El camino en solitario de Psylocke llega a su fin antes de lo esperado
Kwannon cancelada
La premisa inicial pintaba a Psylocke como una figura compleja: criada como asesina, expulsada de los X-Men y obligada a actuar donde la moral superheroica no llega. Con esa propuesta, Wong y Carratù mostraron a una Kwannon dividida entre su instinto letal y su deseo de heroísmo, acompañada en ocasiones por John Greycrow y enfrentada a figuras como Shinobi Shaw.
Un viaje al inframundo Marvel
El desenlace no solo pone fin a una de las apuestas más arriesgadas del relanzamiento, sino que también deja en el aire qué ocurrirá con Kwannon en el futuro. La aparición de la misteriosa “Dama de Blanco”, una asesina con su mismo rostro, cerró la serie con un enigma que podría recuperarse en otros títulos de los X-Men o en el próximo evento X-Men: Age of Revelation.
El legado de Kwannon
Más allá de su abrupto final, Psylocke supuso una oportunidad para dar protagonismo a Kwannon como personaje independiente, separado de la eterna sombra de Betsy Braddock. Marvel apostó por mostrar su fragilidad y dureza en una narrativa que la situaba como antiheroína, navegando entre la lealtad a su especie y la necesidad de sobrevivir en un entorno que nunca la aceptará del todo.
Este cierre genera división entre los fans: algunos consideran que la serie no tuvo el tiempo suficiente para consolidarse, mientras que otros creen que su propuesta encajaba mejor como miniserie limitada desde el principio.
Kwannon frente a la sombra de Betsy Braddock
Al margen de su cancelación, lo interesante es que Kwannon se consolida como una figura necesaria dentro del universo mutante. Representa una visión más oscura y pragmática de lo que significa ser heroína en un mundo que teme y rechaza a los suyos. Esa dualidad la convierte en un personaje con gran potencial para regresar en futuras etapas de los X-Men, especialmente si Marvel decide explorar historias que se adentren en la línea que separa la venganza de la justicia.
¿Qué futuro espera a Psylocke?
En cualquier caso, Psylocke #10 no solo marca un final, sino también un recordatorio de la capacidad de los cómics para reinventar constantemente a sus personajes, incluso cuando las apuestas no siempre se traducen en largas trayectorias editoriales.


