La nueva entrega de Dark Patterns lanza una idea inquietante: ¿y si el Joker no fuera solo un villano… sino una manifestación inevitable de nuestra mente?
El Joker visto desde la pareidolia
Pareidolia. Es la palabra clave de este número. Un término psicológico que describe nuestra tendencia a ver formas reconocibles —especialmente rostros— donde no las hay: en nubes, manchas, sombras. Pero en este caso, Batman empieza a sospechar que esas caras que ve, esas sonrisas macabras que se dibujan por todas partes, podrían no ser coincidencias.
Una de esas sonrisas aparece justo en la sangre de sus vendas. Otra, en el fuego de la ciudad. Y aunque el detective en él se esfuerza por mantenerse racional, la sombra del Joker se impone incluso cuando no está presente.
Lo interesante no es solo que estas imágenes le recuerden al villano, sino que apuntan a una posibilidad escalofriante: ¿y si el Joker no es una persona, sino una idea que se manifiesta de forma natural, como un virus del subconsciente colectivo?
Evolución, locura y legado
En épocas más recientes, el concepto de supercordura le ha dado al personaje la excusa perfecta para adoptar cualquier forma, desde un mafioso con planes elaborados hasta un demonio del caos puro. Es lo imprevisible hecho carne. Pero esta teoría nueva va más allá de su locura: lo compara con un reflejo inevitable del mal humano. Como si en cada sombra del alma de Gotham hubiera una parte del Joker esperándonos con una sonrisa torcida.
No es un monstruo, es un reflejo
Y ese patrón tiene una cara, y esa cara sonríe.
Bruce, por supuesto, intenta resistirse. Como buen detective, quiere ver más allá de las ilusiones. Pero incluso él empieza a intuir que quizás no todo es pareidolia. Quizás no todo son ilusiones. Tal vez, algunas sonrisas están realmente ahí.
Cuando Gotham sonríe el Joker está mirando
Este enfoque narrativo no es nuevo del todo. Ya hemos visto en otras historias que el Joker puede ser más un símbolo que una persona. Pero esta visión lo lleva a un nivel más psicológico, más íntimo: lo conecta con nuestra necesidad de encontrar sentido en el caos, incluso cuando ese sentido toma la forma de un asesino con la cara pintada.
Y ahí es donde duele más. Porque si el Joker es una manifestación de la mente humana, entonces es imposible eliminarlo del todo. Siempre habrá alguien dispuesto a vestirse como él. O peor aún: siempre habrá un rincón de Gotham —y de nuestra conciencia— donde su risa resuene sin que nadie la haya provocado.
Un villano eterno que vive en nuestras grietas
¿Y si el Joker no está fuera, sino dentro? ¿Y si su risa es solo el eco de algo que siempre ha estado ahí, esperando que lo miremos de frente?
Esa es la pregunta que Gotham y su Caballero Oscuro deben responder.


