A pesar de la primera escena post créditos, el final del capítulo y de la serie nos deja un buen sabor de boca y cierra bien la historia. Desde el capítulo 7 ya veíamos, más o menos, el “giro” que iba a dar la trama principal y hacia dónde se encaminaba, pero no cómo lo harían.
La despedida de Wanda de su familia ha sido muy emotiva y emocionante, porque han conseguido que cojamos cariño a estos cuatro personajes (sobre todo a los padres, claro) y veamos totalmente coherente que incluso un androide puede llorar. Bien escrito y muy correcto en su ejecución. El objetivo de los creadores de la serie eran mucho menos épicos que todo lo que los espectadores teorizamos. Al final, Bruja Escarlata y Visión estaba enfocado en explorar el dolor y convertir a Wanda en un personaje completamente desarrollado.
No es solo que Wanda esté experimentando dolor y pérdida, es que es uno de los pocos personajes de MCU que hemos visto experimentar esa pérdida (tras Vengadores: Infinity War, no podemos comparar su dolor al de Clint por la Viuda Negra). Por eso no se la puede culpar (como le dice Mónica). Al final debe elegir entre su familia o el mundo (Westview), y elige sacrificar (de nuevo) a los suyos. Y eso es lo que la convierte en una heroína.


