martes, noviembre 3, 2026

Crítica de ‘Godzilla Minus Zero’: Ghidorah, la posguerra y el regreso del rey de los kaiju

Godzilla Minus Zero
Panini

Takashi Yamazaki firma una secuela más grande, más dura y más ambiciosa que ‘Godzilla Minus One’. No siempre más redonda, pero sí a la altura de la expectación. Te traemos la crítica hoy, 3 de NOVIEMBRE Día de Godzilla.

Godzilla Minus Zero: el reto de seguir a una película que lo cambió todo

Pocas secuelas han llegado con tanto peso sobre los hombros. Godzilla Minus One (2023) costó en torno a 10 millones de dólares y acabó recaudando más de 116 en todo el mundo. Ganó el Óscar a los mejores efectos visuales —Yamazaki fue el primer director en lograrlo desde Stanley Kubrick—, sumó ocho premios de la Academia Japonesa de Cine y se convirtió en un fenómeno de taquilla en Estados Unidos.

Lo curioso es que nadie pensaba en una continuación. La idea empezó a tomar forma el 30 de mayo de 2023, en el primer pase privado de Minus One para el equipo y el personal de Toho: muchos asistentes salieron con ganas de saber qué pasaba después. Un mes más tarde, Yamazaki ya tenía un primer esbozo de cuatro o cinco páginas con los elementos esenciales de lo que ha llegado a la pantalla.

Mientras el Monsterverso de Hollywood convierte a Godzilla en un personaje cada vez más cercano a la parodia, en Japón el monstruo sigue siendo cosa seria. Minus Zero, su aparición número 39 en la gran pantalla, lo confirma.

Godzilla Minus Zero

Argumento: 1949, un país que intenta levantarse

La historia arranca en 1949, dos años después de que los restos de Godzilla se hundieran en la bahía de Sagami. Kōichi Shikishima (Ryunosuke Kamiki), el antiguo piloto kamikaze, se ha casado con Noriko (Minami Hamabe) y ambos crían a la pequeña Akiko (Sae Nagatani), la huérfana que adoptaron entre los escombros y que ahora tiene cuatro o cinco años.

Junto a ellos vuelve su otra familia, la que no comparte sangre pero sí historia: la vecina Sumiko Ota (Sakura Ando), Seiji Akitsu (Kuranosuke Sasaki) y Shiro Mizushima (Yuki Yamada).

Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka) dirige ahora la Oficina de Respuesta ante Desastres, encargada de vigilar a un Japón que se reconstruye a duras penas. La calma dura poco: una nueva criatura alada, Ghidorah, arrasa la ciudad de Matsumoto en la secuencia inicial. No es un detalle cualquiera: Matsumoto es la ciudad natal del propio Yamazaki.

Noda recluta como asesor a Shikishima y suma al equipo a dos especialistas: el profesor Kanji Murakami (Min Tanaka), uno de los pocos supervivientes de Matsumoto, y la meteoróloga Makoto Aoyama (Masami Nagasawa). Ninguna estrategia funciona. Y cuando todo parece perdido, Godzilla regresa del fondo del mar, más grande y más feroz que antes.

La tentación obvia era la de siempre: más monstruos, más destrucción, más ruido. Yamazaki cae en parte en ella, pero sin olvidar la lección que hizo grande a la primera entrega. Aquí los kaiju siguen siendo la excusa; lo que importa es la gente que vive bajo sus pies.

Ghidorah roba el protagonismo (y no es un problema)

La decisión más arriesgada del guion es mantener a Godzilla fuera de escena hasta bien entrado el tercer acto. Durante buena parte del metraje, la amenaza es Ghidorah, una serpiente alada con un rayo dorado y la capacidad de alterar la gravedad a su alrededor: levanta edificios enteros por los aires y los estrella contra el suelo.

Yamazaki explica que con el nuevo kaiju quiso transmitir sobre todo dolor, con una violencia más cruda que la habitual en la saga. A Godzilla, en cambio, lo trata con algo parecido a la reverencia, como si dentro habitara una divinidad que solo de vez en cuando decide aparecer.

Y se nota. Cuando el rey de los monstruos por fin asoma, la aparición está construida para erizar la piel de cualquier aficionado. Su papel, además, cambia: ya no es solo algo que hay que detener, sino una fuerza de la naturaleza que alguien podría intentar dirigir.

Godzilla Minus Zero

Efectos visuales: el listón vuelve a subir

Shirogumi repite con Kiyoko Shibuya —también ganadora del Óscar por la anterior— y suma a Takayuki Ueki y Eisin Okubo en la supervisión. El equipo de efectos ha pasado de unos 35 profesionales a más de 50, una cifra que sigue siendo minúscula comparada con cualquier superproducción de Hollywood.

El resultado iguala o supera lo visto en Minus One. Las criaturas tienen peso, escala y una forma de moverse que las hace creíbles. Hay detalle hasta en las gotas de agua que despide Godzilla al emerger del océano. Y hay imágenes difíciles de olvidar, como el vuelo de Kōichi a través de un pueblo suspendido en el aire por el poder antigravitatorio de Ghidorah.

