El regreso de Dentro del laberinto trae una oportunidad irresistible para revivir la fantasía más icónica de los 80
La magia vuelve… y no viene sola
Además de la película, los espectadores disfrutarán de un featurette especial centrado en la comunidad de fans, esa legión que ha mantenido vivo el espíritu de Jareth y compañía durante casi cuatro décadas. Porque si algo tiene Labyrinth, es una capacidad absurda para engancharnos, ya sea por su estética, su música o la presencia magnética de Bowie.
En esta aventura volvemos a acompañar a Sarah, interpretada por una jovencísima Jennifer Connelly, que un día —como quien no quiere la cosa— desea que los goblins se lleven a su hermano pequeño. Y claro, la broma le sale regular: Toby desaparece de verdad, secuestrado por el mismísimo Rey de los Goblins, encarnado por un David Bowie tan hipnótico que todavía hoy sigue siendo referencia estética para medio Internet.
Un viaje por un mundo donde nada es lo que parece
La magia visual se la debemos a la visión del ilustrador Brian Froud, mientras que el legendario Creature Shop de Henson dio vida a un desfile de figuras inolvidables. Entre los titanes que participaron destacan Frank Oz, Brian Henson, Kevin Clash y otros nombres clave en la historia de los Muppets y la fantasía moderna. Vamos, un Dream Team que hoy sería un crossover imposible incluso con presupuesto Disney.
Un clásico que merece volver a brillar en pantalla grande
Ray Nutt, CEO de Fathom Entertainment, lo tiene claro:
“La combinación de Jim Henson, George Lucas, David Bowie, Jennifer Connelly y cientos de criaturas extraordinarias convirtió Labyrinth en un clásico del género. Estamos encantados de devolverla a los cines para su 40 aniversario.”
No le falta razón: Labyrinth no es solo una película, es un pedazo de cultura pop que ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a su rareza maravillosa y su atmósfera de cuento retorcido. Para muchos, es la película de fantasía definitiva de los 80 junto a La historia interminable o Dentro del laberinto (sí, ese título español que nos marcó a todos).
El legado de un rey que nunca dejó el trono
Jareth, el enigmático Rey de los Goblins, se ha convertido en uno de esos personajes que trascienden su propia película. Su mezcla de carisma inquietante, estética teatral y un aura de poder casi hipnótico lo mantienen como una figura única dentro de la fantasía cinematográfica. Lo cierto es que muy pocos villanos han logrado generar tanta fascinación sin necesidad de grandes discursos ni efectos digitales explosivos. Bowie jugó a su manera: con elegancia, mirada felina y un control absoluto del escenario. Esa personalidad ambigua —mitad amenaza, mitad tentación— fue clave para que el personaje se convirtiera en un icono cultural difícil de imitar incluso hoy.
En comparación con otros antagonistas ochenteros, Jareth sigue destacando por su profundidad emocional y su simbología, representando el paso a la madurez, la tentación del deseo y el miedo a crecer. Mientras muchos villanos de aquella época eran puro músculo o pura maldad, él ofrecía un espejo incómodo en el que Sarah (y el público) podía verse reflejado. Quizá por eso su legado sigue vigente, inspirando reinterpretaciones, cosplay, música y hasta debates sobre su naturaleza moral. Es la prueba viviente de que, cuando un personaje está bien construido, no necesita volver para seguir siendo eterno.
Una ocasión perfecta para perderte… otra vez


