Reseña de ‘Torpedo 1972’ de Abulí y Risso

El volumen editado por Panini de Torpedo 1972

LucaTorelli ha vuelto. Quizá por ese nombre no os llame mucho la atención. La cosa cambia su uso su apodo, como le llaman en la calle. Torpedo. Eso te suena más, seguro. Hace mucho, ese tío era lo peor que caminaba por las calles de Nueva York. Sin escrúpulos. Sin alma. Frío como una madrugada de enero, un superviviente que hubiese vendido a su madre sin pestañear. Dejó a muchos por el camino, bebía en los mejores locales y se acompañaba de las mujeres más despampanantes de la ciudad. Casi todo el mundo quería verle enterrado o flotando en río. Su nombre inspiraba miedo y asco a partes iguales. Era lo peor de lo peor en una ciudad repleta de auténticos hijos de perra.

El tiempo pasa para todos, incluido para el bueno de Luca. Torpedo es un nombre que, tantos años después de aquellos años dorados, pertenece a la leyenda. Ya no estamos en los años 40. Los días de vino, rosas e impunidad hace mucho que dieron paso al olvido, a la decadencia, a la vejez. Ahora languidece enfermo, en un cuchitril que no parece ni la sombra de aquel pisazo en el centro que disfrutó durante su apogeo. Ya no frecuenta los restaurantes de postín y ha de conformarse con la carne áspera de las palomas que caza en el parque.

No son buenos tiempos para Torpedo. Pero, a diferencia de otros, de la mayoría, a sobrevivido a su época. Mientras sus rivales caían acribillados por el plomo o se mataban los unos a los otros por el control de las calles, Torpedo se mantenía en pie. Cuando cesó el ruido ensordecedor de las ametralladoras y se desvaneció el olor a pólvora, allí estaba él. Vivo. Con el rostro adusto, sin emoción, duro como el dolor. Escupiendo sobre los cadáveres.

Torpedo tiene mucho de reliquia. La cosa es que, aunque el diablo se jubile, no deja de ser diablo. Alguien ha decidido azuzar el pasado y saca de su retiro al anciano Torelli. Mientras mantuvo el perfil bajo, los problemas han pasado de largo. La vuelta a la palestra, como no podía ser de otra forma, conlleva que aquel asesino sin escrúpulos se sacuda el polvo. Eso significa una sola cosa: derramamiento de sangre.

Enrique Sánchez Abulí da una vuelta de tuerca a su creación literaria más popular, y cambia el famoso 1936 por el año 1972. Como siempre, se sumerge en las raíces de la serie negra más dura, sin concesiones y derribando a cañonazos las fronteras de lo politicamente correcto. Las señas de identidad de Torpedo se dejan ver en cada viñeta, en cada frase lapidaria lanzada desde la pluma impenitente del veterano escritor.

La ambientación de los años 30 de la etapa clásica de Torpedo, década de oro del gangsterismo, da paso a la recostrucción de los primeros compases de la década de los 70. Se respira otro aire en Nueva York. En los cines se estrena ‘El Padrino’, situación que reflejan de manera magistral los autores en un ejercicio de comunicación entre medios muy potente.

La ciudad que nunca duerme

A pesar de las profundas diferencias entre épocas, hay cosas que no cambian. Siempre hay gente rastrera, interesada y sin escrúpulos, dispuestos a cualquier cosa por conseguir sus anhelos. De eso está lleno este ‘Torpedo 1972’, como siempre ha sido en la historia del personaje. Abulí se las ha apañado para mostrar el lado más sórdido y despreciable de la naturaleza humana. En el mundo de Torpedo no hay inocentes. Quizá, gente más estúpida que otra. Torpedo, como personaje, está en la cúspide de este ecosistema de podredumbre urdido por el guionista.

De todos los miserables que pueblan las páginas de Torpedo, él es el peor. Ha aceptado su condición y vive acorde a su rol, coherente con las cartas que le han tocado en la partida de la vida. No se lamenta. Coge lo que considera suyo, y no importa que eso cueste la vida a un insensato o dos que se han colocado en su camino.

Trabajar un personaje así, un mundo de esas características, es sinónimo de paseos por la polémica. A lo largo de la dilatada y caótica historia editorial de Torpedo, la censura ha planeado sobre estas historias, escabrosas, truculentas y violentas. En esta ocasión, y con la constante de la bandera de los politicamente correctos, ‘Torpedo 1972’ dará de bruces con no pocas sensibilidades. Pero no nos confundamos. Abulí no hace amigos, en ninguna de sus acometidas del personaje. Sí, Torpedo es un asesino, machista, misógino incluso, lleno de odio por todas las cosas vivas. Pero jamás glorifica a su monstruo. Plantea uno de esos personajes que asquea, pero sudan carisma al mismo tiempo. Los juicios acerca de este asesino quedan para el lector, ni más ni menos.Y, desde luego, Torpedo no puede salir bien parado de ese análisis. Es un ser humano vomitivo. Es un personaje de ficción fascinante. Y esa dualidad es la esencia de su éxito.

