Panini Comics rescata en DC Finest. Batman: Cielos rojos la última Gotham antes del gran terremoto, con un dibujo de época que sigue quitando el hipo
Gotham City nunca fue una ciudad amable, pero a mediados de los años ochenta se volvió algo peor. El crimen dejó de vestir disfraces de colores para ponerse trajes caros, y los villanos cambiaron el atraco a la joyería por el imperio empresarial. Mientras tanto, en los tejados, Batman cargaba con un chaval al que había convertido en compañero y con una vida privada que se le deshacía entre los dedos. Y entonces, una noche cualquiera, el cielo sobre la ciudad se tiñó de rojo y nadie supo explicar por qué. Aquella Gotham City crepuscular, la última que existió antes de que el universo entero se reiniciara, es la que recupera Panini Comics en DC Finest. Batman: Cielos rojos.
La línea DC Finest tiene un objetivo muy claro. Poner al alcance de cualquier lector, en tomos gordos y a precio ajustado, etapas completas del catálogo de DC Comics que llevaban décadas descatalogadas o que directamente nunca habían llegado a España. Este volumen cierra la primera gran estancia de Doug Moench al frente del Hombre Murciélago, un tramo que arrancó en 1983 y que terminó justo antes de que todo cambiara para siempre.

Un culebrón con capa y antifaz
Lo primero que sorprende de esta etapa es su ritmo. Moench escribía a la vez las dos cabeceras principales del personaje y las usaba casi como una sola serie quincenal. Un capítulo empezaba en una y continuaba en la otra dos semanas después. Las tramas se solapaban, los secundarios tenían vida propia y las subtramas tardaban meses en cerrarse. Es un enfoque muy de soap opera, heredado de la escuela de Marvel Comics en la que Moench se había formado, y funciona bastante mejor leído de golpe que mes a mes.
En esa Gotham conviven el Jason Todd original (todavía un chico de circo alegre y algo bocazas, muy lejos del adolescente furioso que sería después), un Harvey Bullock insoportable y magnífico, un Alfred Pennyworth que ejerce de conciencia y una Catwoman que complica la vida sentimental del protagonista más que cualquier villano. Enfrente aparecen viejos conocidos como Dos Caras o Hugo Strange, obsesionado como siempre con demostrar que él sería mejor Batman que Batman.
El gran hallazgo del tramo, sin embargo, tiene la cara quemada. Máscara Negra, alias Roman Sionis, debutó aquí como un niño rico arruinado, resentido con la familia Wayne y fascinado por las máscaras hasta el delirio. Su banda, la Sociedad de la Cara Falsa, convirtió ese fetiche en religión criminal. La portada que lo presentó lo anunciaba como un villano para los años ochenta y el tiempo le ha dado la razón.
Por encima de todo ello flota el motivo que da título al tomo. Mientras estas historias se publicaban, Crisis en Tierras Infinitas estaba borrando del mapa el multiverso de DC Comics, y las colecciones de la editorial mostraban aquel cielo carmesí como aviso de que algo enorme ocurría fuera de plano. Batman apenas puede hacer nada al respecto (lo suyo son los callejones, no las dimensiones paralelas) y esa impotencia le da al conjunto un aire de despedida que hoy se aprecia mucho mejor que entonces.

El guionista, el maestro y el aprendiz
Doug Moench llegó a Gotham con un currículum poco habitual. Se había curtido en las revistas en blanco y negro de Marvel Comics escribiendo El planeta de los simios y Doc Savage, firmó con Paul Gulacy una etapa legendaria de Master of Kung Fu y creó a Caballero Luna y a Deathlok. Esa mezcla de pulp, espionaje y melodrama es justo lo que trajo consigo al personaje. Volvería a él entre 1992 y 1998, en los años de La caída del murciélago y de su celebrada colaboración con Kelley Jones, con un tono mucho más oscuro.
Gene Colan es otra historia. Cuando dibujó estas páginas ya era una leyenda con cuatro décadas de oficio a la espalda. Suyas son etapas fundamentales de Daredevil, Howard el Pato y sobre todo La tumba de Drácula, donde junto a Marv Wolfman creó a Blade. Su Batman no se parece al de nadie. Colan trabajaba con lápiz blando, sin líneas limpias, construyendo las figuras a base de sombras y de una luz que parece entrar por una ventana sucia. Sus escenas nocturnas tienen textura de película antigua, muy en la línea del cine noir que tanto amaba. El Salón de la Fama Will Eisner lo acogió en 2005 y falleció en 2011 dejando uno de los legados gráficos más personales del medio.
Entre ambos aparece Tom Mandrake, entonces un dibujante joven que aquí encontró su registro. Su trazo es más áspero y anguloso, más deudor del terror, y encaja como un guante con la estética de máscaras y quirófanos de Sionis. Después desarrollaría con John Ostrander una etapa muy reivindicada de Espectro. Conviene mencionar también a la colorista Adrienne Roy, responsable durante años de la paleta violeta y azulada que define el aspecto de esta Gotham.

