
Al artista español le ha costado sudor y lágrimas entrar en el panorama internacional. Si bien es cierto que ya contamos con importantes autores en los estilos americano y europeo, ha sido el resultado de un gran esfuerzo y de muchos años de trabajo de varias generaciones. Hoy día se da todo por hecho, sobre todo los más jóvenes, pero el éxito de los profesionales españoles en la escena internacional es relativamente reciente. Hace apenas 20 años, que tampoco es tanto tiempo, que éramos unos auténticos desconocidos en muchos campos: cine, deporte, cómic… Y sin embargo, solo necesitamos fijarnos en uno de ellos, por ejemplo en el deporte, para ver que de no ser nadie, hemos pasado a ser campeones de casi todo: fútbol, baloncesto, balonmano, tenis, motos, Fórmula 1, y un largo etcétera. Pero centrándonos en lo que estamos, en el mundo del cómic, la verdad es que hemos pasado a tener autores hasta en el género oriental.
El cómic sobre el que hablamos hoy, se enmarca como hemos comentado en el género europeo, hecho que si profundizamos en el mismo nos hace ver lo difícil que es meter la cabeza en el mundillo. El autor español muchas veces se ha visto solo y desamparado a la hora de emprender esta empresa, y falto de ayuda institucional y empresarial en su tierra ha tenido que salir al exterior en busca de esa aventura que es conseguir publicar su obra.

Dolls Killer es una obra del género negro. Ambientada en la época actual y en la ciudad de Nueva York, su autor, el francés Nicolas Pona, relata las investigaciones llevadas a cabo por la Teniente Juliette Dasanges para dar con el asesino de una serie de macabros crímenes que están teniendo lugar en la ciudad. Dichos crímenes tienen como denominador común, aparte de su salvajismo, el hecho de que en todos ellos el autor deja una muñeca en la escena del crimen, hecho que parece mostrar que son obras del mismo autor y por tanto suponen estar ante un sanguinario asesino en serie. La detective Dasanges, la cual es de ascendencia francesa como guiño a la editora que promueve la serie y a sus principales lectores potenciales, tampoco es una persona de las denominadas normales, ya que las circunstancias de su pasado le privaron de su niñez y le marcaron a tal grado que actualmente vive una vida sin ilusión ni esperanza, apática, antisocial, marginada en el alcoholismo y amargada de su propia existencia.

El dibujo en sí es bueno; todo el apartado visual, desde el lápiz hasta el color, pasando por el entintado, todas las fases están muy logradas. Aquí el mérito se lo lleva el componente español del tándem, Sergio Bleda. Tiene un estilo propio, muy caricaturesco, pero en el que los tonos logran una sensación muy ambientada, igualando los colores de las diferentes viñetas que componen una misma escena, y dando una sensación muy acogedora. Se consigue un efecto muy fotográfico, dando la sensación de que se utilicen filtros de color en azules, grises o marrones, dando una visión de armonía a toda la escena, y permitiendo mostrar el paso del tiempo entre un momento y el siguiente. Sin embargo, tengo que volver a mencionar la sensación de antes, en la que falta coherencia entre guion y dibujo. El dibujo no llega a mostrar los pensamientos o reflexiones que el guionista querría que expresaran los personajes. Y al no ser un dibujo de estilo realista tampoco le da esa seriedad que requeriría para contar con una mayor profundidad. En cualquier caso, entre el guionista y dibujante, me quedo antes con el trabajo del español, del que además pienso que habría lucido mas en otro tipo de obra. El guión no llega a impactar en un género demasiado recurrente y en el que reconozco que es difícil sorprender.
El volumen que podemos adquirir en España mediante Dolmen Editorial, cuenta con algún extra al final del mismo, aparte del ya mencionado guion del tercer número. En concreto, se han incluido varios procesos creativos y algunas curiosidades. La encuadernación y el material empleados son de indudable calidad, conformando un tomo robusto y duradero, aunque con páginas quizás demasiado pequeñas para ser un cómic europeo y para el lujo de edición en la que se presenta. Es posible que una edición en tapa blanda, del mismo tamaño de página, pero considerablemente más económica hubiera podido abrir el espectro de consumidores a los que podría interesar este volumen. Al final, se ofrece un tomo de 124 páginas enfocado a aficionados al cómic europeo, al género negro y a los seguidores de los autores nacionales. Si reúnes al menos dos de dichas tres características, acabarás con él en tu estantería.
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