Un comentario inocente en redes acaba destapando un malentendido monumental en el anime de One Piece
Una teoría que nace de un malentendido gigante
Ishitani decidió responder a través de X y su explicación dejó claro que el problema no era la acción… sino la cantidad de acción. Según ella, prefiere evitar episodios que sean “nada más que acción” por un motivo muy sencillo: la carga de trabajo se dispara y el peso de la calidad recae muchísimo más en los animadores que en la dirección. Y sí, según sus palabras, eso complica muchísimo construir un buen “gráfico de tensión” dentro del episodio.
La directora aclaró que, incluso garantizando una animación impecable, “la carga de trabajo sería una locura”, por lo que le resulta más natural utilizar las escenas de acción como “acento” narrativo, no como el eje absoluto del capítulo. Lo irónico es que esta preferencia es precisamente lo que la ha convertido en uno de los nombres más respetados de la nueva etapa del anime: sus episodios destacan por las transiciones creativas, la narrativa emocional y una puesta en escena impresionante.
El legado de Ishitani dentro de One Piece
Y aquí es donde la teoría se cae por su propio peso. Porque, aunque ella misma diga que no busca episodios cargados de acción, su historial demuestra que puede dirigirlos perfectamente cuando toca. Los fans la recordaron al instante: no solo por One Piece, sino por su trabajo en el final de Dragon Ball Super, donde Goku y Freezer unen fuerzas para tumbar a Jiren en un episodio aplaudido mundialmente.
Acción, emoción y uno de los capítulos más queridos
Tras eso llegó el especial One Piece Fan Letter, y más tarde regresó para poner su toque en el episodio 1072, el que mostró el Gear 5 con una libertad visual que dejó a medio planeta con la mandíbula desencajada.
La era post-wano y un cambio histórico en el anime
Mientras tanto, la propia serie se prepara para uno de sus mayores cambios estructurales. El anime está actualmente en el arco de Egghead, cuya conclusión llegará en diciembre de 2025. Y aquí empieza otra revolución: un parón de tres meses antes de entrar en el arco de Elbaf, previsto para 2026.
Este nuevo modelo podría beneficiar a perfiles como el de Ishitani, cuyo estilo más cinematográfico encaja mejor en un calendario menos machacador. Y aunque ella misma bromea con los “fans pesados” (sí, dijo literalmente que “son un engorro”), su transparencia demuestra por qué su trabajo destaca tanto: entiende el ritmo, la emoción y la narrativa con una sensibilidad que pocos directores tienen en la industria actual.


