Reseña de ‘Miracleman: El Sueño de Volar’

Corría el año 1954 cuando el guionista y dibujante Mick Anglo creó al personaje que llevó por nombre en el Reino Unido Marvelman y Miracleman en el resto del mundo. Nacido como una copia (o sustitución) del Capitán Marvel, Miracleman tuvo suficiente éxito como para permanecer vivo durante nueve años. Esta etapa no se distinguió demasiado de las de otros superhéroes de la época, con toda esa ingenuidad que acompañaba a los cómics de este género en aquellos tiempos. Pero casi 20 años después todo cambio cuando el señor Alan Moore, responsable durante la década de los 80 de llevar el arte del cómic al siguiente nivel, recogió el testigo dejado por Anglo y decidió, al igual que hiciera con La Cosa del Pantano, que se le podía dar una nueva orientación deconstruccionista a este personaje y reinventarlo de una forma nunca vista hasta el momento.

Miracleman

La posterior controversia en forma de batallas legales por los derechos del personaje se alargó durante mucho tiempo, implicando a gente como Neil Gaiman, Todd McFarlane y el propio Alan Moore, hasta el año 2009 en el que definitivamente la editorial Marvel Cómics se hizo con los derechos del personaje, resolución que provocó que Moore se negara a que su nombre apareciera en los créditos de estos cómics. Y ahora que nos llega el primer volumen de esta serie a nuestro país bajo el título ‘Miracleman: El Sueño de Volar’ podemos ver los efectos de esto cuando dicho tomo atribuye el guion de la obra a un tal “El guionista original”.

En su origen, Michael Moran era un periodista al que un día uno de los típicos científicos chiflados que pululan por estos universos le dota de poderes de origen atómico, algo muy de moda en aquellos tiempos. Al grito de “¡Kimota!” (“¡Atomik!” al revés), Moran se convertía en Marvelman y adquiría un poder virtualmente ilimitado. Nótese el gran parecido con el personaje del Capitán Marvel: doble identidad, poderes otorgados por un personaje misterioso, palabra mágica que provoca la transformación, iniciales repetidas como tantos otros héroes del cómic… ¡e incluso tenía su propia familia de superhéroes! Dicky Dauntless se convirtió en Young Marvelman y Johnny Bates en Kid Marvelman, y ambos activaban sus poderes al grito de “¡Marvelman!”.

Miracleman

¿Y qué es lo que hace el señor Alan Moore cuando una historia tan “naive”” como esta llega a sus manos? Pues, como ya he comentado antes, lo mismo que hizo con La Cosa del Pantano: reinventar al personaje y hacer suya su historia. Tal vez sea un exceso de egocentrismo por su parte, pero todos los amantes del cómic deben estar agradecidos de que Moore decidiera desde cierto punto de vista partir de cero en lugar de adaptar el personaje a los nuevos tiempos. Los pretéritos conceptos creados por Anglo no tenían cabida en la prosa de Moore y solo podían existir como una fantasía. De esta forma los guiones de Moore continuaban la historia creada casi dos décadas atrás pero en realidad no la tenían en cuenta. La historia que nos cuenta el guionista de Northampton sería considerada hoy en día oscura, pero en 1982 era mucho más: era una revolución.

Moore desmitifica completamente a Michael Moran. Le da una vida real, normal, aburrida y llena de pequeños problemas e imperfecciones. El mundo en el que vive es sucio y lleno de desesperanza, no alberga recuerdos de Miracleman. Pero un día, por accidente, llega a su mente esa palabra clave que activa sus poderes, y con ellos llegan también un montón de recuerdos. Sin embargo estos vienen acompañados de un montón de preguntas. ¿Qué hay detrás de todos esos recuerdos fantasiosos? ¿Ocurrieron realmente las cosas tal y como nos las contaba Mick Anglo en los años 50? ¿Qué ha pasado con el resto de la familia Miracleman? Es la hora de buscar respuestas a todas estas preguntas, y cada una será más dura que la anterior.

Miracleman

En lo referente al dibujo, hay varios nombres implicados en este trabajo. Primero Don Lawrence se ocupó del prólogo y luego Garry Leach se hizo cargo del trabajo, hasta llegar al número #3 de la colección, momento en el que el señor Alan Davis se empezó a ocupar de los lápices mientras que Leach le entintaba. De ahí en adelante Davis pasó a realizar también el entintado, con alguna ayuda puntual en el quinto número del grandísimo Steve Dillon y Paul Neary.

