tragedias del mundo nacen de un malentendido. Hay un primer plano a cámara lenta en el que Bum-seok cree reconocer dolor en los ojos de la criatura, y ahí Hope plantea la pregunta que recorre toda su filmografía: quién es aquí el monstruo. Lo que el pueblo toma por una bestia resulta ser una emperatriz, su heredero y su séquito, estrellados en la Tierra; y la reacción instintiva y violenta ante el extraño, en un pueblo fronterizo de la Corea de los ochenta, difícilmente es casual. El giro final, que abre la historia hacia un conflicto de escala cósmica y deja la puerta abierta a una secuela que el director ya ha anunciado, desconcierta tanto como intriga.

Hope es excesiva, desigual y, por momentos, torpe. También es más ambiciosa que casi cualquier superproducción que se estrene este año, y hasta sus tramos fallidos tienen destellos de un cineasta en plena forma. Na Hong-jin ha ganado escala y ha perdido algo de finura por el camino. Pocas veces una película que se tambalea tanto se sostiene tan bien en pie.

Hope

Dirección y guion: Na Hong-jin · Reparto: Hwang Jung-min, Zo In-sung, Hoyeon, Alicia Vikander, Michael Fassbender, Taylor Russell, Cameron Britton · Fotografía: Hong Kyung-pyo · País: Corea del Sur, 2026 · Duración: 156 min · Distribuye en España: MUBI

Comic Stores