Planeta Cómic nos trae el tercer tomo de The walking dead, la obra de temática zombie con la que Robert Kirkman empoderó el cómic independiente americano
Para todos los lectores que aún no han disfrutado, por la razón que sea, la historia de The walking dead, ahora Planeta Cómic nos trae el tercer tomo integral de la última edición de esta obra maestra del cómic independiente con la que Robert Kirkman puso su nombre en un lugar de prestigio mucho más allá de su medio natural.

Tras el Gobernador
Este tomo abre justo después del cataclismo que fue la guerra contra el Gobernador y la destrucción de la prisión en la que nuestros protagonistas se cobijaron durante un buen puñado de números. Rick Grimes, su hijo y un grupo muy reducido de supervivientes quedan desperdigados a su suerte. El golpe es durísimo, porque muchos de los personajes que llevaban acompañándonos desde el principio han muerto. La sensación de orfandad es brutal, y tenemos aquí a padre e hijo sobreviviendo solos, casi como dos fantasmas que se aferran a lo poco que les queda.
Hay momentos en los que parece que Rick está a punto de colapsar del todo, y Carl Grimes, a pesar de ser un crío, empieza a demostrar esa dureza que lo definirá más adelante. Es un cambio generacional en directo donde vemos que Carl deja de ser un niño para convertirse en alguien que entiende demasiado pronto lo que significa vivir en este terrible mundo post apocalíptico. Esa transición, esa vulnerabilidad de Rick y esa madurez precoz de Carl, es lo primero que marca el tono de este tomo.
A medida que avanza la historia los supervivientes se van reencontrando y el grupo vuelve a tomar forma, aunque cada vez más reducido. Y aquí entra un nuevo elemento clave en la trama, ya que vamos a tener un atisbo de respuesta a todos los misterios en el personaje de Eugene Porter y su famosa revelación de que sabe lo que ha pasado con los zombis y cómo solucionarlo. Pero ojo, porque también este va a ser el motor del siguiente gran arco de la serie, ya que para arreglarlo todo necesita llegar a Washington. Nuestros protagonistas vuelven a tener un propósito.
Caníbales
En su viaje a Washington el grupo se topa con una amenaza distinta a todo lo que hemos visto hasta ahora. Se trata de una banda de caníbales que acecha en los bosques, esperando al momento justo para atacar y obtener más víveres para su nevera. Es algo que Kirkman va a cocer a fuego lento hasta que todo explote cuando llegue el secuestro de Dale Horvath. Dale es uno de los supervivientes más veteranos, por lo que el impacto para el lector (y para él) será enorme cuando despierte para descubrir que le han amputado una pierna y que su carne ha sido cocinada y devorada.
Lo que sigue es el descenso de Rick y los suyos hacia la violencia más absoluta. Cuando capturan a los caníbales, no hay juicio ni medias tintas: los aniquilan de manera despiadada, un linchamiento en toda regla. Rick acaba verbalizando todo lo que estamos viendo con una frase que dice algo así como “ya no somos lo que éramos, ahora nosotros somos los cazadores” y que resume perfectamente esa pérdida total de inocencia en estos personajes. Este momento es clave porque deja claro que, a estas alturas, el grupo no se diferencia tanto de sus enemigos. Se ha transformado en algo feroz, algo casi irreconocible.
Alexandria
A continuación aparece Aaron, el reclutador de la comunidad de Alexandria, y se plantea por primera vez en mucho tiempo la posibilidad de una vida diferente para nuestros protagonistas. La revelación de que hay una ciudad amurallada donde la gente vive con cierta normalidad es recibida con escepticismo total. Y no es para menos después de Woodbury y de los caníbales. Los personajes están paranoicos y muy reticentes a la hora de creer en este milagro, pero a la vez necesitan un respiro, un lugar donde volver a sentirse personas.
Ahora se pone a prueba no tanto su capacidad de sobrevivir, sino la de volver a vivir en sociedad tras todo lo que han vivido. ¿Saben todavía cómo confiar en otros? ¿Cómo dejar de lado el cuchillo bajo la almohada? Alexandria es el inicio de una nueva etapa en la serie, y este tomo se cierra justo con esa puerta entreabierta…¿serán capaces de integrarse o están demasiado rotos para ello?
Este tercer integral funciona como puente entre dos etapas muy distintas, entre la desolación absoluta tras la caída de la prisión y el nuevo horizonte que supone Alexandria. Kirkman juega constantemente con esa dualidad, y cuando crees que no puede haber nada más horrible, te presenta a los caníbales. Pero cuando crees que ya no queda nada que salvar, entonces aparece Aaron con la promesa de una comunidad estable. El ritmo es fantástico, alternando capítulos de pura tensión con otros de introspección. Y Charlie Adlard se luce con un blanco y negro que transmite a la perfección tanto el horror visceral como los momentos más emocionales e introspectivos que vamos a vivir en este tomo.
Lo mejor es cómo este tomo refleja la evolución moral de los personajes. Rick ya no es el sheriff que buscaba mantener la ley y el orden, sino que ahora es un hombre que entiende que la ley murió con el mundo antiguo. Carl deja de ser un niño. Michonne sigue creciendo como personaje clave que lleva la molonidad por bandera, alguien que representa la ferocidad pero también la lealtad. Y Dale tiene una despedida amarga pero realmente memorable. En definitiva, este tomo es uno de los bloques más potentes de toda la serie. Es brutal, incómodo y, a la vez, necesario.
El tercer tomo integral de esta serie publicado por Planeta Cómic se presenta en formato tapa dura sin sobrecubiertas. Contiene 600 páginas, con un tamaño de página de 16,8 x 25,7 cm, y presenta la traducción a cargo de Ignacio Bentz del volumen The Walking Dead Book 3, que incluye gran cantidad de material extra. El precio de venta recomendado es de 45 € y se puso a la venta en agosto de 2025.

The walking dead 3
Sigue la exitosa colección de zombis creada por Robert Kirkman.
¿Cuántas horas al cabo del día pasas viendo la televisión?
¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros de verdad hizo algo para conseguir lo que quería?
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros necesitó algo de lo que quería?
El mundo que conocíamos ya no existe.
El mundo del comercio y las necesidades superfluas ha sido reemplazado por un mundo de supervivencia y responsabilidad.
Una epidemia de proporciones apocalípticas ha barrido la Tierra haciendo que los muertos se levanten y se alimenten de los vivos.
En cuestión de meses la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable. En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir.
Autores: Robert Kirkman y Charlie Adlard


