La premisa parte de un viaje en el tiempo: Cyclops y Beast son llevados al futuro por Magneto, líder de lo que queda de los X-Men. Pero en lugar de encontrar un resquicio de esperanza, se topan con un mundo partido en dos. Revelation ha dividido a los mutantes, tomando el control de la mitad oriental de Estados Unidos y estableciendo un reinado de terror.
La sorpresa llega cuando Wolverine irrumpe en la base rebelde, pero no como aliado. Bajo el control de Revelation, Logan se convierte en su arma más letal. Su primer objetivo es claro: acabar con Magneto, la única amenaza real para su amo. El ataque no da tregua y el resultado es demoledor: Magneto muere de manera abrupta, dejando claro que nadie está a salvo en este escenario apocalíptico.
Además, esta elección coloca a Wolverine en un lugar inquietante. Convertir a Logan en el verdugo de su viejo enemigo añade una capa extra de tragedia, recordándonos que incluso los héroes más icónicos pueden ser corrompidos. Para los lectores, esta traición añade tensión y expectación: ¿qué más está dispuesto a hacer Revelation para consolidar su dominio?
Lo más inquietante es cómo usa el lenguaje como arma de tortura, creando los llamados “babels”: individuos incapaces de pensar o comunicarse, reducidos a sombras de sí mismos. Esta crueldad muestra que el nuevo villano no solo quiere conquistar, sino reescribir la forma misma en que los mutantes se relacionan con el mundo.
X-Men: Age of Revelation Overture #1 ya está disponible en tiendas de cómics, y promete ser solo el primer capítulo de una saga donde las pérdidas marcarán cada página.