Análisis de Assassin’s Creed IV: Black Flag

AC4-Black-Flag-ballena¡Al abordaje!

En La casa de El siempre hemos sido seguidores de la que probablemente es el buque insignia de los franceses Ubisoft: Assassin’s Creed. La prueba es el especial que le dedicamos el año pasado en preparación para la tercera entrega, además de una amplia cobertura que hemos realizado siempre en las noticias sobre todo lo relacionado a la saga de los asesinos ya sea a sus videojuegos, sus cómics o su futura película.

Una saga que desde su aparición en 2007 se ha convertido en un clásico todas las navidades pero que quizá precisamente por eso mismo esté empezando a acusar cierto desgaste, habiendo tocado techo en Assassin’s Creed: La hermandad pero con dos entregas que le siguieron (Revelations y 3) las cuales dejaron con un sabor amargo a los fans. Sobre todo las aventuras de Connor durante la Guerra de la Independencia Americana, un juego sin alma con un inicio perfecto pero que conforme avanzaba la trama perdía fuerza y terminaba ahogada por sus propios bugs (no obstante es el causante que desde entonces me niegue a escribir impresiones de un videojuego sin terminarlo antes, y un bochorno personal cada vez que leo su reseña).

No es mi intención entrar en si el problema de este desgaste es debido a una fórmula que no da más de si o a su carácter anual, pues entraríamos en territorio de opiniones y para eso os invito a usar los comentarios. Lo que está claro es que Assassin’s Creed no sorprende como antes, lo cual es una lástima pues esa sensación de deja vu termina eclipsando la que es probablemente la mejor y más completa entrega de toda la saga: Assassin’s Creed 4: Black Flag.

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La piratería ha sido fuente de inspiración casi inagotable para libros y películas, aunque solo sea desde su percepción más bohemia. Dentro del mundo de los videojuegos hemos podido disfrutar una de las mejores aventuras gráficas de la historia, la saga de Monkey Island, y alguna que otra serie de juegos de jugabilidad similar para PC y ocasionalmente para consolas, como Port Royal o Sid Meyer’s Pirates, pero nos faltaba una superproducción, o lo que en el cine se considera un “blockbuster”. Puestos a remediarlo, Ubisoft ha cogido uno de los minijuegos más divertidos de Assassin’s Creed 3, las batallas navales, y junto a un nuevo protagonista ha creado un amplio mundo para explorar ambientado en el Caribe del siglo 17, la edad de oro de la piratería.

Edward Kenway sustituye así a Connor aunque para ello debamos dar un salto atrás en la cronología ya que se trata de una precuela y por lo tanto el abuelo del indio, consiguiendo esta vez un protagonista más divertido y carismático, algo no muy difícil de conseguir pero que al mismo tiempo sigue eclipsado por Ezio Auditore. Los secundarios sufren el mismo mal, transmitiendo algunos la sensación de que su presencia sirve únicamente para adornar una historia quizá no demasiado interesante u original como para captar la atención completa del jugador. Esta vez además la saga deja de lado el rigor histórico, o al menos el intentar aparentarlo, y en muchas ocasiones leeremos entradas en la base de datos en la que nos cuentan que esos personajes o ciertos edificios no estaban ahí realmente durante la época en la que ocurre el juego.

Ubisoft se convierte en Abstergo

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Lo cual nos lleva al siguiente punto de la historia, la trama del presente, la cual se veía obligada a un cambio radical tras los acontecimientos de la tercera entrega y una de las mayores sorpresas del juego. Esta vez encarnamos a un personaje anónimo, totalmente mudo y con una vista en primera persona, con la intención de que nos sintamos totalmente inmersos en la historia. Nuestro personaje es un trabajador de Abstergo, empresa la cual ha decidido expandir sus negocios al siempre lucrativo mundo de los videojuegos, así pues pronto nos convertiremos en beta-testers de uno de sus próximos productos: el videojuego de piratas Assassin’s Creed. Efectivamente, esta vez la historia rompe la cuarta pared y por todas las oficinas de Abstergo encontraremos las novelas, cómics e incluso alusiones a anteriores juegos de la saga. Lo demás es mejor que lo descubráis por vosotros mismos, pero por primera vez el mundo real no se convierte en una lacra para la jugabilidad y probablemente pasareis muchas horas explorando por las oficinas y sus ordenadores.

