Bruce Straley, el exdirector de The Last of Us, carga contra la IA generativa: “No creo que escribir prompts sea arte”

Panini

El nuevo juego indie de Bruce Straley con brujas y pollos, es su declaración de guerra al contenido artificial

Bruce Straley, cocreador de The Last of Us y una de las figuras clave en la historia moderna de los videojuegos, ha decidido ponerse la capa de disidente digital y cargar con todo contra la inteligencia artificial generativa. Y lo ha hecho en plena promoción de Coven of the Chicken Foot, el juego de su nuevo estudio, Wildflower Interactive, presentado en The Game Awards 2025. La propuesta es tan surrealista como artesanal: encarnas a una bruja anciana acompañada por un bicho mitad sapo, mitad pollo, que reacciona a tus acciones, a veces de forma imprevisible. Y sí, si le das comida podrida, caga.

Pero detrás de la estética delirante hay un mensaje muy claro: cada reacción del sapo-pollo ha sido programada por humanos, sin trampa ni cartón de IA. Straley lo deja claro en una entrevista con Polygon: “Esto es trabajo duro, es resolver problemas, pensar creativamente. Nada de prompts ni generación automática de comportamientos”. Vamos, que si esperabas diálogos emergentes vía ChatGPT, aquí no los vas a encontrar y mucho menos arte generado a través de la IA, todo el videojuego ha sido creado con la mano de los diseñadores.

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Bruce Straley y su cruzada contra la IA en los videojuegos

Mientras algunos estudios se lanzan de cabeza a implementar la IA generativa para dotar de “personalidad” a NPCs —caso de Where Winds Meet—, Straley mantiene una postura radicalmente opuesta. Para él, esta tecnología “es una serpiente que se devora a sí misma. No puede pensar por sí sola, solo imita lo que ya ha consumido”. El desarrollador considera que el contenido generado por máquinas, por muy resultón que sea, no tiene alma ni creatividad real.

Y por si quedaban dudas, su rechazo es total: “Aunque crearas algo convincente, no tengo el más mínimo interés. No quiero ver arte generado por una máquina. No creo que escribir prompts sea arte”. No solo eso, sino que lanza una crítica directa a la industria y la sociedad: “No sé quién lo está pidiendo. No sé quién lo impulsa, pero no creo que sea el camino que debemos seguir como especie”.

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Sus palabras suenan como una llamada de atención ante un panorama donde muchos estudios buscan ahorrar costes y tiempo con herramientas de IA. Pero Straley, que ya se desmarcó de Naughty Dog hace años, va justo en dirección contraria. Prefiere un juego pequeño, raro y profundamente humano, a repetir una superproducción que necesitará un remaster cada cuatro años “porque la tecnología la ha dejado obsoleta”.

El contexto no puede ser más simbólico. Mientras las grandes compañías experimentan con la IA como salvavidas creativo, un veterano como Straley opta por la artesanía digital, donde cada línea de diálogo y reacción es fruto del trabajo humano. Coven of the Chicken Foot no será un éxito masivo, pero desde luego tiene claro lo que quiere decir.

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Straley no es el único que ha alzado la voz contra el uso indiscriminado de la IA. Otros creativos de la industria también han advertido del riesgo de convertir el desarrollo en una cadena de montaje de contenido generado sin alma. Sin embargo, su postura resulta especialmente contundente por venir de alguien que ha estado al frente de una de las obras más narrativamente ricas del medio.

En un mundo donde cada vez más estudios coquetean con la automatización creativa, juegos como Coven of the Chicken Foot representan una pequeña rebelión. Y, oye, puede que sea un título sobre brujas y pollos que cagan, pero detrás tiene un mensaje que no es ninguna tontería.

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