
Sin embargo, algo falló. Quizá fuera que el género empezaba a mostrar síntomas de deterioro. Quizá no fuera buena idea adaptar un cómic tan polémico y minoritario. O quizá simplemente la adaptación fuera muy mala, provocando un rechazo absoluto por parte de los fans. No importa el motivo, la cuestión es que la película fue un fracaso, uno de los peores borrones en la carrera de Sly y probablemente un motivo más que suficiente para que cualquier estudio o productora se negara a intentarlo de nuevo con Dredd… Por suerte (para los fans), en 2008 la productora independiente DNA Films anunció su intención de producir una nueva película sobre el personaje, sin ninguna relación con la de 1995 y mucho más fiel al cómic.
En un futuro distópico fruto de un desastre nuclear, toda la población superviviente vive aglutinada en una gran ciudad, MegaCity 1, tomada por el caos. Tan solo hay una cosa que lucha contra ese caos, los hombres y mujeres del departamento de justicia, que reúnen en una sola persona los poderes de jurados, verdugos… y jueces.
Uno de los más eficaces es Dredd (Karl Urban), que recibirá la misión de examinar a una novata, la cual según las pruebas de admisión no es apta para el puesto pero que por sus poderes mutantes puede ser un importante fichaje para el cuerpo. Sin embargo, en su primera misión juntos, ambos se ven atrapados en un enorme edificio gobernado por una prostituta psicópata (Lena Headey) que al ver amenazado su negocio de drogas decide matar a los dos jueces.
Como puede verse en su sinopsis, se trata de una película no apta para los más pequeños: es cruda, violenta, malsonante… todo lo que un fan podía esperar de una más que correcta adaptación de Dredd. La película permanece fiel al cómic, y como si de un homenaje se tratase, se olvida de introducciones para el que no conoce la obra para centrarse así en una historia que podría resumirse en “Un día en la vida de Dredd”. Todo un entretenimiento que recuerda al cine de finales de los 80, lleno de escenas de acción y excesivamente violentas con incluso toques de humor negro. Todo, desde los personajes a la historia, le da a la producción el toque añejo que necesitaba para resolver con corrección la difícil tarea de contentar a los fans.

Sin embargo donde más destaca la película es durante las escenas de acción. La mayor parte de ellas transcurren a cámara lenta, una excusa visual a una droga que cambia la percepción del paso del tiempo a su consumidor, gracias a lo cual a lo largo de la película veremos varias escenas de tiroteos en slow motion, aprovechando el efecto para mostrarnos planos rara vez vistos en el cine, con balas atravesando cráneos, o cuerpos desplomándose a lo largo de varios metros. Incluso en las escenas más tradicionales, las escenas resultan impactantes y demoledoras, con un resultado más que satisfactorio y entretenido para los amantes del género. La música, aunque no destaca, acompaña perfectamente esas escenas con melodías electrónicas, evocando más si cabe el ya citado ambiente “ochentero” de la película. No sabemos si era la intención del director (Pete Travis), pero sin duda la película contentará a los fans del cine de serie B, un género bastante olvidado hoy en día.
Resumiendo, se trata de una película cuya única intención parece contentar a los fans del personaje, pero que además satisfará a los ávidos de cine de acción sin complicaciones. Una muy buena adaptación que lamentablemente no funcionó tan bien en taquilla como podía esperarse (consiguiendo tan solo 20 irrisorios millones en USA, con un presupuesto de 50)… Parece que tendremos que esperar mucho para volver a ver de nuevo al Juez Dredd.