Pero vayamos a lo que realmente importa. Gráficamente no aporta ningún elemento innovador per se, siendo una ligera evolución del ya más que correcto motor gráfico usado en la tercera entrega, el Anvil Next. Mismas animaciones, nivel de detalle, efecto de luces… todo el trabajo de sorprender recae pues en el apartado artístico, rozando este durante muchos momentos el sobresaliente, ayudándose de la maravillosa ambientación que proporciona el Caribe, con junglas, largas playas, cascadas y una fauna viva y sorprendente… y el mar, evidentemente. Los barcos y las batallas navales lucen espectaculares en todo momento, con muy buenas físicas, con cantidad de detalles que muchas veces crean imágenes dignas de una postal. La única pega, por achacar algo, es la superficie y sobre todo las animaciones de Edward mientras nada, toscas y sin interacción alguna con el agua que sea destacable.

Comparativa entre las versiones de Playstation 3 y Playstation 4.

¡A toda vela!

Las citadas batallas navales son uno de los elementos más espectaculares del juego, una mejora de las que vimos en la tercera entrega con una jugabilidad más que correcta e intuitiva, aunque a la larga se convierte en un elemento más debido a lo mucho que abusa el juego de ellas. Con el catalejo divisaremos a nuestros enemigos, junto a su carga y su nivel de combate para que decidamos si enfrentarnos a ellos es lo que más nos conviene en ese momento o es preferible pasar de largo o buscar una ruta más segura. Si decidimos plantar cara tenemos a nuestra disposición varios tipos de cañones que hay que utilizar sabiamente, para lo cual deberemos maniobrar nuestro barco para colocarlo en la mejor posición posible y maximizar así los daños a costa de intensificar también el recibido. Nuestra nave puede mejorarse con armas más potentes, nuevos cañones o un casco más resistente, además de algunos elementos estéticos, y para ello necesitaremos mucho dinero y materiales. Por primera vez en la saga la economía cobra valor real en la jugabilidad, pues el dinero escasea si nuestra forma de jugar es pasiva con lo cual nos vemos “obligados” a ejercer la siempre sana profesión de la piratería si no queremos quedarnos vendidos ante una flota de barcos más poderosos que el nuestro (y que el juego bien tiene la atención de recordarnos antes de empezar una misión si nuestro nivel o equipamiento es bajo).

Una de las mayores características de la saga, las amplias ciudades para explorar, toman en Assassin’s Creed 4: Black Flag un cáliz más discreto, aunque por suerte en un buen sentido. Ahí están La Habana, Portobello o Santa Lucía son algunas de las principales ciudades que podremos explorar y escalar su edificios, recreadas no con mucha fidelidad histórica pero que gracias al ya citado sobresaliente apartado artístico nos devuelven la sensación que sentíamos al explorar las calles de Venecia durante la segunda entrega, algo que se perdió más tarde en la repetitiva Constantinopla (Revelations) o la aburrida y poco sorprendente Nueva York (Assassin’s Creed 3). Sin embargo, a pesar de tan notable impresión no es nada comparable con la sensación de estar ante un mundo enorme y abierto al alcance de nuestro timón, un mar lleno de islas pequeñas repletas de elementos para explorar y pequeñas aldeas con minijuegos o valiosos materiales que “tomar prestados” de sus legítimos dueños.

