
Así pues, The Massive resulta innovador en bastantes aspectos. El primero de ellos sería por su “realismo” y causa o causas de lo que destruye a la humanidad. Esto es, en la cabecera no son los muertos vivientes, ni un gran tsunami, ni la llegada de un ser omnipotente los que desencadenan el fin de la civilización; sino algo tan complejo como una serie de acontecimientos meteorológicos y físicos. El crash, como se conoce a este conjunto de hechos, sucede durante un año y está constituido por multitud de cosas. A saber, lluvias torrenciales, cambios de corrientes marítimas, hundimientos de tierra…No estoy diciendo que sea verosímil o habitual que los fenómenos anteriores ocurran a la vez y en tal magnitud, pero obviamente resulta más realista que una plaga de no-muertos y, además, se aleja bastante de los motivos o desencadenantes más tradicionales del fin del mundo.
A raíz de la naturaleza del crash, las muertes no nos resultarán indiferentes ni humorísticas, puesto que ver cómo decenas de miles de personas mueren por falta de comida o por brutales hundimientos de tierra nos provoca un cierto sentimiento de comprensión. En otros términos, tal como menciona el texto introductorio del volumen de manera muy acertada, “millones de personas mueren de una forma sucia y trágica, y nada cinematográfica”.
Contextualizada su temática y planteamiento, conviene pasar a analizar el guión. En primer lugar, es necesario aclarar que el artífice de la historia es el famoso guionista Brian Wood, autor de una cabecera de Star Wars en la que aparecen los personajes originales de la vieja trilogía y de DMZ, que será adaptada a televisión; entre otras. Por ello, su nombre resulta ser un sello de calidad, ya que al verlo sabemos que nos encontramos ante una buena obra. Y, ciertamente, la intuición resulta acertada, pues en la presente colección se cumple de nuevo al resultar notable desde un punto de vista argumental.

No obstante, aunque lo principal es la nueva adaptación a un mundo devastado por los desastres naturales, Wood también nos relata, a medida que la colección avanza, algunos de los fenómenos que forman el crash. Pese a que no es necesario enumerarlos todos, conviene citar algunos para profundizar en esta devastadora unión de fenómenos, tales como el hundimiento de tierra en Hong Kong, el cambio de corrientes marítimas continuo que impide hacer circular a los barcos o la muerte masiva de peces. Por consiguiente, a lo largo de los distintos números del volumen, Wood nos introduce, por un lado, el nuevo estado del mundo (tanto actual como el de su pasado más reciente) y, por otro, narra las aventuras y desventuras del grupo ecologista en una situación tan compleja como esta. Sin desvelar mucho, deberán enfrentarse a, entre otras muchas cosas, a una escasez de alimentos y a la piratería.

En el ámbito gráfico, la colección resulta bastante más irregular, principalmente en lo referente a los lápices. Por consiguiente, mientras que en un 30% del tomo tenemos a Kristian Donoldson ocupándose de los trazos, en los que exhibe un estilo realista y detallista; en el 70% restante Garry Brown toma el relevo. No es que el último haga un mal trabajo, pero su estilo poco definido contrasta mucho con el de Donoldson y el cómic, por tanto, da una sensación de inconsistencia gráfica. No obstante, el otro punto a favor de la cabecera es su gran color de la mano de Dave Stewart, quien obtuvo un premio Eisner por su buen trabajo, y muy merecido además. De entre sus muchas virtudes, lo mejor son las escenas del pasado, relativas al Crash, coloreadas en tonos ocres, un toque muy bueno.
En cuanto a la edición, Panini recopila los primeros dos arcos argumentales de la cabecera en un tomo rústica de 176 páginas a color por 17,95€. Incluye, además, un artículo introductorio y sus correspondientes portadas, así como una breve biografía de cada autor. En suma, estamos ante una colección atípica e innovadora que promete bastante en cuanto a su aspecto argumental. Sin embargo, la inconsistencia gráfica hace que pierda algunos enteros.
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