En los lápices, Torpedo estrena dibujante. Su creador gráfico, el legendario Alex Toth, ya imprimió los ejes básicos de la narración en imágenes de la serie, pero, sin duda, su gran valedor sobre la viñeta ha sido el maestro Jordi Bernet. Pero en Torpedo 1972encontramos cambio de guardia, y el encargado de dotar de vida sobre la viñeta a este peligroso anciano es Eduardo Risso. Uno de los mejores dibujantes del mundillo toma las riendas, convertido en referente de la serie negra gracias a su antológico trabajo en ‘100 Balas’.

Risso se muestra elegante, sórdido empapado del ambiente insano que imprime Abulí en su guión. Hay pocos artistas con el talento de Risso para el sombreado, que da un aspecto casi expresionista al resultado final. Sobrio, comedido, dinámico, fabuloso en el diseño de personajes, Risso nos arrastra a empujones a la siniestra Nueva York de principios de los 70. Un trabajo espectacular de un dibujante que necesita poca presentación.

Así se solucionan los problemas

Torpedo 1972 no es la mejor historia que se ha escrito del personaje. Es salvaje, despiadada, incómoda. Es como debe ser un relato de este miserable hijo de un chacal. Pero hablamos de un tipo con muchos años a sus espaldas, y cómics memorables con su nombre. Este volumen es un gran regreso. El sabor clásico que inspira hace ver que ya no se escriben cosas tan descarnadas como Torpedo 1972. Son otros tiempos. Pero Luca Torelli encontrará su lugar en esta jungla, aunque sea dejando un mar de muertos. Nos alegramos del retorno de esta leyenda del noveno arte, esencial para entender el cómic español. Nos encanta el nuevo aspecto del personaje, su situación más al borde del abismo que nunca. Esperamos mucho más material de Torpedo. Porque nos gustan los cómics. Nos alucina la serie negra. Y esto, lectores, es una muestra brutal de ambos mundos.

Torpedo 1972 está editado por Panini en formato de lujo, bajo su sello Evolution. Un regreso por todo lo alto que consta de 64 páginas a todo color y envueltos por una elegante encuadernación en tapa dura. Incluye, además de la historia principal, un relato del perosnaje y extras acerca del proceso creativo por parte de Eduardo Risso. Un placer de lectura que encontrarás en tu librería favorita al precio de 15 euros.

Enrique Sánchez Abulí (Francia, 1945) inició su carrera en el mundo del cómic en los años sesenta, con la obra Hazañas Bélicas. Aprendiendo el oficio de escritor de su propio padre, pronto vimos numerosos trabajos suyos en diferentes publicaciones hasta que en 1982 publica junto a Esteban Maroto, Zodíaco, lanzando también meses después Torpedo 1936, que se publicó hasta el año 2000. Fue con esta obra con la que alcanzó la fama internacional, trabajando a partir de entonces en diferentes revistas o series, como puede ser El Jueves o Playboy.

Eduardo Risso

Nacido en Leones (Córdoba, Argentina) en 1959, dio sus primeros pasos como profesional a través de diarios y cabeceras de su país natal y, tras publicar varias obras en Europa, debutó en el mercado norteamericano en 1997. Dos años más tarde, llegó la oportunidad soñada dentro del sello Vertigo con la obra ‘100 Balas’, serie escrita por Brian Azzarello que consagró a ambos autores. No sería su única colaboración con este guionista, con el que también trabajaría en varias historias de Batman y en la serie limitada de ciencia ficción ‘Spaceman’.

En 2012, Risso se encargó del apartado gráfico de la miniserie ‘Antes de Watchmen: Moloch’, donde coincidió con J. Michael Straczynski. En su nutrida bibliografía podemos encontrar otros títulos como ‘El Ángel’ o ‘Flinch’.

El regreso del mítico personaje creado por Enrique Sánchez Abulí, después de una ausencia de más de tres lustros, con el argentino Eduardo Risso (100 balas) como dibujante.
Estamos en el comienzo de los setenta, han pasado varias décadas desde las últimas aventuras de Torpedo… y el paso del tiempo ha hecho mella en él y en cuanto le rodea.

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