“Lo surrealista es que algunos lo glorificaban y lo amaban”, continuó Starr, señalando que incluso tuvo que intervenir en redes sociales para recordar que su personaje es un monstruo, no un modelo a seguir. “No esperaba que la gente se sintiera tan dividida al respecto, que llegaran incluso a tener empatía por él.”
Con la temporada 4 de The Boys a punto de estrenarse en Prime Video, el fenómeno no hace más que intensificarse. Y Starr ya ha adelantado que el caos y las sorpresas continuarán en los nuevos capítulos. En entrevista con Collider, comentó: “Estoy leyendo los guiones y siempre que creo que sé por dónde van a ir, ocurre otra cosa completamente distinta.”
Comparado con villanos que también han generado fascinación como Walter White de Breaking Bad o Gus Fring, Homelander no evoluciona: se descompone. Mientras otros personajes tienen un descenso paulatino, el líder de Los Siete ya está en el fondo del abismo desde su presentación. La diferencia es que él nunca busca justificar sus actos. Lo hace porque puede, y esa es precisamente la advertencia que lanza The Boys: el verdadero peligro es cuando el mal se disfraza de ídolo.
Un personaje que llegó para quedarse
Aunque Starr interpreta con brillantez a uno de los villanos más icónicos y abominables de la televisión reciente, lo suyo no es ni remotamente un intento de humanizarlo. Más bien al contrario: su trabajo como actor es una denuncia viviente de hasta dónde puede llegar el poder descontrolado, envuelto en la bandera de un falso heroísmo.
Si en algo coinciden los fans y el equipo de The Boys es en que Homelander deja huella, pero conviene no olvidar que esa huella está marcada por la sangre de inocentes. Glorificarlo, según Starr, es confundir la sátira con la celebración, algo que puede acabar dándole la vuelta al mensaje original.