Reseña de ‘Alicia en Sussex’

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Podría comenzar esta reseña diciendo que ‘Alicia en Sussex‘ es un cómic de 134 páginas, un libro, una historia… pero no sería cierto. Me he llevado una enorme sorpresa al descubrir que en esas 134 páginas hay muchas historias contenidas, como si se tratase de una muñeca rusa: las dos más evidentes son ‘Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas‘ de Lewis Carroll y el ‘Frankenstein en Sussex‘ de H.C. Artmann, que en una mezcla imprevista le dan título a esta obra. Pero también podemos ver asomarse a Nietzsche y a Melville, a Voltaire y a Cioran, a Verne y a la propia Mary Shelley, en un cómic que combina la filosofía y el existencialismo con la ironía y la pura diversión.

¿Se puede hacer todo eso en un cómic? El austríaco Nicolas Mahler lo demuestra, ya que está a cargo tanto del guion como del dibujo de esta obra. En primer lugar nos presenta a Alicia, la joven protagonista de ‘Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas’ y ‘A través del espejo y lo que Alicia encontró allí’. Alicia es un personaje tan universal y reconocido que con solo un dibujo de trazo sencillo, caricaturesco y algo surrealista, sabemos que es ella. Y Alicia es, al fin y al cabo, un arquetipo: todos la reconocemos como esa figura que abandona el mundo real para entrar en un mundo extraordinario de fantasía, donde nada es lo que parece y donde las leyes de la lógica y la racionalidad no funcionan como deberían. Tal y como ocurre en esta obra.

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Alicia será nuestra guía para seguir a un conejo blanco (¿o azul?) muy especial hasta un nuevo mundo subterráneo. Aquí, como en la obra de Carroll, también conoceremos a la oruga fumadora o al sonriente gato de Cheshire. Pero no olvidéis que ‘Alicia en Sussex’ también bebe de otra obra clásica, el ‘Frankenstein en Sussex’ de Artmann. Y por tanto, el monstruo de Frankenstein está acechando en esa morada subterránea. Si el Frankenstein de Artmann era básicamente un pederasta, el de Mahler conserva ese simbolismo pero inclinando la balanza hacia el lado del humor, convirtiéndose en algo más bien grotesco.

La narrativa es todo lo extraña que se puede esperar de una obra experimental y, sin embargo, engancha. A ratos avanza lenta y a ratos rápida, a veces se apoya tan solo en el dibujo y otras veces nos sorprende con ágiles diálogos, pero es seguro que no podremos apartar los ojos de Alicia, desde el principio hasta el final. La composición de las páginas está al servicio de esta peculiar historia, y Mahler ignora cualquier tipo de límite para jugar con todas las posibilidades que pueden ofrecer unas viñetas.

Salamandra Graphic nos trae esta obra en formato rústica con solapas, con papel de gran calidad y un precio de 20 euros. Y a pesar de que prefiero los libros y cómics en cartoné por su conservación, lo cierto es que el formato parece encajar perfectamente con el estilo de la obra, además de seguir fielmente la publicación original. Un elogio especial merece la traducción, que ha estado a cargo de Miguel Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz, miembro de la Real Academia Española y reconocido y premiado por sus traducciones, principalmente de autores alemanes. Gracias a este traductor de lujo, ‘Alicia en Sussex’ no pierde ni las referencias literarias, ni su frescura original y su fino sentido del humor.

Por supuesto, nadie debe asustarse y pensar que, si no comprende todas las referencias, no disfrutará del cómic. Ya decía al principio que ‘Alicia en Sussex’ es como una muñeca rusa, como un juego de espejos del que el propio Carroll estaría orgulloso. Un niño podría hojear el libro sin ningún problema y reírse de los curiosos dibujos. Un adulto sin grandes conocimientos de literatura podrá divertirse con la ironía del autor, adivinar ciertos símbolos y reflexionar con las frases de los personajes, disfrutando muchísimo de esta obra. Y alguien con un gran bagaje cultural encontrará todo tipo de guiños y referencias, sacando muchas más lecturas de las que yo misma os esbozo en esta reseña.

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En definitiva, lo importante es saber qué nos ofrece este cómic. Podría limitarse a ser un ejercicio de ingenio, un divertimento absolutamente inteligente, y quizás eso ya nos bastaría para querer leer la historia. Pero ‘Alicia en Sussex’ es algo más, es una exploración de lo real y lo imaginado, es el mejor homenaje a Carroll cuando se cumplen 150 años de su Alicia, es una colección de frases para pensar. Es, en resumen, una reflexión sobre el sentido de la vida. Porque al fin y al cabo, como nos dice la oruga, “vivir es perder el equilibrio“.

Nicolas Mahler

Nicolas Mahler (Viena, 1969), publica cómics y viñetas en varios medios como el periódico semanal Die Zeit, los dominicales NZZ am Sonntag y Frankfurter Allgemeine Zeitung y la revista satírica Titanic. Ha publicado las adaptaciones a novela gráfica de ‘Maestros antiguos’ y ‘Der Weltverbesserer’ (El mejorador del mundo) de Thomas Bernhard, así como de ‘El hombre sin atributos’ de Robert Musil. Ha obtenido varios galardones, entre ellos el premio Max-und-Moritz al “mejor autor de cómics en alemán”. Cuenta con un buen número de obras, entre las que se encuentra ‘Alicia en Sussex’, publicada originalmente en 2012 y traída a España en 2015 por Salamandra Graphic.

Alicia está de nuevo en el país de los sueños.

Allí se encuentra con el conejo blanco, que cita a autores como Melville, Cioran o Niet­zsche y la lleva a su madriguera subterránea en busca de una edición ilustrada del Fran­kenstein en Sussex de H. C. Artmann. Al contrario de lo que ocurre en Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, aquí Alicia se halla en una casa en las profundidades de la tierra. Y en cada una de las plantas, se topa con las creaciones de Carroll: la oruga que fuma en pipa, el gato sonriente, la tortuga marina y muchos más, hasta que en la última planta de la casa, la más profunda, Alicia da con el monstruo de Frankenstein.

Alicia en Sussex

Reseña
Guion
Dibujo
Edición
Lectora y adicta confesa a los cómics, me siento incapaz de elegir entre Marvel y DC. La Patrulla X es mi familia y Batman, mi mejor amigo. Adoro a Neil Gaiman y sueño con ser rica para dedicarme a leer y ver películas. Mientras tanto, lucho contra el mal a través de la escritura.

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