Leach hace un trabajo estupendo visualmente, aunque quizás su labor narrativa haga que el lector tenga que poner algo de sí mismo. Por otra parte, el trabajo de Alan Davis es sensacional, como es habitual en él, con su estilo dinámico de trazo fino y elegante de anatomía perfecta que mejora notablemente la narrativa de la serie resultando todo un deleite para la vista. Un detalle importante y controvertido de esta nueva edición es el recoloreado digital que se ha hecho, algo que gustará mucho a unos y enfadará mucho a otros. Por una parte puede parecer que elimina ciertas decisiones que se tomaron en la obra original y por otra añade profundidad y realismo a las páginas, algo que se puede apreciar al ver una comparación:

En definitiva, estamos ante el primero de tres tomos (seguido por ‘Miracleman: El Síndrome del Rey Rojo’ y ‘Olimpo’) en los que se recoge una de las obras que, a pesar de no estar reconocida como una de las grandes en el panteón del noveno arte, supuso todo un cambio en el momento que fue publicada. Compra obligada especialmente para los fans de Alan Moore, ya que este fue uno de los primeros cómics en los que el guionista comenzó a destacar muy por encima de sus compañeros de profesión.

El tomo ‘Miracleman: El Sueño de Volar’ publicado por Panini Comics en tapa dura contiene 176 páginas a color e incluye los números del #1 al #4 de la edición americana de ‘Miracleman’. El tomo también incluye un artículo introductorio titulado ‘¡Kimota!’, una sección titulada ‘Miracleman entre bambalinas’ publicada originalmente en los números americanos incluidos en este tomo compuesta por 35 páginas de ilustraciones de Miracleman, bocetos, dibujos originales, cubiertas alternativas y otros elementos. También se incluyen un par de artículos titulados ‘Breve historia de los cómics británicos’ y ‘¡Kimota! El origen secreto de Marvelman de Mick Anglo’, ambos realizados por Mike Conroy, y una entrevista a Mick Anglo realizada por Joe Quesada bajo el título ‘Mick habla sobre Mick’. Al final del tomo se incluye una galería de cubiertas alternativas de los números incluidos en este tomo. La traducción ha corrido a cargo de Raúl Sastre. El precio de venta recomendado es de 17,95 € y se puso a la venta en julio de 2014.

Miracleman

Alan Moore

Nacido en Northampton (Reino Unido) en 1953, está considerado por muchos el mejor guionista de cómics de la historia. Debutó en su país natal con seriales para 2000 ADWarrior que llamaron la atención de Len Wein, editor de DC, que le ofreció cruzar el charco. Así, a principios de los años 80, creó hitos como ‘La Cosa del Pantano’,‘Watchmen’, ‘V de vendetta’ o las historias incluidas en ‘El Universo DC de Alan Moore’. También es el artífice de America’s Best Comics, de donde salieron obras tan destacadas como ‘Top 10′, ‘Promethea’ o ‘La Liga de los Caballeros Extraordinarios’.

Miracleman portada el sueño de volar

‘Miracleman: El Sueño de Volar’

¡Kimota! Al pronunciar una palabra mágica, una leyenda largo tiempo olvidada vive de nuevo. El periodista Michael Moran siempre supo que estaba destinado a la grandeza. Ahora, una serie de acontecimientos inesperados le lleva a reclamar su destino como Miracleman.

El cómic que encabezó una revolución literaria comienza aquí, con “El sueño de volar”. Después de cerca de dos décadas desaparecido, Miracleman descubre sus verdaderos orígenes y su conexión con el llamado Proyecto Zarathustra, mientras su alter ego, Michael Moran, debe conciliar su vida como un simple humano con la existencia de un dios.

Guion: Alan Moore y Mick Anglo

Dibujo: Don Lawrence, Garry Leach, Alan Davis y Steve Dillon

‘Miracleman: El Sueño de Volar’

Reseña
Guion
Dibujo
Edición
Nacido en Coruscant, criado en Westeros y viviendo en Gotham City. @evendrones

2 Comentarios

¡No te vayas sin comentar!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.