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Las peleas no aportan nada nuevo a los jugadores más experimentados, eso sí. Vuelve el sistema de contraataques y desarmes al que estamos tan acostumbrados y las clásicas peleas contra cinco o seis espadachines, los cuales esperan amablemente su turno para atacar mientras son vapuleados sin piedad por nuestros experimentados combos. La (falsa) novedad esta vez viene en el campo del sigilo, siendo Black Flag el juego de la saga que más opciones nos da para ello con muchísimos lugares para esconderse además de nuevas armas como la cerbatana, un elemento que si bien al principio podemos pensar que se trata del nuevo objeto jugable que pronto caerá en el olvido, como las bombas de Revelations o la caza en la tercera entrega, pronto descubriremos lo divertido que es intentar pasar desapercibido en una fortaleza enemiga mientras los vamos asesinando uno a uno.

Misiones secundarias. Misiones secundarias por todas partes.

Y ya que citamos la caza, permitidme daros la buena noticia de que al contrario de lo que ocurría con Connor esta vez se convierte en un elemento indispensable para progresar en el juego, pues muchos de los materiales necesarios para mejorar el equipamiento de Edward únicamente podemos conseguirlos atrapando a el animal correspondiente. Y es solo una de las numerosas tareas secundarias que encontraremos a lo largo de todo el juego: a las ya clásicas misiones de asesinato y recolección que estamos acostumbrados hay que añadir cazar ballenas y otros animales marinos, explorar islas, buscar tesoros con la ayuda de mapas encontrados en botellas, explorar el fondo marino, explorar ruinas mayas, completar retos en el simulador de Abstergo… Muchas y muchas horas de diversión gracias a una buena variedad de objetivos y mecánicas jugables.

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El juego cuenta también con el ya clásico modo online, el cual aporta pocas novedades más allá de un nuevo modo para modificar elementos como el tiempo o las armas usadas durante las partidas, con lo cual sumado a un complejo menú probablemente no atraiga lo más mínimo a los nuevos en la saga. El modo para un jugador también cuenta con algunas funcionalidades online, como compartir descubrimientos o un minijuego de conquista naval similar a las misiones a las que enviábamos a nuestros asesinos en La Hermandad o Revelations, además de un sistema de valoración de misiones que supuestamente ayudará a Ubisoft a decidir futuros contenidos para el juego. Estas opciones, eso sí, únicamente están disponibles para aquellos que activen el Uplay Passport, penalizando así a aquellos que compren el juego de segunda mano en lo que es una pésima decisión por parte de Ubisoft, que hasta el momento se había limitado a capar algunas funciones online como personajes o niveles.

El apartado sonoro el juego cuenta con el clásico doblaje de la saga: profesionales de primera línea para los personajes principales y las ya más que habituales para los secundarios y extras. El toque curioso viene dado por las numerosas tonadillas piratas que cantan los miembros de nuestra tripulación, y que si completamos una de las tareas secundarias de recolección ampliarán su repertorio hasta hacernos tararear en alguna ocasión.

Conclusión

Estamos pues ante el juego más completo, largo y divertido de la saga, con un apartado técnico sobresaliente y por suerte libre de bugs más allá de alguna que otra animación fallida. Sin embargo, todos estos elementos terminan pasando desapercibidos pues en ocasiones se crea una sensación de “esto ya lo he vivido”, fruto del desgaste al que empieza a estar sometida la saga. Muy recomendable para aquellos que disfrutan de una buena película o libro de piratas, pues obviando Monkey Island, estamos ante el mejor juego de bucaneros y corsarios creado hasta la fecha.

[xrr rating=4,5/5]

3 Comentarios

  1. Muy buena la crítica Laguna Cid pero te quería comentar a partir de la reseña, harás reseñas de los posibles DLC que saquen para el juego?

  2. Sinceramente no lo sé. Si he de comprar yo los dlc’s, es un dinero que de tenerlo preferiría usarlo para comprar otro juego completo que poder reseñar. Aun así, en el caso de que la distribuidora nos los hiciese llegar, ten por seguro que serían analizados.
    Gracias por comentar, nen!

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