Una fiesta de cumpleaños con invitados de lujo
La joya del volumen es el número aniversario de la cabecera principal, un especial descomunal en el que Moench soltó a la vez a todos los internos de Arkham Asylum y repartió los capítulos entre una nómina de dibujantes que quita el sentido. John Byrne, George Pérez, Bill Sienkiewicz (autor además de una portada pintada que se ha convertido en icono), Arthur Adams entintado por Terry Austin, Joe Kubert o Brian Bolland, con ilustraciones a página completa de Bernie Wrightson, Michael Kaluta, Mike Grell y Steve Rude. El prólogo lo firmó Stephen King, que explicaba que Batman siempre le atrajo más que Superman porque había en él algo siniestro.
Hay otra sorpresa escondida en el tomo, un guion de Harlan Ellison dibujado por Colan en el que la patrulla nocturna del protagonista se convierte en una broma sobre su propia inutilidad. Ellison le había prometido ese relato al editor Julius Schwartz y tardó tanto en entregarlo que, cuando por fin se publicó, Schwartz llevaba casi una década fuera de las colecciones del personaje.
Buena parte de lo que aquí se plantó ha germinado fuera del papel. Máscara Negra llegó al cine en 2020 interpretado por Ewan McGregor en Aves de presa, Nocturna apareció en la serie Batwoman y Hugo Strange tuvo un papel destacado en la serie de televisión Gotham. No está mal para un puñado de historias que durante años se consideraron menores.
Conviene avisar de lo que uno se encuentra. Esto no es Batman: Año Uno ni El regreso del Caballero Oscuro, las dos obras que llegarían inmediatamente después para redefinir al personaje. Es un Batman anterior, más folletinesco, muy pegado a la tradición de los setenta, con bocadillos largos y cajas de texto que lo explican todo. Quien busque la narrativa pausada de hoy se va a impacientar. Quien quiera entender de dónde venía el personaje justo antes del terremoto, y quien sienta debilidad por el dibujo atmosférico de la vieja escuela, tiene aquí un tomo generoso y muy bien surtido. Recomendado sobre todo a lectores con ganas de arqueología, a seguidores de Máscara Negra y a cualquiera que quiera ver a Gene Colan haciendo lo que mejor sabía: dibujar sombras.
Esta edición presentada por Panini Comics viene en un formato de rústica con solapas con un tamaño de página de 17 x 26 cm. y contiene la traducción de los números 386 a 400 de la serie original Batman, junto al material de Detective Comics 553 a 567, Batman Annual 10 y Secret Origins 6. El tomo contiene 656 páginas a color. El precio de venta recomendado es de 49,95 € y se puso a la venta en julio de 2026.

DC Finest. Batman: Cielos rojos
El imprescindible volumen que recoge los cruces con Crisis en Tierras Infinitas y enlaza con DC Finest. Batman: Año Uno y Dos. Esta recopilación incluye los planes maestros de Hugo Strange y un sinfín de arriesgados enfrentamientos entre Batman y Dos Caras, Catwoman y la Sociedad de la Cara Falsa. Incluye el monumental Batman #400 USA, una celebración prologada por Stephen King, escrita por Doug Moench e ilustrada por los mejores artistas de la época, entre ellos George Pérez, Bill Sienkiewicz, Arthur Adams, Brian Bolland o John Byrne, en que el Hombre Murciélago se enfrenta a toda su galería de villanos, con Ra’s al Ghul a la cabeza
Por Doug Moench, Tom Mandrake y Gene Colan con George Pérez, Bill Sienkiewicz, Arthur Adams, Brian Bolland y John Byrne, entre otros.
Autores: Doug Moench, Gene Colan, Tom Mandrake, George Pérez, Bill Sienkiewicz, Arthur Adams, Brian Bolland, John Byrne y Adrienne Roy