La batalla final acumula más planos de efectos que muchas superproducciones de Hollywood enteras, y concentrados en apenas unos minutos. Por primera vez, además, el duelo entre monstruos es un cuerpo a cuerpo físico y brutal, con mordiscos y heridas que la vieja técnica del hombre dentro del traje nunca pudo mostrar.

Así se hizo: de los aviones reales al Wako de Ginza

Las notas de producción dejan detalles que explican buena parte del acabado de la película:

  • Rodaje íntegro en Japón, entre finales de agosto y mediados de diciembre de 2025
  • Aviones de combate construidos para el rodaje, réplicas fieles de los modelos de la época. La cabina se construyó físicamente y varios técnicos la balanceaban a mano mientras el actor manejaba la palanca
  • Sonido de motores grabado con aviones reales en pleno vuelo, y rugidos registrados en una presa de montaña para conseguir una acústica natural
  • El edificio Wako de Ginza recreado a escala real, con medidas tomadas en su azotea y un estudio de los materiales de la fachada
  • Un cielo siempre nublado. Como el monstruo llega acompañado de nubes oscuras y el tiempo no acompañó, buena parte de los exteriores se rodó en una superficie asfaltada de unos 20 por 8 metros, redecorada una y otra vez para simular escenarios distintos
  • Viento de verdad en plató, con ventiladores gigantes a baja potencia para mover la ropa de los actores, aunque eso obligó a regrabar los diálogos en posproducción
  • Una banda sonora grabada en una sala de conciertos, con músicos llegados de distintas partes de Japón

El propio Yamazaki reconoce que esta vez contó con algo más de presupuesto y se permitió imaginar situaciones más ambiciosas, aunque admite que lo acabó pagando durante la posproducción de los efectos.

Godzilla Minus Zero

Acción que se entiende

En una época de montajes epilépticos, Godzilla Minus Zero apuesta por lo contrario: planos sostenidos y una geografía clara. Yamazaki vuelve a filmar la catástrofe a ras de suelo, desde la mirada de quien huye, y eso le da una sensación de peligro real que pocas películas de monstruos consiguen.

Si Minus One encontraba su mejor tensión en mar abierto, Minus Zero la lleva al cielo. El combate aéreo entre tres cazas y Ghidorah tiene muchas piezas en movimiento, pero el espectador sabe en todo momento quién está dónde. Es una secuencia de bombarderos clásica con un dragón como rival.

Lo mismo ocurre en el clímax, un enfrentamiento a varias bandas entre monstruos y humanos sobre las ruinas de Ginza. Es ambicioso, caótico por naturaleza y, aun así, fácil de seguir.

IMAX: una película pensada para la pantalla más grande

Minus Zero es la primera película japonesa rodada en formato «Filmed For IMAX». La decisión nació durante la gira promocional de Minus One en Estados Unidos, tras una visita a la sede de IMAX en Los Ángeles.

El formato principal sigue siendo el CinemaScope clásico (2,35:1), pero las proporciones IMAX (1,90:1 y 1,43:1) amplían la imagen en determinadas secuencias. Para que cada plano funcionara en todos los formatos, Yamazaki redibujó uno por uno los storyboards definitivos. Si hay una película de este año que merece el esfuerzo de buscar una sala IMAX, es esta.

Más dura y más sangrienta

La calificación R en Estados Unidos no es un detalle menor. Yamazaki se detiene más que antes en los cuerpos calcinados por el fuego nuclear o lanzados desde grandes alturas. Ni siquiera Godzilla sale indemne: los combates le arrancan pedazos de forma más gráfica que nunca en la saga.

Godzilla Minus Zero

No es violencia gratuita. El director cuenta que hubo quien le sugirió eliminar algunas de esas escenas y que se negó, convencido de que era importante mostrarlas. Encaja con una película que quiere que el horror pese, pero conviene saberlo antes de llevar a los más pequeños de casa.

Música y sonido: Ifukube, Sato y Dolby Atmos

La banda sonora de Naoki Sato, frenética y emotiva a partes iguales, convive con el tema clásico de Akira Ifukube. Cuando ese motivo original irrumpe en pantalla, Godzilla recupera de golpe toda su capacidad de hacer temblar al patio de butacas.

El trabajo de sonido, en manos de Hisafumi Takeuchi y Natsuko Inoue —ambos premiados por Minus One—, da un paso más gracias al Dolby Atmos. Los graves están pensados para sentirse en el cuerpo, no solo para oírse.

El corazón de la película: las cicatrices de la guerra

Si Minus One convertía la destrucción de Ginza en un eco de Hiroshima, Minus Zero se ocupa de lo que viene después. El duelo, la resiliencia, el nacionalismo y la rabia atraviesan a casi todos los personajes. Lo que antes era subtexto aquí se dice en voz alta.

El más inquietante es el profesor Murakami, ligado al pasado nuclear del país, cuyas visiones dejan algunas de las imágenes atómicas más perturbadoras de la serie. Su deseo de venganza contra quienes lanzaron la bomba plantea una pregunta incómoda: ¿y si Godzilla pudiera apuntarse contra el enemigo?

