El cierre de “Cold Harbor” en Severance es tan perfecto que pone en jaque el futuro de la serie con su tercera temporada
Severance ha hecho lo que pocas series se atreven: quemar todas sus naves en la segunda temporada. Con un final digno de un desenlace definitivo, Apple TV+ tiene ahora entre manos un problema de lujo. ¿Cómo continuar una historia que, para muchos, ya cerró el telón de manera sublime?
El problema de cerrar demasiado bien
El episodio final, Cold Harbor, dejó a más de uno con la mandíbula desencajada. Mark eligiendo quedarse con Helly en lugar de salir al mundo real con Gemma, su esposa, no solo fue impactante, fue devastador y hermoso al mismo tiempo. Esa decisión no solo completó su arco emocional, sino que elevó a su “Innie” al rango de persona plena, con voluntad propia, identidad y deseos. Vamos, que el tío dejó de ser una herramienta corporativa para convertirse en un ser humano con todas las letras.
Pero aquí llega el dilema: este episodio no parece el final de una temporada, sino el final de la serie. Dejó respondidas preguntas clave que llevaban cocinándose desde la primera temporada. ¿Qué eran los números? ¿Cuál era el papel de Gemma? ¿Qué demonios hacían con las cabras? Pues todo eso quedó claro, o lo suficiente como para sentir que el misterio se resolvió. Y si los misterios se agotan… ¿qué queda?

El acelerón que pone en jaque la continuidad
Severance no es una serie que se haya ido por las ramas. Al contrario, ha quemado etapas como si el tiempo le pisara los talones. En cualquier otra serie, el descubrimiento del “testing floor” o la rebelión de los Innie sería un cliffhanger de temporada 4. Aquí lo han metido todo en dos.
¿Resultado? Un cierre tan intenso y bien ejecutado que deja poco margen para construir nuevas tramas sin caer en el reciclaje narrativo. Si en la próxima temporada Mark vuelve al cubículo como si nada, parecerá un paso atrás. Si todo se traslada al “mundo de fuera”, la serie corre el riesgo de perder su esencia: ese terror claustrofóbico y rutinario que nos atrapó en los pasillos blancos de Lumon.
¿Y si Severance cambia de género?
El otro gran riesgo está en el tono. La serie comenzó como una sátira laboral con toques de sci-fi psicológico. Pero ahora que los personajes tienen conocimiento de sus dos vidas, y que Lumon ha sido parcialmente desenmascarada, es probable que el foco se desplace al exterior: manifestaciones, periodistas, demandas, conspiraciones… Y eso no siempre sale bien. Preguntad a los fans de The Handmaid’s Tale o Prison Break, que vieron cómo sus historias perdían impacto al no saber parar a tiempo.

Además, se avecina el peligroso terreno del “lore bloat”. Ya sabes, esa necesidad de inventar más mitología para mantener la intriga. Pero Severance funcionaba precisamente porque sus misterios eran íntimos, no interplanetarios. Introducir guerras de corporaciones o sectas globales podría romper el delicado equilibrio que hacía especial a la serie.
¿Genialidad o suicidio narrativo?
Pese a todo, hay razones para no perder la fe. Beau Willimon, el guionista de Andor y House of Cards, se une al equipo de escritura, y eso apunta a que la serie va a apostar por la alta tensión narrativa. Además, aunque Ben Stiller no dirija los episodios, sigue involucrado como productor junto a Dan Erickson, que mantiene el timón creativo. Así que al menos el alma visual y emocional del proyecto sigue viva.
Severance ha llegado a ese punto en el que seguir avanzando puede arruinar su legado, pero también podría llevarla a convertirse en una obra maestra aún más ambiciosa. Es un salto al vacío. Y sí, lo vamos a ver.
¿Qué podemos esperar de la tercera temporada?
Apple TV tiene entre manos un tesoro… o una bomba de relojería. Si consiguen mantener la coherencia narrativa sin caer en lo fácil, Severance podría convertirse en una de las mejores trilogías televisivas de la década. Pero si no saben cómo manejar las piezas que tan bien han colocado, todo podría venirse abajo.
Y nosotros, mientras tanto, seguiremos refinando números y mirando con desconfianza al reloj del despacho.