Estados Unidos tiene más presencia que en la anterior entrega, pero más como tutor paternalista que como aliado. Ofrece aviones de guerra para que sean los pilotos japoneses quienes se jueguen la vida. La película se aleja del tono más nacionalista de su predecesora para apuntar a algo más amplio: la desconfianza hacia gobiernos e instituciones capaces de sacrificar la seguridad colectiva por una ventaja táctica.

Yamazaki lo resume en una idea: le basta con que alguien que entra al cine solo a pasarlo bien salga preguntándose cómo debería comportarse la humanidad cuando tiene en sus manos armas de semejante poder destructivo.

Godzilla Minus Zero

Las mujeres ganan peso en primera línea. Aoyama carga con la culpa de no haber previsto a tiempo un tsunami que costó muchas vidas, y busca redimirse; el equipo contó con asesores para reconstruir cómo se trabajaba la meteorología en el Japón de 1949. La historia de Noriko —marcada por su encuentro con Godzilla en la anterior entrega— es uno de los motores del relato.

Y luego está Akiko. Su trauma infantil y su miedo al abandono ocupan mucho metraje, y el pequeño ritual con el que despide a sus padres cada vez que salen de casa, convencida de que así volverán sanos y salvos, es de lo más emotivo de la película.

Al final, cuando las instituciones fallan, lo único que queda es aferrarse a la familia. Es exactamente lo que buscaba el director, que cita Intolerancia de Griffith como referencia: una pequeña historia de amor que sobrevive mientras el mundo se derrumba alrededor, y que vale tanto como el destino de todos.

Lo que no termina de encajar

Godzilla Minus Zero

No todo funciona igual de bien. La parte humana resulta menos compacta que en Minus One: hay más personajes, más tramas y menos claridad de propósito. Como Shikishima ya cerró sus heridas en la primera película, el guion necesita personajes nuevos con su propia culpa a cuestas, y casi todos están dibujados con trazo grueso. El reparto se entrega con convicción, pero cada uno tiene un único rasgo y lo exprime.

El drama a veces se pasa de rosca. Algunos diálogos suenan engolados y enfáticos, algo aceptable en una serie B pero menos en una película con aspiraciones de primera división. Las escenas en inglés con actores estadounidenses tampoco ayudan: se notan rígidas y torpes.

Hay también momentos que suenan a ya vistos, incluido algún guiño evidente a la versión de Gareth Edwards de 2014. Y algunos temas repiten lo que ya contó Minus One, con menos capacidad de sorpresa.

Por último, el ritmo. Con más de dos horas de duración, el metraje se resiente en algún tramo, sobre todo en la planificación de la defensa. Y el final apuesta por el melodrama puro: según el espectador, provocará lágrimas o un resoplido.

Veredicto

Godzilla Minus Zero no recupera la sensación de descubrimiento de Minus One, algo casi imposible. A cambio, ofrece un despliegue visual de primer nivel, una acción que respeta la inteligencia del espectador y una reflexión seria sobre las heridas de la posguerra.

Es una secuela más grande, más dispersa y algo menos precisa, pero sigue siendo la versión más segura de sí misma que ha tenido el monstruo en décadas. Y mantiene el convencimiento de fondo: un kaiju gigante solo da miedo si antes nos importan las personas que tiene delante. Yamazaki lo sabe, y vuelve a demostrarlo.

Lo peor

  • Unos efectos visuales que vuelven a dejar en evidencia a Hollywood, hechos por un equipo de apenas 50 personas
  • Secuencias de acción claras, filmadas a ras de suelo y con una geografía siempre legible
  • El combate aéreo contra Ghidorah y la entrada en escena de Godzilla
  • Un trabajo artesanal que se nota
  • La carga emocional de la familia Shikishima, sobre todo de Akiko
  • El regreso del tema de Akira Ifukube y un sonido Dolby Atmos que se siente en el cuerpo

Lo mejor

  • Personajes nuevos dibujados con trazo grueso y una parte humana menos cohesionada
  • Diálogos enfáticos y escenas en inglés muy rígidas
  • Un ritmo que decae en algún tramo de sus 135 minutos
  • Un final que apuesta todo al melodrama
  • Temas que repiten terreno ya explorado en Minus One
  • Quien entre buscando dos horas de mamporros gigantes puede salir con la sensación de que falta Godzilla.

Ficha técnica

  • Título: Godzilla Minus Zero
  • Dirección, guion y supervisión de efectos visuales: Takashi Yamazaki
  • Productora: Toho
  • Reparto: Ryunosuke Kamiki, Minami Hamabe, Hidetaka Yoshioka, Masami Nagasawa, Min Tanaka, Sae Nagatani, Yuki Yamada, Kuranosuke Sasaki y Sakura Ando
  • Música: Naoki Satō, con el tema original de Akira Ifukube
  • Duración: 135 minutos
  • Calificación en Estados Unidos: R, la primera de la saga con esta clasificación
  • Estreno: 3 de noviembre de 2026 en Japón y 6 de noviembre en Estados Unidos
  • Formato: rodada para IMAX, la primera producción japonesa en hacerlo
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